
Devenir
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Ciencia y espiritualidad.
Con Francisco Vinagre. Han pasado más de 30 años desde que se produjeran los diálogos entre dos de las mentes más brillantes del siglo XX: David Bohm, físico del que dijo Einstein: “él es el único que puede ir más allá de la mecánica cuántica”, y Jiddu Krishnamurti, gran filósofo indio. Sus intervenciones fueron recogidas en el libro “Más allá del tiempo”, en el que hablaron sobre las grandes cuestiones humanas: el origen del sufrimiento, la mente, los patrones internos que impiden el cambio, el discernimiento y el sentido de la vida. La intención de esta charla - coloquio es continuar con el espíritu de unificación de ciencia y espiritualidad de Bohm y Kishnamurti y revisar las conclusiones obtenidas con una mente abierta y crítica, como ellos hicieron, a la luz de los avances producidos en las últimas décadas, tanto en filosofía, como en ciencia (sobre todo en neurología ahora que podemos estudiar el cerebro vivo), confiando en que este proceso nos pueda acercar un pasito más a la explicación de cuál es la naturaleza del hombre.

De la filosofia griega a la religión cristiana
Con el gran profesor: Jose Vicente Peñarrubia. La diferencia radical que se introduce en la historia –y particularmente en la historia del pensamiento- con el cristianismo frente a la filosofía griega. El cristianismo es una cosmovisión nueva y ajena a la filosofía anterior tanto en su perspectiva de la historia, de la verdad, de la idea de Dios y de la concepción del hombre.

Estoicismo, la felicidad del sabio
Con el magnífico profesor Jose Vicente Peñarrubia. El estoicismo es una filosofía moral que surge en tiempos de crisis y una de las constantes de la ética occidental. La felicidad es el sumo bien y consiste en: 1. La virtud, 2. El autodominio, y 3. La fortaleza de ánimo que hacen que el hombre sea imperturbable frente a la desgracia y el destino.

El epicureismo, curar los sufrimientos del alma
Con el magnífico profesor Jose Vicente Peñarrubia. El filósofo Epicuro (ca. 341-270 antes de J.C.) es quien establece las ideas básicas del epicureísmo que es básicamente una doctrina moral. Para Epicuro la filosofía es la que cura los sufrimientos del alma. Según Epicuro es una necesidad del hombre eliminar dos miedos o temores: 1. el temor a los dioses; y 2. el temor a la muerte. Para eliminar el temor a los dioses afirma que los dioses: 1. están más allá del conocimiento del hombre, y 2. son indiferentes al destino de los hombres. Para eliminar el temor a la muerte señala que: • mientras se vive no se tiene sensación de la muerte, y • cuando se está muerto no se tiene ninguna sensación. La finalidad del epicureísmo es la vida tranquila. La felicidad se consigue cuando se logra: 1. la autarquía y, 2. la ataraxia o ausencia de temor y dolor. El sabio es quien domina sus afectos para tener una vida feliz. Para tener una vida feliz hay que conocer las necesidades elementales del hombre: comer, beber y tener abrigo. Las necesidades hay que reducirlas a lo indispensable para no tener la inquietud por los deseos de poseer lo que no se tiene. La felicidad es el placer, especialmente el placer afectivo duradero. La filosofía de Epicuro tienen como meta última la serenidad que consiste en: • eliminar el dolor, • combinar los placeres para conseguir el placer reposado, • el equilibrio del ánimo, • la supresión de la ansiedad… No hay que suprimir los placeres de los sentidos, sino subordinarlos al bienestar físico y espiritual. Así, por ejemplo, la virtud sólo es aceptable si produce la serenidad o sólo es aceptable la virtud que produce serenidad. Hay que buscar el placer si no hay ninguna otra afección que compita con el placer porque en caso contrario: • no sería placer –serenidad-, • sino dolor. El placer es la unión de: 1. la salud del cuerpo, y 2. la salud de la mente –gracias a la filosofía. La salud de la mente o del alma –o la felicidad- se logra con la filosofía y no estudiar filosofía significa: • que no se ha llegado todavía a la época de ser feliz, o • que ya es demasiado tarde para ser feliz.

