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Una pequeña historia de la inteligencia artificial 2
Víctor Amigó continúa con la historia de la IA (Inteligencia Artificial) con un pequeño resumen acerca de cómo comenzó todo. Por otra parte, profundizaremos en un tema previo del cual se habló: cuáles son las implicaciones más importantes de la IA en nuestra vida, en particular qué consecuencias son previsibles a corto y medio plazo en el mercado de trabajo. Seguiremos hablando de conceptos como consciencia e inteligencia en animales y humanos. En ese aspecto, como en la charla anterior se habló de muchos tipos de animales, pero no de los primates que son los más próximos a nosotros, hablaremos de éstos, tras hacer algunas menciones muy rápidas a otras especies, procurando no repetir cosas ya dichas anteriormente. Es también importante tener una idea de la situación actual del desarrollo de la IA en el que ya hay programas capaces de aprender por si mismos ante ciertas situaciones. Por otra parte, ¿sería factible que desarrollos futuros en IA dieran origen a máquinas o robots que fueran capaces no solamente de resolver problemas complejos, cosa ya actualmente posible, sino de llegar a ser de verdad autoconscientes, al igual que muchos animales y por supuesto los humanos, tal como opinan los partidarios de la llamada IA fuerte? ¿Puede una máquina tener emociones? ¿Es posible que sea autoconsciente, pero que no tenga emociones como el miedo, la empatía o cualquier otra, sino que actúe de forma exclusivamente racional? Obviamente, es imposible responder a todo esto, pero se intentará tratar de hablar mínimamente de temas como la consciencia y confío en esta ocasión en dejar tiempo suficiente al final de la presentación para que el público asistente pueda dar sus propias opiniones.

Una pequeña historia de la inteligencia artificial 1
Por Víctor Amigó pretende contar la historia de la disciplina científica denominada “inteligencia artificial” de forma que resulte comprensible para gente sin una preparación especial en informática y en matemáticas. La inteligencia artificial está de moda, porque de forma habitual aparecen en los medios de comunicación artículos sobre nuevos logros en este ámbito. La inteligencia artificial, (a partir de aquí, la mencionaré como IA), trata de emular mediante máquinas, (ordenadores o robots), comportamientos que se suponen inteligentes. La importancia de la IA reside en que tiene muchas implicaciones económicas, que pueden afectar en un futuro próximo al empleo y por otra parte está relacionada con bastantes otras ciencias, incluyendo los estudios sobre el cerebro. Entre las muchas definiciones que se han hecho sobre la IA, veamos la de Marvin Minsky, uno de los primeros y más conocidos expertos en este campo, fundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del M I T y fallecido este año: “La IA es la ciencia de hacer que las máquinas hagan cosas que requerirían inteligencia si las hicieran los hombres”. Podríamos considerar que el precursor de la IA fue Alan Turing. Este brillante matemático inglés que fue el principal descifrador de los códigos alemanes en la Segunda Guerra Mundial, fue el primero que junto con otro concibió un programa para jugar al ajedrez, aunque al no existir el ordenador adecuado para poder ejecutarlo, lo hacían a mano. Más importante que eso, era su idea de que los ordenadores podrían en el futuro simular aspectos de la inteligencia humana. Ideo un test denominado “el juego de la imitación”, (“The Imitation Game”, en inglés, que da el título a la última película acerca de su vida). En dicha prueba se trata de que una persona sea capaz de discernir, haciendo las preguntas pertinentes, si lo que hay en otra habitación es un humano o una máquina. En su honor a esta prueba se la denomina “el test de Turing”. Turing además de participar en el desarrollo de algunos de los primeros ordenadores y de idear una máquina teórica que le permitiría demostrar un importante teorema relacionado con los fundamentos de las matemáticas, tenía ideas revolucionarias para su tiempo, acerca de lo que podían llegar a realizar las máquinas. Si no hubiera sido por su temprana muerte a los 42 años, en 1.954, probablemente la IA hubiera tenido un desarrollo más rápido. En la conferencia se ofrecen algunas ideas sobre el concepto de inteligencia en animales y humanos.

