
Karina Mariani Editoriales
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La industria del "Auténtico yo" (parte 1)
El movimiento organizado en torno a los derechos de las personas trans se ha convertido en un verdadero destructor de cuerpos y de mentes. Estar cómodo con el propio cuerpo no es sencillo para casi nadie, pero patologizar ese sentimiento es de una crueldad perversa. Los cuerpos masacrados producto de estas intervenciones se pueden ver y, aunque resulta horroroso, es necesario darse una vuelta por las fotografías y las explicaciones de los procedimientos para comprender la carnicería que se está realizando a plena luz del día bajo la excusa de encontrar el “auténtico yo”. Es muy difícil luchar contra inseguridades y la angustia, pero no se puede eludir el camino de la autoaceptación configurando un experimento de Frankenstein. Nadie cambia a la persona que es, torturando a la propia carne. La pinza que amenaza a las personas vulnerables es cruel, por un lado la industria que promete una imagen imposible, como una noria infinita de promesas y consumo falsario, tratando de convencerlas de que lograrán, a un alto costo, convertirse en quienes son «realmente». Por el otro, el uso político de las disforias como mecanismo de caos simbólico y control social, sosteniendo desde la política que la identidad es algo que se puede fabricar y que la sociedad está obligada a aceptar. Es paradójico que el identitarismo, un bastión de la cultura woke anticapitalista, promueva el desarrollo identitario como estrategia de marketing. Es un lobby peligroso el que le dice a la gente que puede comprar su camino hacia la autoestima. Están convenciendo a una generación de que una horda de mercachifles puede injertar a fuerza de bisturí el orgullo, la paz y la autorrealización a través de aberrantes cirugías. El anticapitalismo woke encontró la manera de industrializar el amor propio. por Karina Mariani

Relatores, los cuasimodos de la ONU
¿Por qué el “Sistema ONU” usa a estos Cuasimodos? Porque cada tanto estiran tanto la ventana de Overton que es necesario recalcular. Estos personajes son la vanguardia del sistema, son los que empujan la racionalidad, los que presionan, los que falsean. El “Sistema ONU” los mantiene porque su tarea es fundamental para testear la tensión dentro de las sociedades sobre diversos temas. Operan con el paraguas de los DDHH, eterno legitimador de las barbaridades de ONU, y a no confundirse, no son ni independientes ni ajenos a la institución. Son los Cuasimodos de ONU, dispuestos a todo para que el sistema prevalezca. por Karina Mariani

El odio a Eden y la revolución de los Tarados
La Revolución de los Tarados prioriza su deseo de terminar con toda la cultura occidental, aunque esto signifique morir en atentados, apuñalamientos o violaciones masivas y descuartizamientos. No es que no se dan cuenta de que están masacrando a su civilización, es que su ideología así lo demanda. Todo eso ocurre desde hace años en occidente, y sin embargo, en las marchas ondean las banderas de Isis. Realmente prefieren la sharía al legado judeocristiano. Realmente se están abrazando a sus exterminadores. Si triunfa, como venimos viendo, la Revolución de los Tarados, la caída está a la vuelta de la esquina. Nos enfrentamos a un eje de fanatismo suicida con diferentes sucursales dedicadas al ecologismo, al indigenismo, al animalismo, al feminismo, al urbanismo de 15 minutos o a la hormonización de niños, todos uniéndose al islamismo. Nunca se trató de Palestina, ni de Israel, ni de Eurovisión ni de Eden, es una revolución contra la propia casa. Por Karina Mariani

Y así es como cayó (casi) mortalmente la derecha
Es la condena de todos los votantes de derecha, mientras el radicalismo izquierdista sí respeta la ideología surgida de su reconstrucción del siglo pasado, la derecha la traiciona usando para ello una polarización ideada para evitar el espíritu crítico. Los políticos han aprendido que les basta con abonar el miedo para someter a todo lo demás. Esto explica hasta qué punto los valores de la derecha, que tantos éxitos cosecharon otrora, han sido removidos por una corriente intervencionista, colectivista y autoritaria, que no se permite perder poder y control sobre los ciudadanos. Es interesante preguntarse, si todos quieren impuestos bajos, mercados libres y gobierno acotado, por qué ninguno los aplica. Estamos en un eterno partido de fútbol donde el penal está siempre mal cobrado para los propios, y frente a eso está mal visto pedir, sencillamente, a nuestro equipo que juegue bien. No hay conclusión luminosa para el dilema de Shapiro, pero así es como cae, desde que comenzó el siglo, la derecha. por Karina Mariani