Los Sofistas, escepticismo y relativismo
Con el magnífico profesor Jose Vicente Peñarrubia. Los sofistas eran los sabios primitivos que a partir de Sócrates y Platón perdieron su prestigio, siendo designados con este nombre en sentido peyorativo. Eran pensadores que en el siglo quinto antes de Cristo se dedicaban a enseñar principalmente retórica, o sea el arte de hablar bien y de la erística, o arte de persuadir y convencer. El objetivo de los sofistas era darle la formación a los jóvenes, que ellos consideraban necesaria, para dedicarse a la política. El sofismo representa el fin del período llamado cosmológico, en que la inquietud del saber se centraba en la naturaleza, y el inicio del período antropológico, centrado en el hombre. La inestable situación política de Grecia obligaba al ciudadano libre a intervenir más en los asuntos del Estado en virtud de la disparidad de las doctrinas filosóficas existentes. Los sofistas no creían en el ideal de la verdad absoluta y priorizaban el concepto de utilidad, enseñando la virtud como la capacidad de ser eficaz en política. Para el sofismo toda moral y cultura proviene del hombre y este concepto los llevó a romper con el pensamiento tradicional que los llevó a un escepticismo y relativismo subjetivo. Creían en el carácter funcional del lenguaje y en que no existe un conocimiento válido y necesario, y esta forma de pensar los convirtió en los primeros en incursionar en una teoría del conocimiento. Las doctrinas de Parménides y Heráclito llevaron a una actitud escéptica sobre la validez de la percepción de los sentidos, ya que si según Parménides el Ser es estático, inmóvil, eterno y el movimiento ilusorio; la percepción nos engaña; o si según Heráclito todo está cambiando sin cesar y lo único seguro es el cambio, también es imposible darle crédito a lo que percibimos. La opinión de filósofos prominentes antes de Sócrates y Platón, aún se contradecían unos a otros porque todavía no habían surgido pensadores capaces de hacer una síntesis superior, con lo verdadero de ambas posturas. Por lo tanto, existía desconfianza en las cosmologías de los filósofos presocráticos, que provocó volver la mirada del hombre hacia si mismo. Platón fue el que brindó la posibilidad de tener en cuenta la mutabilidad y la estabilidad de las cosas y también la reflexión sobre las civilizaciones y las culturas. Estas diferencias hacían que se cuestionaran sobre si las distintas formas de vivir y los diferentes códigos religiosos y éticos eran producto del hombre y en consecuencia mutables o bien impuestos por ley, o tal vez dependían de la naturaleza, o podían ser verdades reveladas en forma sagrada o divina. Protágoras, el más notable de los sofistas, se ocupaba del microcosmos más que del macrocosmos, o sea del hombre, como el misterio más grande, su civilización y sus costumbres. El sofismo también se diferenció de la filosofía griega por su método, ya que aunque la vieja filosofía no excluía la observación empírica era típicamente deductiva, o sea que una vez que el sabio tenía un principio constitutivo general del mundo debía explicar a partir de él los fenómenos concretos. En tanto que los sofistas trataban de reunir una gran cantidad de observaciones de hechos particulares para sacar conclusiones, tanto teóricas como prácticas, siendo su método por lo tanto, empírico inductivo. Estas conclusiones no pretendían establecer normas basadas en una verdad absoluta; a diferencia de la filosofía griega antigua que buscaba la verdad objetiva, ya que los cosmólogos querían descubrir esa verdad objetiva del mundo en forma desinteresada. El método sofista más cuestionado era la enseñanza de la erística o el arte de persuadir y ganar las controversias, principalmente en lo concerniente a ganar los litigios judiciales. Obviamente en la práctica, esta habilidad podía equivaler a que la causa injusta pareciera justa, cuestión contraria al afán de llegar a la verdad de los antiguos filósofos. Los jóvenes recibían con entusiasmo las enseñanzas sofistas pero los mayores tradicionalistas temían por la formación de sus descendientes. El sofismo sirvió de transición a la fase de la filosofía de Platón y Aristóteles que siempre los consideraron en forma peyorativa. Fuente: «Sócrates y Platón-Vida, pensamiento y obra, Colección Grandes Pensadores.

Mil Mesetas
Una introducción asequible de Luis Saez Rueda a uno de los libros de filosofía más interesantes de la historia de la filosofia...

Nietzsche. Cómo criar monstruos marinos.
Por Diego Singer Kant en la vitrina de los monstruos: "Si un coleccionista tiene expuestas en su vitrina piezas disecadas de la generación animal, no sólo las que tienen forma natural, sino también aquéllas que son monstruos, debe entonces ser cuidadoso y no dejarlas ver ni a todo el mundo ni con demasiada claridad. Pues, entre los curiosos, podría haber mujeres embarazadas sobre las que esto produciría un efecto funesto"... Tipos como Nietzsche o Deleuze nos convidan, con la prudencia debida, a abandonar la tierra firme y segura de nuestras certidumbres (cuyos lindes, lugares y catastros pretende Kant fijar de una vez para siempre), aprender a flotar sobre el océano infinito del Devenir, a deslizarse sobre el caos del ser. Es la abjuración de toda trascendencia en nombre de una inmanencia recobrada. Esa inmanencia, vertigo filosófico, señala el afuera radical, donde se difuminan las coordenadas de la representación, los últimos asideros fijos a los que el pensamiento podía aferrarse. Pensar consiste en una aventura peligrosa que trata de enseñar al hombre a vivir en lo desconocido, porque eso es la vida, un misterio, esa tierra desconocida que no está mas allá de los cielos, sino aquí entre nosotros, en nosotros... Pero claro, hay una tensión entre la propensión a ir más allá y la precaución de no dar ese paso sin haber evaluado los riesgos. Y, a fin de cuentas Kant, sirve para reforzar los valores establecidos del orden dominante...

Los siete sabios de Grecia
Por Carlos García Gual. Con el dictado de "los siete sabios de Grecia" han pasado a la historia los nombres de siete esclarecidos varones que florecieron en distintas ciudades de Grecia en el siglo sexto antes de la Era cristiana. Para un honrar su memoria se escribieron sus nombres en el famoso templo de Apolo, en Delfos, y, debajo de cada nombre, la máxima o sentencia que mejor caracterizaba la doctrina de cada uno de esos filósofos. Sus nombres, las ciudades en que residieron y los aforismos respectivos, son: Solón, de Atenas: "Conocete a ti mismo." Quilón, de Esparta: "Considera el fin." Pitaco, de Mitilene: "Aprovecha la ocasión. No pierdas tiempo." Bías, de Priene: "Casi todos los hombres son malos." Periandro, de Corinto: "Nada es imposible para el trabajo." Cleobulo, de Lindos: "Evitad los excesos." Tales, de Mileto: "En la confianza está el peligro."

Doctrina de Maya
La realidad es inmutable, eterna, infinita, divina... Los fenómenos físicos que vemos, que sentimos: el cambio, el devenir, la muerte... todo eso es Maya (ilusión, sueño, algo irreal...) La búsqueda de lo Real, de la verdad, es el camino. La meta conocer lo Real desde la perspectiva de la eternidad. La realización espiritual es entender esto

Thomas mann, kafka y júnger sobre el nihilismo
Diego Sánchez Meca. Nos incitaba Ortega y Gasset a vivir una vida que "es algo que está mas allá de la tragedia sin sentido o la desgracia interior"... El nihilismo es una visión del mundo que no puede darse satisfecha con nada. El nihilista padece un cansancio crónico porque lo ha comprendido todo y se ha desengañado de todo. Su conclusión: la vida no vale la pena. En su horizonte se han desvanecido las grandes expectativas, esperanzas y sueños... Aunque según Nietzsche, mas allá de ese sentido negativo (que para él designa el largo proceso de decadencia de la cultura occidental, el del nihilista cansado, pasivo, que ya no ataca, y cuya modalidad más famosa es el budismo, síntoma de debilidad. Si la fuerza del espíritu puede estar cansada, agotada, los objetivos y los valores existentes son inadecuados y no se cree más en ellos. La desconfianza que suscitan en nosotros nuestras valoraciones tradicionales se acrecienta hasta el extremo de llevarnos a sospechar que todos los «valores» son cebos en que la farsa se prolonga, sin aproximarse en absoluto a una solución...), hay un aspecto positivo en el nihilismo como acción negadora de los falsos valores, y como reflexión sobre los motivos que han conducido a él...