La Bella y la Bestia...
¿qué hay en el fondo de esta profunda historia de amor? El análisis del contenido cultural e ideológico transmitido a través de largometrajes animados desde la tierna infancia, desde una aparente inocencia, abarca muchas temáticas y fenómenos: tratamiento de los personajes tanto masculinos y femeninos, roles, patriarcado, concepción de la familia, relaciones de producción, la riqueza, las clases, los regímenes de gobierno, las relaciones sociales... Eva Illouz, desde una postura feminista, antipatriarcal (y por tanto para mi anticapitalista), nos da una idea analizando este "cuento de hadas"...

Avances tecnológicos
Ha sido espectacular el salto que ha experimentado la ciencia y la tecnología en las últimas décadas, y sin duda surgirán nuevos avances científicos y tecnológicos de los que la sociedad desconfiará. Es muy necesaria la divulgación y la claridad no siempre manifiesta. Desde que el hombre es hombre, desde el primer avance tecnológico de la humanidad, el miedo a lo nuevo y lo desconocido ha contribuido a colocar palos en las ruedas a la ciencia, usando para ello como argumentos la superstición y las creencias. Por suerte, el paso del tiempo ha ayudado a derribar muchas barreras, y cosas que hasta no hace mucho la sociedad consideraba potencialmente peligrosas, han sido aceptadas e incorporadas para bien a nuestra vida cotidiana. Aunque, como todo en esta puñetera vida, tenga también su cruz... Asi que ¡cuidado! Pese a querer nombrar como incultura estas experiencias del pasado, los nuevos avances del presente siguen generando miedo y rechazo y no siempre por supersticción, como bien sabemos... Rechazo no. Alerta, toda. Y la tecnología socializada, al servicio del bien de todos. Este relato, basado en un hecho real, es paradigmático, a la par de una gozada. Seguiremos con el tema.

Kant. La Crítica de la Razón Pura.
Kant se pregunta por los límites y las posibilidades de la Razón. Hay un aspecto fenoménico de la existencia y un aspecto nouménico... Para Kant el espacio y el tiempo son formas a priori de la sensibilidad. No existen fuera del sujeto. Dentro de esa dimensión espacio-temporal tenemos nuestras percepciones, datos puros de la sensibilidad que procesamos con nuestros filtros categoriales universales... Entonces hay una fenomenología abierta a la ciencia, y una dimensión nouménica a la que no podemos acceder, solo indagar desde una razón especulativa... La Metafísica se encuentra en franca inferioridad como ciencia con respecto a las Matemáticas y a la Física, por versar sobre conocimientos mas allá de la experiencia. La Metafísica hace un uso ilegítimo de las categorías, del principio de causalidad principalmente, al aplicar a las cosas en sí mismas lo que solo puede ser referido a los fenómenos. Sin embargo, como tendencia natural, resulta inevitable... La Gnoseología de Kant es impresionante. Uno se queda flipando de este genio. Y aquí nos dan una excelente explicación.

Mayo del 68. Seamos realistas, pidamos lo imposible.
No podía faltar una cita con el Mayo del 68. Y quién mejor para recordarlo que Diana Uribe. Un privilegio escucharla.

Economía de la violencia
Fernando Esteve Mora... Vamos con otra de este gran profesor: Sorprendentemente el análisis económico se ha olvidado por lo general del uso de la violencia como medio para conseguir fines económicos. No lo ha sido así siempre pues en sus orígenes, cuando la Economía todavía se la apellidaba llamándola Economía Política, el estudio de los conflictos violentos relacionados con las cuestiones económicas era una pieza fundamental para entender el devenir económico de los países. Más adelante, y sin razón real alguna que lo justificase, cuando la Economía empezó ya a llamarse Ciencia Económica, el estudio de la competencia se redujo al estudio de la competencia pacífica o regulada, con lo que los economistas quedaron imposibilitados para un análisis realista de la realidad económica...

Más allá del pensamiento económico único. Recorrido histórico
Fernando Esteve Mora es el mejor expositor de economía que yo he escuchado...

