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Jacques Lacan: "el inconsciente está estructurado como un lenguaje"

Jacques Lacan: "el inconsciente está estructurado como un lenguaje"

Devenir · Devenir

May 24, 201931m 3s

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Por Dolores Castrillo Marat. Lacan elaboró una teoria de la subjetividad alternativa a la fenomenología, al sujeto y su conciencia intencional, donde el criterio de verdad y sede de toda donación de sentido desde Descartes se reivindicaba como el dato primero. Lacan desplazo de manera radical al sujeto desde un rol activo en el conocimiento hasta erigirlo en mero encarnador pasivo de sistemas simbólicos culturales o dispositivos de control. Lacan expone el descubrimiento freudiano del inconsciente como una verdadera revolución copernicana, que entraña un descentramiento de la propia identidad del sujeto: el yo ni siquiera es dueño y señor en su propia casa, pues la introducción del inconsciente hace de la subjetividad algo mucho más vasto que la conciencia. El sujeto del inconsciente ocupa una posición de excentricidad con respecto al yo, instancia imaginaria en la que el individuo tiende a alienarse y de la que proceden todas las ilusiones acerca de una presunta identidad sustancial y estable: el yo es precisamente lo más desconocido. En definitiva el inconsciente es el discurso del otro... Pero está revolución copernicana no se limita a permutar un centro por otro, a retirar a la conciencia sus prerrogativas para entregárselas a un inconsciente subjetivo, individual y sustancial. Antes bien, con el descubrimiento del inconsciente se pone en tela de juicio la misma idea de que la verdad del ser humano se encuentra en algún tipo de centro fijo o esencia estable... Lo real, lo simbólico y lo imaginario, están más allá de la experiencia, pero se aplican a ésta y la hacen posible, son, no tanto verdades empiricas, cuánto el lugar donde se forjan tales verdades. Lacan comenzó con teoría de lo imaginario, el mecanismo insoslayable por el cual, a través de la imagen reflejada en el espejo y en los otros, se forja la identidad subjetiva que antes se experimentaba como una serie de sensaciones fragmentadas, pero pronto lo simbólico ocupó el lugar preeminente, el orden del lenguaje y de la estructura, donde el lenguaje asciende al rango de trascendental. Antes de la palabra, nada es ni no es. Lo simbólico se erige en ley a priori. Al sujeto le es imposible salir del orden simbólico. La palabra hace surgir la cosa misma y ésta se reduce a su concepto. Es el mundo de las palabras el que crea el mundo de las cosas. Es la primacía del signo sobre el ser, donde el signo sustituye al sujeto kantiano: somos, pues, nosotros mismos, los que introducimos el orden y regularidad de los fenómenos que llamamos naturaleza... El interés por el más allá de la experiencia provocó en Lacan un giro hacia lo real. Si bien la realidad sería el resultado empírico de la aplicación del a priori lingüístico, lacan advierte que la operación simbólica no es exacta y siempre deja un resto que le es imposible asir: lo real. En el momento en que el lenguaje constituye la realidad, crea también su afuera real. Realidad y real se oponen en el pensamiento de Lacan. El ser humano no tiene más acceso a su mundo que un acceso simbólico, no cabe ir a buscar en lo real más de lo que el símbolo ha puesto en él. Imposible también, porque por mucho que lo simbólico estructure la realidad, jamás dará con un sentido último o definitivo, pues de tiempo en tiempo, aparecerá algo no susceptible de expresarse en las cadenas significantes, algo a lo que no le conviene ningún signo aunque no pueda sino expresarse en signos: lo imposible, lo innombrable, lo indecible, lo real... La relación imposible con un afuera que no se aprehende sino transformándolo en otra cosa. Es la Falta. Falta que nos constituye y que ya siempre experimentamos desde que salimos del vientre materno...(Zizek hará buen uso de esta falta, esa estructura atemporal que dice constituye al ser humano, para remarcar sus diferencias con su lectura del historicismo...) Si lo simbólico define y delimita el universo humano, entra en contacto con un real que lo fuerza a crear signos para otorgarle un rostro, una explicación o un sentido. Lo real violenta el pensamiento. No se forjan palabras más que para una realidad extraña que demanda algún tipo de ordenación... Emma Ingala Gómez