Jacques Lacan: "el inconsciente está estructurado como un lenguaje"
Por Dolores Castrillo Marat. Lacan elaboró una teoria de la subjetividad alternativa a la fenomenología, al sujeto y su conciencia intencional, donde el criterio de verdad y sede de toda donación de sentido desde Descartes se reivindicaba como el dato primero. Lacan desplazo de manera radical al sujeto desde un rol activo en el conocimiento hasta erigirlo en mero encarnador pasivo de sistemas simbólicos culturales o dispositivos de control. Lacan expone el descubrimiento freudiano del inconsciente como una verdadera revolución copernicana, que entraña un descentramiento de la propia identidad del sujeto: el yo ni siquiera es dueño y señor en su propia casa, pues la introducción del inconsciente hace de la subjetividad algo mucho más vasto que la conciencia. El sujeto del inconsciente ocupa una posición de excentricidad con respecto al yo, instancia imaginaria en la que el individuo tiende a alienarse y de la que proceden todas las ilusiones acerca de una presunta identidad sustancial y estable: el yo es precisamente lo más desconocido. En definitiva el inconsciente es el discurso del otro... Pero está revolución copernicana no se limita a permutar un centro por otro, a retirar a la conciencia sus prerrogativas para entregárselas a un inconsciente subjetivo, individual y sustancial. Antes bien, con el descubrimiento del inconsciente se pone en tela de juicio la misma idea de que la verdad del ser humano se encuentra en algún tipo de centro fijo o esencia estable... Lo real, lo simbólico y lo imaginario, están más allá de la experiencia, pero se aplican a ésta y la hacen posible, son, no tanto verdades empiricas, cuánto el lugar donde se forjan tales verdades. Lacan comenzó con teoría de lo imaginario, el mecanismo insoslayable por el cual, a través de la imagen reflejada en el espejo y en los otros, se forja la identidad subjetiva que antes se experimentaba como una serie de sensaciones fragmentadas, pero pronto lo simbólico ocupó el lugar preeminente, el orden del lenguaje y de la estructura, donde el lenguaje asciende al rango de trascendental. Antes de la palabra, nada es ni no es. Lo simbólico se erige en ley a priori. Al sujeto le es imposible salir del orden simbólico. La palabra hace surgir la cosa misma y ésta se reduce a su concepto. Es el mundo de las palabras el que crea el mundo de las cosas. Es la primacía del signo sobre el ser, donde el signo sustituye al sujeto kantiano: somos, pues, nosotros mismos, los que introducimos el orden y regularidad de los fenómenos que llamamos naturaleza... El interés por el más allá de la experiencia provocó en Lacan un giro hacia lo real. Si bien la realidad sería el resultado empírico de la aplicación del a priori lingüístico, lacan advierte que la operación simbólica no es exacta y siempre deja un resto que le es imposible asir: lo real. En el momento en que el lenguaje constituye la realidad, crea también su afuera real. Realidad y real se oponen en el pensamiento de Lacan. El ser humano no tiene más acceso a su mundo que un acceso simbólico, no cabe ir a buscar en lo real más de lo que el símbolo ha puesto en él. Imposible también, porque por mucho que lo simbólico estructure la realidad, jamás dará con un sentido último o definitivo, pues de tiempo en tiempo, aparecerá algo no susceptible de expresarse en las cadenas significantes, algo a lo que no le conviene ningún signo aunque no pueda sino expresarse en signos: lo imposible, lo innombrable, lo indecible, lo real... La relación imposible con un afuera que no se aprehende sino transformándolo en otra cosa. Es la Falta. Falta que nos constituye y que ya siempre experimentamos desde que salimos del vientre materno...(Zizek hará buen uso de esta falta, esa estructura atemporal que dice constituye al ser humano, para remarcar sus diferencias con su lectura del historicismo...) Si lo simbólico define y delimita el universo humano, entra en contacto con un real que lo fuerza a crear signos para otorgarle un rostro, una explicación o un sentido. Lo real violenta el pensamiento. No se forjan palabras más que para una realidad extraña que demanda algún tipo de ordenación... Emma Ingala Gómez

Inconsciente y sexualidad
Con Dolores Castrillo Mirat... El punto de partida del psicoanálisis es que el hombre es un viviente, pero un viviente que habla, lo cual tiene enormes consecuencias. El lenguaje transforma al ser humano en lo más profundo de sí mismo, lo transforma en sus afectos, en sus necesidades, lo transforma, incluso, en su cuerpo. En efecto, nada más venir al mundo, la cría humana es capturada por una estructura que le preexiste. Esta estructura es la del lenguaje. A partir de esta captura por la red del lenguaje, la relación con su propio cuerpo y con el de los demás ya no va a ser una relación puramente natural. El lenguaje, la estructura significante, tiene un efecto de desnaturalización, de desvitalización, de mortificación, sobre el cuerpo. Lo vemos incluso en los animales domésticos, no poseen la misma exuberancia vital que los animales salvajes, incluso son todos un poco neuróticos, porque están en nuestro baño de lenguaje... Así, podemos decir de modo general que cada vez que un significante atrapa al cuerpo, éste queda desnaturalizado, afectado de un déficit, de una pérdida, que es la pérdida del goce natural de la vida. En cierto modo, solo podemos tener una idea del goce cuando se perdió, cuando se busca o se imagina. Lo imaginamos por todas partes menos en nosotros mismos: en nuestros semejantes, en el porvenir, en alguna época dorada de la historia, o con mejores razones, en la naturaleza; allí donde no hay lenguaje, allí donde jamás podremos habitar. De ahí la fascinación que ejerce para nosotros el espectáculo que los animales ofrecen. Su espacio parece pleno, al menos para el hombre que lo mira habitar un universo sin falla del cual está excluido En tanto que ser parlante, su existencia de ser vivo permanece ajena respecto de lo natural. Y así su aptitud para el goce queda esencialmente perturbada. En él, ninguna función, por más vital que sea, procura automáticamente el bienestar. Así, el acto mas simple, el de comer, por ejemplo, aparece rodeado de rituales, y, en tantos casos, cargado de síntomas. La actividad sexual no escapa a esta regla, es si no la ocasión de angustia, al menos, motivo de complicadas maniobras.En suma, por el hecho de que habla, las necesidades biológicas, quedan profundamente trastocadas en el hombre, perdidas en su naturalidad, para transformarse en esa otra realidad específicamente humana que Freud nombró deseo... Dolores Castrillo Marat