Contrahistoria de la filosofía 12
12. El siglo de las luces ( Helvétius) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 11
11. El siglo de las luces ( La Mettrie) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 10
10. El siglo de las luces (el cura ateo Jean Meslier...) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 9
9. Spinoza Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 8
8. Los libertinos barrocos Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 7
7. Hedonismo cristiano (Michel Montaigne) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 6
6. Hermandad del espíritu libre. Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 5
5. Los licenciosos gnósticos Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 4
4. Hedonistas ( Aristipo) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 3
3. Cínicos (Diógenes) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 2
2. Atomistas (Leucipo, Demócrito) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 1
1.Introducción. Materialismo frente a idealismo. Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

La Globalización: problemas y oportunidades
Alejandro Molins de la Fuente. Globalización: realidad, certidumbres y dudas Escuchamos y leemos a diario datos e informes que nos hablan del papel que juega la globalización en nuestras vidas. Esta globalización afecta tanto a los aspectos económicos, como a los culturales, políticos… Vamos en esta charla a comentar algunos de los datos y opiniones sobre estas materias para tratar de situar el contexto y el papel que juega en nuestras vidas, en lo personal y en lo global y con una especial referencia a lo digital

Sangre, tierra, lengua, religión. El Nacionalismo...
Manuel Reyes Mate: La capacidad destructora de la lógica nacionalista. Toda filosofia nos muestra como seres necesitados de asideros ante el gran misterio de lo desconocido, que eso es la vida, para salvaguardarnos de sus amenazantes peligros: Dios, Estado, Ciencia, Patria, Nación, Lenguaje...asideros, asideros, asideros. Sin ver que nuestros asideros también encierran amenazas reales. Necesitamos identidades, necesitamos territorios seguros... El nacionalismo viene de lejos aunque hoy ha cobrado una virulencia especial en España y en otros países europeos. El Ponente se propone situar el nacionalismo catalán o español en el contexto de nuestra historia para hacer ver cómo se reproduce el modelo español de definir la identidad comunitaria excluyendo, con lo que los catalanes de hoy serían los legítimos herederos de los Reyes Católicos. También tendrá en cuenta la novedad de los nacionalismos modernos, nacidos en el siglo XIX al amparo del Estado-nación. Y, si hay tiempo, hará ver cómo nosotros hoy no podemos hablar de nacionalismo sin tener en cuenta las experiencias traumáticas del siglo XX en Europa.

Canciones revolucionarias anarquistas conmemorativas del Primero de Mayo.
Recuperamos el programa de La Bañera de Ulises del 2006 en homenaje a los Mártires de Chicago, sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en la silla eléctrica por participar en la lucha por la jornada laboral de 8 horas... Años más tarde de la ejecución, el presidente Franklin Delano Roosvelt los declaró inocentes. Anteriormente a esas reivindicaciones del Primero de mayo se hacían jornadas de trabajo de hasta 14 horas diarias, incluidos los niños. Luego se consiguieron las 40 horas semanales... En 1889 hubo un concurso de canciones y poesías revolucionarias en España. Se escucha la canción del alicantino Ramón Carratalá titulada "Hijos del Pueblo". En 1891 se escuchó también en las huelgas de Barcelona. En 1892 en Jerez. Grabación histórica tomada en las calles republicanas, en 1937, en plena efervescencia popular anarquista contra el levantamiento fascista de Franco y sus criminales generales. - El tema "A las barricadas" se basa en un tema soviético titulado La Varsoviana, inspirado a su vez en otro polaco. - Suena interpretado por el cantautor Uzte Rouyo. - En los años 1990 lo interpretan los italianos Les Anarchistes. - Tema del cantautor francés Leo Ferré, con motivo del levantamiento de los jóvenes contra el Gral. De Gaullue. - El movimiento anarquista se remonta a las luchas de Garibaldi en Italia, contra el poder real. Hubo un fraile, el Santo Caserio, monje revolucionario que acabó guillotinado. - Daniel Esepe, saxofonista italiano, homenajea a Santo Caserio. - Caso de los anarquistas Nicolás Saco y Bartolomeu Vanzetti, ejecutados del 12 al 13/8/1927 mediante electrocución en la penitenciaría de Charleston, Massachussets, EE.UU. mediante falsa acuación del asesinato de policías siete años antes. Lectura de la carta de Saco a su hijo. "Matarán nuestros cuerpos, pero nunca nuestras ideas". - El grupo Les Anarchistes cantan en inglés a Saco y Vanzetti. - Recuerdo el Chile de Víctor Jara, que fue ametrallado en el Estadio Nacional (ahora estadio Víctor Jara) de Santiago de Chile por los militares golpistas del asesino Augusto Pinochet. Tema "Manuel..." interpretado por Violeta Parra. - El napolitano Daniel Esepe, con un reagge reivindicativo, "Hasta siempre", cierra el programa.