Invierno demográfico: Japón como laboratorio
Resulta sencillo achacar las culpas a las condiciones económicas. La profesora de economía en la Universidad de Harvard, Claudia Goldin, ganó el Premio Nobel de Economía por estudiar «las brechas de género» pero a contramano de la narrativa falaz acerca de que las mujeres perciben menos dinero que los hombres por el mismo trabajo, fue hacia una explicación que es la base de una corriente mucho más corrosiva que un barato sofisma feminista. Sostuvo que hombres y mujeres tienen ahora niveles iguales de educación y que por lo tanto, el asunto de la desigualdad salarial quedaría zanjado. En cambio, la decisión de las mujeres de ser madres implica que no puedan aceptar trabajos que les impliquen una dedicación completa y exhaustiva y que renuncien, en consecuencia, a aspirar al tope de sus opción laborales por «culpa» de la crianza de los niños. Sin embargo, en sus estudios Goldin describe momentos históricos de alta tasa de natalidad en los cuales las mujeres estaban muy integradas al ámbito laboral. Si bien el trabajo de Goldin desmonta el mito feminista de la opresión salarial, sostiene a su vez que la formación de una estructura social institucionalizada para una procreación responsable, esto es «casarse y tener hijitos» es una forma de sometimiento femenino, a los ojos de la laureada economista. No llama la atención, es más, es en los círculos más educados y pudientes es donde abunda cierta perspectiva «ecológica» y «anticonsumista» que sostiene que tener hijos es una irresponsabilidad social. En consecuencia, la perspectiva económica, como se ve en el caso japonés que posee programas gubernamentales destinados a paliar económicamente el problema, es al menos parcial o está tergiversada. Existe una cuestión cultural que atraviesa la «mente común» de las sociedades que están decreciendo. Pero se trate de tradición, miedo, desconfianza, ideología, economía, hedonismo, aislamiento o cualquier otro diagnóstico o culpa que se quiera enarbolar, la cosa es que es una tendencia en progreso. Un mundo sin niños alrededor de los cuales se organice un sistema de vínculos protectores, eso que habitualmente llamamos «familia», se muere. Esto no es una defensa ética o política de «la familia» o de la «procreación» por cuestiones ideológicas. Es sólo una demostración de lo que ocurre culturalmente por negativizar dichos conceptos y por alejarlos del aspiracional. Es matemática, es biología. Es analizar el virus en el laboratorio, con Japón como el paciente cero. por Karina Mariani

Activismo menstrual la nueva locura woke
El activismo menstrual ha llegado para quedarse, en breve las plataformas políticas de todos los partidos se sumarán a los debates sobre «la menstruación como hecho político» y el Estado estará obligado a brindar productos de higiene menstrual como un «derecho adquirido». Quienes se opongan serán tratados de fachas y misóginos, y procurar deshacer el desaguisado será una propuesta contraria a la democracia. Empezamos contando la historia en tono de burla, pero se trata de una verdadera tragedia. por Karina Mariani