De idiotas a koinotas. Sobre la construcción de lo común
Por Juan Manuel Aragüés Estragués. Si de lo que se trata es de perfilar una política de trazos materialistas, Marx nos proporciona herramientas para el necesario replanteamiento de la política contemporánea, una política en la que la construcción del sujeto, tanto individual como colectivo, se muestra como una de las tareas esenciales; una política en la que los elementos deseantes, como defiende Lordon, desempeñan un papel privilegiado (hay que llenar de afecto las buenas ideas); una política que toma lo común, tal como plantean Laval y Dardot, como eje fundamental de sus prácticas. Una política idiota es aquella que parte de la identidad, de las esencias y no de la diferencia de la que partimos y que nos contituye...

Política de las diferencias...articulables.
Dos buenas reflexiones de cara a unas elecciones que nos ayudan a alejarnos del ciego idealismo ... Por Juan Manuel Aragüés Estragués. Pretender una descripción de la realidad desde el rigor materialista es una tarea que, ciertamente, podríamos considerar imposible. El materialismo es consciente de la extrema complejidad de la realidad, que la tradición idealista atrapa simplificándola a través de conceptos. También es consciente de la inexistencia de una naturaleza humana común que permita a los sujetos ver, percibir o sentir de manera unánime. El materialismo es, coherentemente, una filosofía de la diferencia y la complejidad. Desde esos presupuestos –la extrema volatilidad de lo real y la multiplicidad y diferencia de los sujetos-, ¿cómo es posible construir una política? ¿Cómo establecer un proyecto compartido y al mismo tiempo plural? Frente a una tradición que hace hincapié en el, imprescindible, acceso a la palabra, abogamos, complementariamente, por la necesidad de la escucha, de la atención a la voz del otro, que deberá ser sometida, simultáneamente, a un proceso de traducción como condición indispensable para la articulación de una mirada compartida. Ese debe ser el comienzo de una política materialista. Frente al deseo de la Verdad, que lleva al sectarismo y la oposición, el deseo de multitud, de unión... Pero los partidos en vez de buscar confluir, compiten por diferenciarse...Política idiota.

Política de las diferencias...irreconciliables.
Dos buenas reflexiones de cara a unas elecciones que nos ayudan a alejarnos del ciego idealismo ... Conversación entre Carlos Sánchez Mato y Julio Anguita. "La confrontación en la política es inevitable"... "gobernar es tensión cuando hay intereses contrapuestos"... Es cuestión de fuerzas.

Historia de la mecánica y la ingeniería. Desde el Renacimiento hasta nuestros días
La inventiva y el ingenio del ser humano ha transformado el mundo. Vamos de la mano de Carlos Hidalgo hacer un recorrido histórico, tan rápido como interesante, del desarrollo al que nos ha traido el increíble ingenio de este ser que somos... Como siempre, mirando al futuro, es necesario que esos avances y los que estén por llegar, sirvan para solucionar los problemas y mejorar la vida de todos y no solo para beneficio personal de unos...

Historia de la Mecánica y la Ingeniería desde la antigüedad hasta el Renacimiento
La inventiva y el ingenio del ser humano ha transformado el mundo. Vamos de la mano de Carlos Hidalgo hacer un recorrido histórico, tan rápido como interesante, del desarrollo al que nos ha traido el increíble ingenio de este ser que somos... Como siempre, mirando al futuro, es necesario que esos avances y los que estén por llegar, sirvan para solucionar los problemas y mejorar la vida de todos y no solo para beneficio personal de unos...

Una pequeña historia de la inteligencia artificial 2
Víctor Amigó continúa con la historia de la IA (Inteligencia Artificial) con un pequeño resumen acerca de cómo comenzó todo. Por otra parte, profundizaremos en un tema previo del cual se habló: cuáles son las implicaciones más importantes de la IA en nuestra vida, en particular qué consecuencias son previsibles a corto y medio plazo en el mercado de trabajo. Seguiremos hablando de conceptos como consciencia e inteligencia en animales y humanos. En ese aspecto, como en la charla anterior se habló de muchos tipos de animales, pero no de los primates que son los más próximos a nosotros, hablaremos de éstos, tras hacer algunas menciones muy rápidas a otras especies, procurando no repetir cosas ya dichas anteriormente. Es también importante tener una idea de la situación actual del desarrollo de la IA en el que ya hay programas capaces de aprender por si mismos ante ciertas situaciones. Por otra parte, ¿sería factible que desarrollos futuros en IA dieran origen a máquinas o robots que fueran capaces no solamente de resolver problemas complejos, cosa ya actualmente posible, sino de llegar a ser de verdad autoconscientes, al igual que muchos animales y por supuesto los humanos, tal como opinan los partidarios de la llamada IA fuerte? ¿Puede una máquina tener emociones? ¿Es posible que sea autoconsciente, pero que no tenga emociones como el miedo, la empatía o cualquier otra, sino que actúe de forma exclusivamente racional? Obviamente, es imposible responder a todo esto, pero se intentará tratar de hablar mínimamente de temas como la consciencia y confío en esta ocasión en dejar tiempo suficiente al final de la presentación para que el público asistente pueda dar sus propias opiniones.