Redes, subjetividad, control
Conferencia de Christian Ferrer. Publicitada en su momento como 'zona liberada', la red informática mundial se parece tanto a un gran cerebro interconectado como a un inmenso campo de entrenamiento para la subjetividad. Mecanismo instantáneo de 'barrer' el continuo brotar del 'inconsciente' de una época, establece conductos de fuga que reconducen al sistema, como si fuera un adentro sin afuera...

La Historia del Derecho
Por María José Gandasegui. La presencia del derecho como una realidad intangible que corre paralela a la vida de las personas a lo largo de la historia... El origen de las normas sociales y su transformación a lo largo de milenios hasta alcanzar a la compleja realidad que ha llegado a ser la vertiente jurídica de la civilización actual. El largo recorrido del derecho parte de las primeras ciudades mesopotámicas, la perfección del mundo griego y la creación del un cuerpo jurídico estructurado y coherente en la República y en el Imperio Romano. Desde ahí se adentra en los años oscuros del postclasicismo, atravesando un largo periodo hasta que el mundo occidental empieza a renacer, apareciendo nuevas líneas de desarrollo social, político, cultural y económico. Después de conocer cómo el nacimiento de los nuevos Estados y la recepción del Derecho Común afectó a las formas de creación del derecho en toda la Edad Moderna, se llega a la transformación del pensamiento que supuso el racionalismo ilustrado y sus consecuencias revolucionarias a todos los niveles, que transformaron el mundo occidental. El corolario de los movimientos revolucionarios supone una ruptura con el mundo anterior y la creación de nuevas estructuras sociopolíticas. El mundo nacido de las revoluciones liberales del siglo XIX es la base de las actuales democracias, después de superar los profundos abismos de los regímenes totalitarios del siglo XX. Para estudiar la evolución del derecho, con avances y retrocesos, se han tenido en cuenta los factores sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que determina en cada momento la creación, desarrollo y aplicación del derecho. No se trata pues de una historia del derecho con carácter general, sino de una historia de la civilización occidental en la que el derecho fluye, crece, se desborda y a todas las personas les alcanza.

La Historia de la Democracia
Excelente historiadora Diana Uribe. Uno se queda con ganas de seguir escuchándola...

Transhumanismo filosófico, transhumanismo tecnológico.
Espectacular conferencia de Brais G. Arribas... Desde su exposición de Lyotard y el posmodernismo hasta la inquietante actualidad de las ideas transhumanistas.

Schopenhauer y el problema de la voluntad libre
Con una lucidez extrema presenta el tema Alba Jimenez Rodriguez. Una delicia...

Pensar el conflicto, construir la mayoría
Excelente charla de J.M.Aragües muy al pelo en estas fechas. Bueno, en cualquier fecha...