La claudicación británica frente al Islamismo
Si el laborismo logra imponer su definición de «islamofobia», y hacia esa ruta van todas las acciones de los últimos días, todas las críticas al islamismo político o militante serán consideradas racistas. Esto significa encubrir la amenaza del islamismo para no enfrentarlo abiertamente, y al mismo tiempo le da aire e impunidad y lo vuelve intocable. Esto es lo que muestra el escándalo del parlamento. Con la excusa de señalar a Anderson como «islamofóbico» silenciaron o matizaron las críticas al verdadero escándalo y en lugar de atacar la violencia en el parlamento, prefirieron rechazar y estigmatizar a los críticos del islamismo. Incluso estuvieron dispuestos a utilizar la ley para intentar silenciar a los críticos. ¿Quiénes son hoy la mayor amenaza en Gran Bretaña? ¿Por qué Rishi Sunak dedicó importantes tramos de su discurso a hablar de la extrema derecha si no venía al caso? No es la extrema derecha la que ha estado perturbando a Gran Bretaña desde el 7 de octubre del año pasado, amenazando a los ciudadanos, destrozando la ciudad e impidiendo que el Parlamento funcione. Estamos ante una clase política que tiene más miedo a ser llamada «islamóbofa» que a recibir amenazas de muerte o ser directamente asesinada. De hecho, ni siquiera se atreven a enfrentar la amenaza que los amenaza. por Karina Marani

Pac: La guerra contra los agricultores
Las políticas intervencionistas terminan en crisis humanitaria, no hay otro camino. El insostenible plan De la granja a la mesa, tiene una serie de objetivos que son casi un crimen contra la humanidad. Para 2030 (¡ay, ese numerito!), prevé la reducción de la mitad de los fitosanitarios (¡imaginemos si para el 2030 debiéramos reducir el 50% de la medicina que garantiza nuestra salud!), además de reducir el 20% de los fertilizantes químicos y del 50% de la venta de antibióticos para los animales de criadero (sí, quieren que los animales no se curen). Un estudio del Departamento de la Agricultura de Estados Unidos (USDA) considera que los planes De la granja a la mesa y Biodiversidad provocarían una reducción brutal de la producción agrícola europea. De forma gradual o acelerada, el plan es condenar al campo. La excusa puede ser el control de precios, la escasez, la abundancia, el frío, el calor, las especies en peligro, las políticas verdes o cualquier otra cosa que surja, la cuestión es mantenerse a flote en el poder. La batalla está planteada y el hambre siempre sirve como arma. Casualmente en el momento en el que la humanidad produce tanta comida como para alimentar a todos los que existimos, la oligarquía le declara la guerra a los que nos alimentan. por Karina Mariani

La hipersexualización de niños: ¿Es necesario explicar lo obvio?
Torrevieja no sólo es gobernada por un alcalde del PP, Don Dolón, sino que goza de una mayoría absoluta para poder gobernar, nadie le impuso este delirio. Urge comprender el bagaje ideológico del PP, un animal mitológico que no parece existir en la realidad, más allá de algunas consignas de campaña electoral que se descubren como cáscara vacía una vez que se las lleva a los hechos. Posiblemente el cálculo es que puede abrazar tantas posiciones de la izquierda como sea necesario, contado con que gana las elecciones a condición de no ser el PSOE, pero eventos como los contenidos en «Prometer hasta meter» ponen en evidencia la nula alternancia ideológica de la formación. La cultura woke tiene una obsesión con la sexualidad de los niños y con imponerla a la sociedad lo antes posible. Gracias a esa urgencia comete errores burdos que escandalizan hasta a la más adormecida comunidad. Pero que un partido que se supone opositor de las políticas sociales de la izquierda enloquecida imprima esas políticas por su propia y entera voluntad, sin que medien más presiones que se sumisión al paquete ideológico woke debería hacer sonar todas nuestras alarmas. ¿O es necesario explicar, también, esta obviedad? por Karina Mariani