Una pequeña historia de la inteligencia artificial 1
Por Víctor Amigó pretende contar la historia de la disciplina científica denominada “inteligencia artificial” de forma que resulte comprensible para gente sin una preparación especial en informática y en matemáticas. La inteligencia artificial está de moda, porque de forma habitual aparecen en los medios de comunicación artículos sobre nuevos logros en este ámbito. La inteligencia artificial, (a partir de aquí, la mencionaré como IA), trata de emular mediante máquinas, (ordenadores o robots), comportamientos que se suponen inteligentes. La importancia de la IA reside en que tiene muchas implicaciones económicas, que pueden afectar en un futuro próximo al empleo y por otra parte está relacionada con bastantes otras ciencias, incluyendo los estudios sobre el cerebro. Entre las muchas definiciones que se han hecho sobre la IA, veamos la de Marvin Minsky, uno de los primeros y más conocidos expertos en este campo, fundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del M I T y fallecido este año: “La IA es la ciencia de hacer que las máquinas hagan cosas que requerirían inteligencia si las hicieran los hombres”. Podríamos considerar que el precursor de la IA fue Alan Turing. Este brillante matemático inglés que fue el principal descifrador de los códigos alemanes en la Segunda Guerra Mundial, fue el primero que junto con otro concibió un programa para jugar al ajedrez, aunque al no existir el ordenador adecuado para poder ejecutarlo, lo hacían a mano. Más importante que eso, era su idea de que los ordenadores podrían en el futuro simular aspectos de la inteligencia humana. Ideo un test denominado “el juego de la imitación”, (“The Imitation Game”, en inglés, que da el título a la última película acerca de su vida). En dicha prueba se trata de que una persona sea capaz de discernir, haciendo las preguntas pertinentes, si lo que hay en otra habitación es un humano o una máquina. En su honor a esta prueba se la denomina “el test de Turing”. Turing además de participar en el desarrollo de algunos de los primeros ordenadores y de idear una máquina teórica que le permitiría demostrar un importante teorema relacionado con los fundamentos de las matemáticas, tenía ideas revolucionarias para su tiempo, acerca de lo que podían llegar a realizar las máquinas. Si no hubiera sido por su temprana muerte a los 42 años, en 1.954, probablemente la IA hubiera tenido un desarrollo más rápido. En la conferencia se ofrecen algunas ideas sobre el concepto de inteligencia en animales y humanos.

La Bella y la Bestia...
¿qué hay en el fondo de esta profunda historia de amor? El análisis del contenido cultural e ideológico transmitido a través de largometrajes animados desde la tierna infancia, desde una aparente inocencia, abarca muchas temáticas y fenómenos: tratamiento de los personajes tanto masculinos y femeninos, roles, patriarcado, concepción de la familia, relaciones de producción, la riqueza, las clases, los regímenes de gobierno, las relaciones sociales... Eva Illouz, desde una postura feminista, antipatriarcal (y por tanto para mi anticapitalista), nos da una idea analizando este "cuento de hadas"...

Avances tecnológicos
Ha sido espectacular el salto que ha experimentado la ciencia y la tecnología en las últimas décadas, y sin duda surgirán nuevos avances científicos y tecnológicos de los que la sociedad desconfiará. Es muy necesaria la divulgación y la claridad no siempre manifiesta. Desde que el hombre es hombre, desde el primer avance tecnológico de la humanidad, el miedo a lo nuevo y lo desconocido ha contribuido a colocar palos en las ruedas a la ciencia, usando para ello como argumentos la superstición y las creencias. Por suerte, el paso del tiempo ha ayudado a derribar muchas barreras, y cosas que hasta no hace mucho la sociedad consideraba potencialmente peligrosas, han sido aceptadas e incorporadas para bien a nuestra vida cotidiana. Aunque, como todo en esta puñetera vida, tenga también su cruz... Asi que ¡cuidado! Pese a querer nombrar como incultura estas experiencias del pasado, los nuevos avances del presente siguen generando miedo y rechazo y no siempre por supersticción, como bien sabemos... Rechazo no. Alerta, toda. Y la tecnología socializada, al servicio del bien de todos. Este relato, basado en un hecho real, es paradigmático, a la par de una gozada. Seguiremos con el tema.

Kant. La Crítica de la Razón Pura.
Kant se pregunta por los límites y las posibilidades de la Razón. Hay un aspecto fenoménico de la existencia y un aspecto nouménico... Para Kant el espacio y el tiempo son formas a priori de la sensibilidad. No existen fuera del sujeto. Dentro de esa dimensión espacio-temporal tenemos nuestras percepciones, datos puros de la sensibilidad que procesamos con nuestros filtros categoriales universales... Entonces hay una fenomenología abierta a la ciencia, y una dimensión nouménica a la que no podemos acceder, solo indagar desde una razón especulativa... La Metafísica se encuentra en franca inferioridad como ciencia con respecto a las Matemáticas y a la Física, por versar sobre conocimientos mas allá de la experiencia. La Metafísica hace un uso ilegítimo de las categorías, del principio de causalidad principalmente, al aplicar a las cosas en sí mismas lo que solo puede ser referido a los fenómenos. Sin embargo, como tendencia natural, resulta inevitable... La Gnoseología de Kant es impresionante. Uno se queda flipando de este genio. Y aquí nos dan una excelente explicación.

Mayo del 68. Seamos realistas, pidamos lo imposible.
No podía faltar una cita con el Mayo del 68. Y quién mejor para recordarlo que Diana Uribe. Un privilegio escucharla.