Sartre
Jean-Paul Sartre: El existencialismo es un humanismo. 1. La moda existencialista ¿A qué se llama existencialismo? Para la mayor parte de la gente que utiliza esta palabra sería muy embarazoso justificarla pues, hoy que se ha puesto de moda, se afirma de buena gana que un músico o un pintor es existencialista. Un columnista de Clartés firma El existencialista; y en el fondo la palabra ha tomado hoy tal amplitud y tal extensión que ya no significa nada de nada. Parece que, a falta de una doctrina de vanguardia análoga al surrealismo, la gente ávida de escándalo y de ajetreo se dirige a esta filosofía, que no puede, por otra parte, aportarle nada al respecto; en realidad es la doctrina menos escandalosa, la más austera; está destinada estrictamente a los técnicos y a los filósofos. No obstante, puede definirse fácilmente. El existencialismo es un humanismo es una conferencia impartida por Sartre en el Club Maintenant de Paris en 1945 y publicada en 1946. Sartre se queja de que la palabra se estaba usando para referirse a tantas cosas que se había quedado vacía de significado. En general se entendía por existencialismo el estado de ánimo pesimista que se presidía cualquier manifestación cultural después del horror de la II Guerra Mundial. Con esta charla Sartre pretender delimitar el significado estrictamente filosófico del existencialismo. 2. Hay dos escuelas existencialistas. Lo que complica las cosas es que hay dos clases de existencialistas: en primer lugar, los que son cristianos, entre los cuales yo incluiría a Jaspers y a Gabriel Marcel, de confesión católica; y, por otra parte, los existencialistas ateos, entre los cuales hay que incluir a Heidegger y también a los existencialistas franceses y a mí mismo. Dentro del terreno filosófico, Sartre distingue dos escuelas existencialistas: una corriente cristiana representada por Jaspers y Marcel, y otra atea que incluiría a Heidegger y al mismo Sartre. El existencialismo cristiano busca respuestas al nihilismo que supone la muerte de Dios en convulsas conversiones al catolicismo típicas de la primera mitad del siglo XX. La corriente atea, por el contrario, se mantiene fiel a la finitud del hombre. 3. La existencia precede a la esencia. Lo que tienen en común es simplemente el hecho de que consideran que la existencia precede a la esencia o, si ustedes prefieren, que hay que partir de la subjetividad. ¿Qué debemos entender exactamente por esto? Cuando se considera un objeto fabricado, como por ejemplo un libro o un abrecartas, tal objeto ha sido fabricado por un artesano que se ha inspirado en un concepto; se ha referido al concepto de abrecartas e igualmente a una técnica de producción previa que forma parte del concepto y que en el fondo es una receta. Así, el abrecartas es a la vez un objeto que se produce de una cierta manera y que, por otra parte, tiene una utilidad definida, y no se puede suponer un hombre que produjera un abrecartas sin saber para qué va a servir ese objeto. Diremos pues que, para el abrecartas, la esencia -es decir el conjunto de recetas y de cualidades que permiten producirlo y definirlo- precede a la existencia; y así, la presencia, frente a mí, de semejante abrecartas o de semejante libro está determinada. Ambas escuelas tienen en común un axioma “la existencia precede a la esencia“. Pensemos, dice Sartre, en un abrecartas: su esencia, esto es, sus características y su utilidad, están pensadas previamente a su fabricación. Su existencia, por tanto, está determinada por la esencia. La distinción esencia-existencia tiene su origen en Tomás de Aquino. Aristóteles había establecido las siguientes oposiciones: materia – forma y potencia-acto. Tomás de Aquino añade una tercera: esencia – existencia. Su objetivo es separar bien a Dios de las criaturas. Al contrario que en Aristóteles donde las esencias son eternas, en Tomás de Aquino sólo en Dios coinciden la esencia y la existencia, sólo Dios es. 4. Visión técnica del mundo Tenemos aquí, pues, una visión técnica del mundo, en la que se puede decir que la producción precede a la existencia. En el mundo técnico, el mundo artificial creado por el hombre, la esencia precede a la existencia. Sartre coincide aquí con Heidegger. Para este el triunfo de la técnica a nivel planetario supone un modo de interpretar la realidad regido por la calculabilidad, la utilidad y la rentabilidad. El mundo y, el propio hombre, quedan reducidos cosa. En ambos casos, Sartre y Heidegger recuperan aquella formulación del imperativo categórico kantiano según la cual es necesario tratar al hombre como un fin en sí mismo y no como un medio. Un ejemplo sencillo para entender lo que significa la visión técnica del mundo es la película Avatar de James Cameron, donde la multinacional sólo está interesada en explotar los recursos de Pandora. Fotograma de Avatar (Cameron, 2009). Destrucción del Árbol Madre (Home Tree) 5. El hombre y Dios en los filósofos del s. XVII Cuando concebimos un Dios creador, tal Dios se asimila en