Economía de la violencia
Fernando Esteve Mora... Vamos con otra de este gran profesor: Sorprendentemente el análisis económico se ha olvidado por lo general del uso de la violencia como medio para conseguir fines económicos. No lo ha sido así siempre pues en sus orígenes, cuando la Economía todavía se la apellidaba llamándola Economía Política, el estudio de los conflictos violentos relacionados con las cuestiones económicas era una pieza fundamental para entender el devenir económico de los países. Más adelante, y sin razón real alguna que lo justificase, cuando la Economía empezó ya a llamarse Ciencia Económica, el estudio de la competencia se redujo al estudio de la competencia pacífica o regulada, con lo que los economistas quedaron imposibilitados para un análisis realista de la realidad económica...

Más allá del pensamiento económico único. Recorrido histórico
Fernando Esteve Mora es el mejor expositor de economía que yo he escuchado...

Contrahistoria de la filosofía 12
12. El siglo de las luces ( Helvétius) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 11
11. El siglo de las luces ( La Mettrie) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 10
10. El siglo de las luces (el cura ateo Jean Meslier...) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 9
9. Spinoza Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 8
8. Los libertinos barrocos Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 7
7. Hedonismo cristiano (Michel Montaigne) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 6
6. Hermandad del espíritu libre. Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 5
5. Los licenciosos gnósticos Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 4
4. Hedonistas ( Aristipo) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 3
3. Cínicos (Diógenes) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 2
2. Atomistas (Leucipo, Demócrito) Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

Contrahistoria de la filosofía 1
1.Introducción. Materialismo frente a idealismo. Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía. Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología. Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo. Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio? Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas. Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana. Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.

La Globalización: problemas y oportunidades
Alejandro Molins de la Fuente. Globalización: realidad, certidumbres y dudas Escuchamos y leemos a diario datos e informes que nos hablan del papel que juega la globalización en nuestras vidas. Esta globalización afecta tanto a los aspectos económicos, como a los culturales, políticos… Vamos en esta charla a comentar algunos de los datos y opiniones sobre estas materias para tratar de situar el contexto y el papel que juega en nuestras vidas, en lo personal y en lo global y con una especial referencia a lo digital

Sangre, tierra, lengua, religión. El Nacionalismo...
Manuel Reyes Mate: La capacidad destructora de la lógica nacionalista. Toda filosofia nos muestra como seres necesitados de asideros ante el gran misterio de lo desconocido, que eso es la vida, para salvaguardarnos de sus amenazantes peligros: Dios, Estado, Ciencia, Patria, Nación, Lenguaje...asideros, asideros, asideros. Sin ver que nuestros asideros también encierran amenazas reales. Necesitamos identidades, necesitamos territorios seguros... El nacionalismo viene de lejos aunque hoy ha cobrado una virulencia especial en España y en otros países europeos. El Ponente se propone situar el nacionalismo catalán o español en el contexto de nuestra historia para hacer ver cómo se reproduce el modelo español de definir la identidad comunitaria excluyendo, con lo que los catalanes de hoy serían los legítimos herederos de los Reyes Católicos. También tendrá en cuenta la novedad de los nacionalismos modernos, nacidos en el siglo XIX al amparo del Estado-nación. Y, si hay tiempo, hará ver cómo nosotros hoy no podemos hablar de nacionalismo sin tener en cuenta las experiencias traumáticas del siglo XX en Europa.

Canciones revolucionarias anarquistas conmemorativas del Primero de Mayo.
Recuperamos el programa de La Bañera de Ulises del 2006 en homenaje a los Mártires de Chicago, sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en la silla eléctrica por participar en la lucha por la jornada laboral de 8 horas... Años más tarde de la ejecución, el presidente Franklin Delano Roosvelt los declaró inocentes. Anteriormente a esas reivindicaciones del Primero de mayo se hacían jornadas de trabajo de hasta 14 horas diarias, incluidos los niños. Luego se consiguieron las 40 horas semanales... En 1889 hubo un concurso de canciones y poesías revolucionarias en España. Se escucha la canción del alicantino Ramón Carratalá titulada "Hijos del Pueblo". En 1891 se escuchó también en las huelgas de Barcelona. En 1892 en Jerez. Grabación histórica tomada en las calles republicanas, en 1937, en plena efervescencia popular anarquista contra el levantamiento fascista de Franco y sus criminales generales. - El tema "A las barricadas" se basa en un tema soviético titulado La Varsoviana, inspirado a su vez en otro polaco. - Suena interpretado por el cantautor Uzte Rouyo. - En los años 1990 lo interpretan los italianos Les Anarchistes. - Tema del cantautor francés Leo Ferré, con motivo del levantamiento de los jóvenes contra el Gral. De Gaullue. - El movimiento anarquista se remonta a las luchas de Garibaldi en Italia, contra el poder real. Hubo un fraile, el Santo Caserio, monje revolucionario que acabó guillotinado. - Daniel Esepe, saxofonista italiano, homenajea a Santo Caserio. - Caso de los anarquistas Nicolás Saco y Bartolomeu Vanzetti, ejecutados del 12 al 13/8/1927 mediante electrocución en la penitenciaría de Charleston, Massachussets, EE.UU. mediante falsa acuación del asesinato de policías siete años antes. Lectura de la carta de Saco a su hijo. "Matarán nuestros cuerpos, pero nunca nuestras ideas". - El grupo Les Anarchistes cantan en inglés a Saco y Vanzetti. - Recuerdo el Chile de Víctor Jara, que fue ametrallado en el Estadio Nacional (ahora estadio Víctor Jara) de Santiago de Chile por los militares golpistas del asesino Augusto Pinochet. Tema "Manuel..." interpretado por Violeta Parra. - El napolitano Daniel Esepe, con un reagge reivindicativo, "Hasta siempre", cierra el programa.

Redes, subjetividad, control
Conferencia de Christian Ferrer. Publicitada en su momento como 'zona liberada', la red informática mundial se parece tanto a un gran cerebro interconectado como a un inmenso campo de entrenamiento para la subjetividad. Mecanismo instantáneo de 'barrer' el continuo brotar del 'inconsciente' de una época, establece conductos de fuga que reconducen al sistema, como si fuera un adentro sin afuera...

La Historia del Derecho
Por María José Gandasegui. La presencia del derecho como una realidad intangible que corre paralela a la vida de las personas a lo largo de la historia... El origen de las normas sociales y su transformación a lo largo de milenios hasta alcanzar a la compleja realidad que ha llegado a ser la vertiente jurídica de la civilización actual. El largo recorrido del derecho parte de las primeras ciudades mesopotámicas, la perfección del mundo griego y la creación del un cuerpo jurídico estructurado y coherente en la República y en el Imperio Romano. Desde ahí se adentra en los años oscuros del postclasicismo, atravesando un largo periodo hasta que el mundo occidental empieza a renacer, apareciendo nuevas líneas de desarrollo social, político, cultural y económico. Después de conocer cómo el nacimiento de los nuevos Estados y la recepción del Derecho Común afectó a las formas de creación del derecho en toda la Edad Moderna, se llega a la transformación del pensamiento que supuso el racionalismo ilustrado y sus consecuencias revolucionarias a todos los niveles, que transformaron el mundo occidental. El corolario de los movimientos revolucionarios supone una ruptura con el mundo anterior y la creación de nuevas estructuras sociopolíticas. El mundo nacido de las revoluciones liberales del siglo XIX es la base de las actuales democracias, después de superar los profundos abismos de los regímenes totalitarios del siglo XX. Para estudiar la evolución del derecho, con avances y retrocesos, se han tenido en cuenta los factores sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que determina en cada momento la creación, desarrollo y aplicación del derecho. No se trata pues de una historia del derecho con carácter general, sino de una historia de la civilización occidental en la que el derecho fluye, crece, se desborda y a todas las personas les alcanza.

La Historia de la Democracia
Excelente historiadora Diana Uribe. Uno se queda con ganas de seguir escuchándola...

Transhumanismo filosófico, transhumanismo tecnológico.
Espectacular conferencia de Brais G. Arribas... Desde su exposición de Lyotard y el posmodernismo hasta la inquietante actualidad de las ideas transhumanistas.

Schopenhauer y el problema de la voluntad libre
Con una lucidez extrema presenta el tema Alba Jimenez Rodriguez. Una delicia...

Pensar el conflicto, construir la mayoría
Excelente charla de J.M.Aragües muy al pelo en estas fechas. Bueno, en cualquier fecha...

Sartre
Jean-Paul Sartre: El existencialismo es un humanismo. 1. La moda existencialista ¿A qué se llama existencialismo? Para la mayor parte de la gente que utiliza esta palabra sería muy embarazoso justificarla pues, hoy que se ha puesto de moda, se afirma de buena gana que un músico o un pintor es existencialista. Un columnista de Clartés firma El existencialista; y en el fondo la palabra ha tomado hoy tal amplitud y tal extensión que ya no significa nada de nada. Parece que, a falta de una doctrina de vanguardia análoga al surrealismo, la gente ávida de escándalo y de ajetreo se dirige a esta filosofía, que no puede, por otra parte, aportarle nada al respecto; en realidad es la doctrina menos escandalosa, la más austera; está destinada estrictamente a los técnicos y a los filósofos. No obstante, puede definirse fácilmente. El existencialismo es un humanismo es una conferencia impartida por Sartre en el Club Maintenant de Paris en 1945 y publicada en 1946. Sartre se queja de que la palabra se estaba usando para referirse a tantas cosas que se había quedado vacía de significado. En general se entendía por existencialismo el estado de ánimo pesimista que se presidía cualquier manifestación cultural después del horror de la II Guerra Mundial. Con esta charla Sartre pretender delimitar el significado estrictamente filosófico del existencialismo. 2. Hay dos escuelas existencialistas. Lo que complica las cosas es que hay dos clases de existencialistas: en primer lugar, los que son cristianos, entre los cuales yo incluiría a Jaspers y a Gabriel Marcel, de confesión católica; y, por otra parte, los existencialistas ateos, entre los cuales hay que incluir a Heidegger y también a los existencialistas franceses y a mí mismo. Dentro del terreno filosófico, Sartre distingue dos escuelas existencialistas: una corriente cristiana representada por Jaspers y Marcel, y otra atea que incluiría a Heidegger y al mismo Sartre. El existencialismo cristiano busca respuestas al nihilismo que supone la muerte de Dios en convulsas conversiones al catolicismo típicas de la primera mitad del siglo XX. La corriente atea, por el contrario, se mantiene fiel a la finitud del hombre. 3. La existencia precede a la esencia. Lo que tienen en común es simplemente el hecho de que consideran que la existencia precede a la esencia o, si ustedes prefieren, que hay que partir de la subjetividad. ¿Qué debemos entender exactamente por esto? Cuando se considera un objeto fabricado, como por ejemplo un libro o un abrecartas, tal objeto ha sido fabricado por un artesano que se ha inspirado en un concepto; se ha referido al concepto de abrecartas e igualmente a una técnica de producción previa que forma parte del concepto y que en el fondo es una receta. Así, el abrecartas es a la vez un objeto que se produce de una cierta manera y que, por otra parte, tiene una utilidad definida, y no se puede suponer un hombre que produjera un abrecartas sin saber para qué va a servir ese objeto. Diremos pues que, para el abrecartas, la esencia -es decir el conjunto de recetas y de cualidades que permiten producirlo y definirlo- precede a la existencia; y así, la presencia, frente a mí, de semejante abrecartas o de semejante libro está determinada. Ambas escuelas tienen en común un axioma “la existencia precede a la esencia“. Pensemos, dice Sartre, en un abrecartas: su esencia, esto es, sus características y su utilidad, están pensadas previamente a su fabricación. Su existencia, por tanto, está determinada por la esencia. La distinción esencia-existencia tiene su origen en Tomás de Aquino. Aristóteles había establecido las siguientes oposiciones: materia – forma y potencia-acto. Tomás de Aquino añade una tercera: esencia – existencia. Su objetivo es separar bien a Dios de las criaturas. Al contrario que en Aristóteles donde las esencias son eternas, en Tomás de Aquino sólo en Dios coinciden la esencia y la existencia, sólo Dios es. 4. Visión técnica del mundo Tenemos aquí, pues, una visión técnica del mundo, en la que se puede decir que la producción precede a la existencia. En el mundo técnico, el mundo artificial creado por el hombre, la esencia precede a la existencia. Sartre coincide aquí con Heidegger. Para este el triunfo de la técnica a nivel planetario supone un modo de interpretar la realidad regido por la calculabilidad, la utilidad y la rentabilidad. El mundo y, el propio hombre, quedan reducidos cosa. En ambos casos, Sartre y Heidegger recuperan aquella formulación del imperativo categórico kantiano según la cual es necesario tratar al hombre como un fin en sí mismo y no como un medio. Un ejemplo sencillo para entender lo que significa la visión técnica del mundo es la película Avatar de James Cameron, donde la multinacional sólo está interesada en explotar los recursos de Pandora. Fotograma de Avatar (Cameron, 2009). Destrucción del Árbol Madre (Home Tree) 5. El hombre y Dios en los filósofos del s. XVII Cuando concebimos un Dios creador, tal Dios se asimila en