Dios ha muerto
Los griegos aunque admiraban a menudo las magníficas culturas de imperios orientales como Egipto o Persia, despreciaban la forma en la que estaban gobernados. Llamaban despotismo a este sistema extranjero porque no parecía diferente de la relación de un amo con sus esclavos. Cómo guerreros, desdeñaban la práctica por la que los súbditos se postraban ante la presencia de un gobernante oriental: les parecía una muestra de desigualdad intolerable entre los ciudadanos y sus gobernantes. Más de 2000 años después nosotros hemos heredado exactamente el mismo rechazo reflejo hacia la postración, en parte porque el lenguaje de la postración se ha convertido en la imagen por la que la cristiandad reconoce la distancia entre lo humano y lo divino. La esencia de la dominación, del despotismo, es que no hay apelación contra el poder no supervisado del amo. El único objetivo de los súbditos debe ser el de complacer. Semejante impotencia es la razón por la que los déspotas son notables generadores de ilustración espiritual. Se establece una reacción contra un mundo gobernado por los caprichos del poder, y los súbditos pensativos toman el camino del misticismo, el estoicismo y otras formas de retiro espiritual. Entonces se encuentra la esencia de la vida en un reino espiritual más allá del de los sentidos, y la vida social y política queda reducida a una ilusión. El despotismo brota con mucha naturalidad, tal es así que la creación de una orden político debe reconocerse como un logro considerable. Las ciudades estado de la antigua Grecia cayeron en el despotismo tras la muerte de Alejandro magno. Los romanos en su éxito crearon un imperio tan heterogéneo que solo el poder despótico podía impedir su desmoronamiento. La primera de estas experiencias género el estoicismo y otras filosofías que predican la retirada del mundo, la segunda fue el germen de la cristiandad. Durante la Edad Media el ordenamiento civil emergió en Europa occidental de la brutalidad y la violencia y por primera vez la religión tomó un papel independiente. Europa tal y como la conocemos es el resultado de diversas oleadas migratorias de tribus empujadas hacia Occidente por la presión de otras. Fueron atraídas por la evidente prosperidad y civilización del Imperio romano. Viajando en grandes hordas, los pueblos nómadas que conocemos por los nombres que los romanos les dieron, fueron penetrando en el Imperio a través de muchos siglos, en un principio absorbidos por la estructura romana que más adelante disgregaron y destruyeron. Estos bárbaros se organizaron en reinos propios y llegado el momento se convirtieron al cristianismo. Cada territorio tenía un rey y un grupo de poderosos a los que habitualmente se cedían tierras a cambio de su lealtad. Pero la antigua estabilidad de la era romana tardaría siglos en regresar, en parte por las luchas internas, en parte por la presión de nuevos nómadas. La única protección la ofrecía una clase de guerreros profesionales. El ordenamiento civil tuvo que ser reinventado. La política en aquellos primeros tiempos consistía en los pactos entre el rey y sus vasallos más importantes. Pero gradualmente esos reyes evolucionaron de líderes de sus tribus pasaron a ser amos de sus dominios, que buscan extender sobre los territorios vecinos. Los derechos y libertades eran elaborados en su propio beneficio por la nobleza y los habitantes más ricos, y sólo entonces se iban filtrando muy lentamente, a través de generaciones, hasta las capas más bajas de la sociedad. El votante de hoy hereda los derechos que antes tuvieron los nobles y poderosos. El rey no podía gobernar sin la cooperación y la consulta con los nobles, los poderes de la iglesia, y con el tiempo, con los representantes de las ciudades, que podían hacer peticiones de dinero. Esta es la esencia de la política medieval. Fue esta situación la que generó la institución bastante nueva de los parlamentos. Lo que hace de los parlamentos un ejemplo de creatividad política que responde a las exigencias del momento. Sin ser planeados llegaron a ser los instrumentos esenciales para la democracia posterior. Pero el elemento más importante de la política medieval se refiere a la religión, que son las creencias y sentimientos que tiene una civilización sobre el hecho de estar vivo. El ascenso del cristianismo supone una situación religiosa bastante novedosa. Uno solo podía llegar a ser cristiano aceptando deliberadamente un conjunto de creencias. Una religión con libro, pronto se convirtió en una estructura de creencias, pensamientos, mandatos y rituales tan complicada que requería una vasta reflexión intelectual para hacer un todo coherente. Las creencias son cosas vulnerables que necesitan guardianes de su pureza y ortodoxia porque la capacidad humana de malinterpretar, o interpretar demasiado bien es considerable. A la muerte de San Agustín en el año 430, la estructura básica estaba terminada. Pero las creencias no ortodoxas, las herejías, fueron la fuente de mucha de la intoler