Dios ha muerto
Los griegos aunque admiraban a menudo las magníficas culturas de imperios orientales como Egipto o Persia, despreciaban la forma en la que estaban gobernados. Llamaban despotismo a este sistema extranjero porque no parecía diferente de la relación de un amo con sus esclavos. Cómo guerreros, desdeñaban la práctica por la que los súbditos se postraban ante la presencia de un gobernante oriental: les parecía una muestra de desigualdad intolerable entre los ciudadanos y sus gobernantes. Más de 2000 años después nosotros hemos heredado exactamente el mismo rechazo reflejo hacia la postración, en parte porque el lenguaje de la postración se ha convertido en la imagen por la que la cristiandad reconoce la distancia entre lo humano y lo divino. La esencia de la dominación, del despotismo, es que no hay apelación contra el poder no supervisado del amo. El único objetivo de los súbditos debe ser el de complacer. Semejante impotencia es la razón por la que los déspotas son notables generadores de ilustración espiritual. Se establece una reacción contra un mundo gobernado por los caprichos del poder, y los súbditos pensativos toman el camino del misticismo, el estoicismo y otras formas de retiro espiritual. Entonces se encuentra la esencia de la vida en un reino espiritual más allá del de los sentidos, y la vida social y política queda reducida a una ilusión. El despotismo brota con mucha naturalidad, tal es así que la creación de una orden político debe reconocerse como un logro considerable. Las ciudades estado de la antigua Grecia cayeron en el despotismo tras la muerte de Alejandro magno. Los romanos en su éxito crearon un imperio tan heterogéneo que solo el poder despótico podía impedir su desmoronamiento. La primera de estas experiencias género el estoicismo y otras filosofías que predican la retirada del mundo, la segunda fue el germen de la cristiandad. Durante la Edad Media el ordenamiento civil emergió en Europa occidental de la brutalidad y la violencia y por primera vez la religión tomó un papel independiente. Europa tal y como la conocemos es el resultado de diversas oleadas migratorias de tribus empujadas hacia Occidente por la presión de otras. Fueron atraídas por la evidente prosperidad y civilización del Imperio romano. Viajando en grandes hordas, los pueblos nómadas que conocemos por los nombres que los romanos les dieron, fueron penetrando en el Imperio a través de muchos siglos, en un principio absorbidos por la estructura romana que más adelante disgregaron y destruyeron. Estos bárbaros se organizaron en reinos propios y llegado el momento se convirtieron al cristianismo. Cada territorio tenía un rey y un grupo de poderosos a los que habitualmente se cedían tierras a cambio de su lealtad. Pero la antigua estabilidad de la era romana tardaría siglos en regresar, en parte por las luchas internas, en parte por la presión de nuevos nómadas. La única protección la ofrecía una clase de guerreros profesionales. El ordenamiento civil tuvo que ser reinventado. La política en aquellos primeros tiempos consistía en los pactos entre el rey y sus vasallos más importantes. Pero gradualmente esos reyes evolucionaron de líderes de sus tribus pasaron a ser amos de sus dominios, que buscan extender sobre los territorios vecinos. Los derechos y libertades eran elaborados en su propio beneficio por la nobleza y los habitantes más ricos, y sólo entonces se iban filtrando muy lentamente, a través de generaciones, hasta las capas más bajas de la sociedad. El votante de hoy hereda los derechos que antes tuvieron los nobles y poderosos. El rey no podía gobernar sin la cooperación y la consulta con los nobles, los poderes de la iglesia, y con el tiempo, con los representantes de las ciudades, que podían hacer peticiones de dinero. Esta es la esencia de la política medieval. Fue esta situación la que generó la institución bastante nueva de los parlamentos. Lo que hace de los parlamentos un ejemplo de creatividad política que responde a las exigencias del momento. Sin ser planeados llegaron a ser los instrumentos esenciales para la democracia posterior. Pero el elemento más importante de la política medieval se refiere a la religión, que son las creencias y sentimientos que tiene una civilización sobre el hecho de estar vivo. El ascenso del cristianismo supone una situación religiosa bastante novedosa. Uno solo podía llegar a ser cristiano aceptando deliberadamente un conjunto de creencias. Una religión con libro, pronto se convirtió en una estructura de creencias, pensamientos, mandatos y rituales tan complicada que requería una vasta reflexión intelectual para hacer un todo coherente. Las creencias son cosas vulnerables que necesitan guardianes de su pureza y ortodoxia porque la capacidad humana de malinterpretar, o interpretar demasiado bien es considerable. A la muerte de San Agustín en el año 430, la estructura básica estaba terminada. Pero las creencias no ortodoxas, las herejías, fueron la fuente de mucha de la intoler

Historia de la filosofía. Clase 8
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...

Historia de la filosofía. Clase 7
Hermosa historia de la filosofía la que nos ofrecen en 8 clases Tomás Abraham y Dante Palma. Como aquí nos gusta, mas allá del academicismo y abriendo un debate con vista a albergar consecuencias prácticas...