Historia de la filosofía. Clase 8
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Historia de la filosofía. Clase 7
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Historia de la filosofía. Clase 6
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Historia de la filosofía. Clase 5
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Historia de la filosofía. Clase 4
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Y como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Historia de la filosofía. Clase 3
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Historia de la filosofía. Clase 2
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Y como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Historia de la filosofía. Clase 1
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Por una filosofía de combate : Deseo, máquinas, revolución
Capturas libidinales, líneas de fuga, agenciamientos colectivos...Raúl Sanchez Cedillo ofrece la mejor exposición del Anti-Edipo y Mil Mesetas de Deleuze y Guattari que yo he escuchado. El deseo y los afectos han sido siempre elementos constitutivos de la geometría del campo político y la movilización de masas, una energía volátil y desencadenante de múltiples transformaciones. En esta sesión os proponemos una aproximación actual a la teoría del deseo y la subjetivación que Deleuze y Guattari desplegaron en el Anti-Edipo y Mil Mesetas, entendiendo el deseo como producción -más allá de la carencia- y como una fuerza social que desborda cualquier interpretación “familiarista” o psicoanalítica del mismo. En este sentido, trataremos de ver las formas en que el capitalismo contemporáneo captura el deseo, axiomatizándolo, despojándolo de sus virtualidades críticas y revolucionarias para incluirlo en un circuito que lo retroalimenta. ¿Cómo desplegar una máquina de guerra contra un capitalismo cada vez más depredador? ¿Cómo romper con las inercias deseantes de una sociedad que sólo ofrece distintas formas de servidumbre bajo la coartada de goces precarios e individualistas? ¿Cómo reactivar la potencia colectiva del deseo eludiendo mistificaciones fascistas?

Tecnología, cuerpo y cultura
Hermosa charla del sociólogo Christian Ferrer...

Genealogía de la moral
De nuevo un formidable Diego Sánchez Meca nos habla de la nietzscheana historia natural de la moral. En este audio, que sigue la misma temática del segundo audio que aquí subimos ¿de dónde surgen y cómo se forman los valores?, nos cuenta también como entonces que el miedo es el mecanismo utilizado para garantizar más o menos seguridad y estabilidad en un grupo social. Vista así, será la costumbre la guía de la moral. La obligación de que se respeten las costumbres frente a todo aquello que pueda amenazar los valores tradicionales que dan seguridad a la colectividad. La educación trata de hacer individuos previsibles. Individuos codificados. Para ello, cuenta Nietzsche en el libro, se hace del hombre un animal deudor, capaz de cumplir promesas...

El Futuro de las Pensiones
Debate sobre El Futuro de las Pensiones en España con Juan Ramón Rallo y Carlos Sánchez Mato... La vida dice Nietzsche, es un «campo de batalla», una multiplicidad de relaciones de fuerzas pugnando unas contra otras. De ellas unas son dominantes o activas, otras dominadas o reactivas. La fuerza que se impone, durante un tiempo, es la que impone el sentido, la que confiere su valoración. Cierta legislación y cierto Derecho, defiende cierta concepción de la propiedad privada como el Derecho mas determinante, a partir del cual puede hablar de robo, de lo justo o lo injusto...Pero esto no es inamovible. Otra fuerza hegemónica puede tomar el relevo y decidir que eso que hoy llaman robo sea algo de justicia mas adelante, y que aquello que ahora se considera lo justo, sea tenido como robo... Hoy la capacidad productiva está bajo el criterio hegemónico de cierta legislación y Derecho que se impone...

¿Elena o Eleno de Céspedes?
Elena de Céspedes o Eleno de Céspedes nace en Alhama de Granada en torno a 1545. Mulato/a de madre esclava y morisca, llegó a ejercer la medicina y también a ser soldado. En su vida dos ambiciones, ser hombre habiendo nacido mujer y ser cristiana siendo de origen morisca, en un mundo donde le perjudicaba ser ambas cosas. La inquisición le abrió un proceso y su caso ha sido y es motivo de estudio no tanto por su condición de género sino por su vida marcada por la lucha de ser lo que quería ser...

Mujeres en la ultraderecha
Por Marisa Pérez Colina. El antifascismo es para todo el mundo... Indagación en la presencia de mujeres en movimientos postfascistas y las posiciones que defienden.

Diferencias de genero: entre lo biológico y lo cultural.
Patricia Amigot da buena cuenta de la malévola intención de cierto programa de Redes de Eduardo Punset... Las diferencias biológicas, genéticas, son reales. Las mujeres tienden a ser mas diestras y menos daltónicas, sus cuerpos más pequeños y su densidad neuronal mayor...los hombres son un 10% mas altos, un 20% mas pesados y un 30% mas fuertes...pero las mujeres son mas resistentes a la fatiga... Identicos en el primer estadio del embrión, evolucionan debido a la acción de los genes y hormonas hasta convertirse en seres biologica y corporalmente diferenciados...pero no existen caracteristicas de un sexo completamente ignoradas por el otro. Cada uno de nosotros es un hombre-mujer. A partir de aqui las diferencias mas fundamentales entre la masculinidad y la femenidad son construcciones culturales, educacionales, de los roles establecidos... y su deconstrucción se antoja fundamental para no dificultar mas las relaciones y las posibilidades para desarrollarse como individuos libres. Lo que nuestra sociedad se considera masculino y femenino lejos de ser producto de una tendencia natural es una construcción social. La feminidad o la masculinidad no se define mediante atributos externos tales como el atuendo o el peinado. Se convierte en el momento en que una determinada sociedad lo define así:los tacones, por ejemplo, ¿son femeninos? sí, en nuestra sociedad. Pero en tiempos de Luis XVIII eran masculinos. El pelo largo ¿masculino o femenino? Solo hay que echar una ojeada a la historia para ver como no pertenece de por sí a ninguno. El maquillaje ¿masculino o femenino? casi en la totalidad de las tribus preindustriales el maquillaje se reserva los hombres, y solo la sociedad industrial moderna reserva el maquillaje casi exclusivamente a las mujeres. Tampoco las actitudes son esclusivas de un genero. La mujer por naturaleza no es menos promiscua que el hombre, ni el hombre es mas agresivo por naturaleza... los niños no nacen agresivos ni las niñas pasivas. Los padres son absolutamente determinantes para el desarrollo de la identidad sexual. La asunción de determinadas vestimentas y actitudes se convierten en una camisa de fuerza, en normas absurdas destinadas a mantener a hombres y mujeres en su lugar...

Nietzsche y los feminismos
Con Amanda Núñez, Laura Rodríguez y Emma Ingala. Nietzsche es un anti-esencialista y critica claramente, como deja patente su antimodernismo, cualquier idea dogmática. También claro, sobre el Hombre o la Mujer... Si bien hay, sabemos, incoherencia y contradiciones en los aforismos de Nietzsche, y las ponentes así lo manifiestan, se puede distinguir dos interpretaciones de Nietzsche en lo que a las mujeres y el feminismo se refiere...

La condición femenina y el patriarcado.
El filósofo Luis Diego Fernández reflexiona sobre la revolución entorno al lugar de la mujer en la sociedad... Entre la razón y el deseo...entre lo normativo y lo libertario...entre el orden y el caos... Entre el Ser y el Devenir.

El amor líquido. Zigmunt Bauman.
Todo cambia, nada permanece... decía Heraclito. Todo sólido se disuelve en el aire... decía Marx. La vida es devenir, la sociedad fuga constantemente... decían Deleuze y Guattari. Lo sólido se vuelve líquido... dice Bauman. Tenemos que aprender a vivir con el hecho más determinante de la vida, el Devenir. Hay que tratar de controlarlo, pero es inútil tratar de frenarlo. Tendremos que empezar a encontrar el sosiego en el cambio que impone, en una estabilidad temporal. No hay otra. Se trata de crear territorios de existencia, agenciamientos afectivos, con la lucidez de saberlos en constante devenir... Vemos la reacción ante la disolución y amplitud de las relaciones afectivas..., vemos como las banderas identitarias se agitan inútilmente buscando una inmutabilidad imposible... Al hecho más determinante que existe, a esa fuerza que nos supera y nos lleva irremediablemente, no hay moral, no hay religión, no hay Constitución, que la frene... El amor líquido es un concepto creado por el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman desarrollado en la obra del mismo nombre. Nos habla de la fragilidad de los vínculos humanos, para describir el tipo de relaciones interpersonales caracterizadas por la falta de solidez, y por la tendencia a ser fugaces, etéreas y con menor compromiso que se desarrollan en la posmodernidad. Bauman también describe el miedo a establecer relaciones duraderas, más allá de las meras conexiones. Los lazos de solidaridad que parecen depender de los beneficios que generan. El Amor líquido, revela las injusticias y las angustias de la modernidad.

La creación moderna de dinero
Por José Marmol. Tesis: El dinero fiduciario se basa en supuestos falsos de cuando el dinero estaba vinculado al patrón oro. Se propone: 1) la sustitución de la deuda pública por dinero soberano. 2) Limitar el poder de la banca privada de asignar y controlar el crédito del sistema. 3) limitar el papel de los impuestos y su sustitución por dinero soberano.