Archipiélago Gulag: 50 años del libro que venció al comunismo
Esa obra magnífica que es Archipiélago Gulag detonó todos los argumentos a favor del marxismo. Consta de siete partes, organizadas en tres volúmenes. Los capítulos del primer volumen son: La industria penitenciaria y Perpetuum mobile. En el segundo volumen están: Campos de trabajo y exterminio y El alma y el alambre de espino. Finalmente el tercer volumen consta de: El presidio, El confinamiento y Stalin ya no está. Para cada propietario del libro, se trató de una bandera de libertad, una constatación rotunda de lo que era el comunismo soviético que regía las vidas de tantos millones de personas presas de un régimen nefasto. El sistema Gulag fue una herramienta de violencia masiva. Durante su funcionamiento, el Estado logró que los ciudadanos aceptaran su propia opresión, los adoctrinó para no protegerse, diseñó un modelo burocrático destinado a comportarse abusivamente contra quienes gobernaba, mantuvo el oscurantismo sobre cómo operaba, instaló una narrativa sobre la historia y la cultura y criminalizó cualquier expresión de duda o disidencia. Todo este sistema, tan brutal y poderoso, no obstante, fue derrotado. Solzhenitsyn sobrevivió a la URSS y prevaleció por sobre toda la tortura y la humillación gracias a un prodigio de voluntad, inteligencia y talento que se plasma en la obra que en estos días cumple años, Archipiélago Gulag, el libro que venció al comunismo. por Karina Mariani

Navidad, una arenga necesaria frente al suicidio de Occidente
La famosa sentencia de que “La libertad nunca está a más de una generación de su extinción. La única manera de que hereden la libertad que hemos conocido, es si luchamos por ella” puede aplicarse perfectamente a la tradición occidental y decir: “La cultura occidental nunca está a más de una generación de su extinción. La única manera de que hereden los valores que hemos conocido, es si luchamos por ellos”. Ocurre que la cultura occidental influyó en todo el mundo, pero no es la de todo el mundo y ni siquiera es un aspiracional de todo el mundo. Un rápido escrutinio por las opciones posibles serviría para justificar una defensa cerrada de lo conseguido, sobre todo para no tener que vivir bajo alguna de las alternativas. Justamente, Frank Capra fue un propagandista de ese estilo de vida que reflejaba los valores occidentales cuando Occidente aún se enorgullecía de su epopeya civilizatoria. Hizo otros trabajos magníficos antes del clásico navideño It’s a Wonderful Life. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra mundial realizó la serie documental llamada “Por qué luchamos” (Why We Fight) una obra fundamental para desafiar la propaganda nazi instalada en todo el mundo y generar la autoestima necesaria para pelear por los valores que consideraba buenos y justos. Se trata de un trabajo de auténtica propaganda política en defensa propia y una estrategia actualmente desestimada y hasta tachada de incorrecta, y sin embargo altamente recomendable si se pretenden defender esos valores que sólo pueden existir en esta castigada cultura nuestra. Una arenga necesaria frente al suicidio de Occidente, que funcione como un ángel de la guarda que nos muestre cómo sería el mundo si la tradición judeocristiana no hubiera existido y nos recuerde «por qué luchamos». por Karina Mariani

Sánchez el neoperonista
Si Pedro Sánchez está adoptando con tanta naturalidad el manual del peronismo aplicado, no es porque esté comprando «carne podrida». Lo hace porque sabe que esta receta, que necesariamente conduce al quebranto, asegura varios años de poder ilimitado, apoyo internacional y una sociedad convertida en ganado lanar tan dependiente y enfrentada que es casi imposible que se pueda librar de sus cadenas. Argentina lo intentó en 2015 y volvió a caer en las manos del mal. Este domingo empezó su doloroso segundo intento, luego de tocar fondo. Ojalá a los españoles no les tome 20 años sacarse de encima esta peste y termine cuanto antes el sanchismo, esta nueva versión del peronismo. por Karina Mariani

Posperiodismo
La amnistía del PSOE al separatismo golpista, la pertinaz alarma contra las opciones políticas que no responden al progresismo o la remanida calificación de «ultra», y el sentencioso sesgo antiisraelí que responde a la izquierda política mundial, no son un fenómeno aislado sino un progresivo síntoma de lo iliberal que se está volviendo el trabajo periodístico en los medios tradicionales. Cuando Weiss debió renunciar al NYT, en su carta supo retratar algunas de las taras que asolaban a la profesión y que desde entonces no han parado de crecer. Escribió que existía un nuevo consenso en la prensa por el cual la verdad se había convertido en «una ortodoxia ya conocida por unos pocos ilustrados cuyo trabajo es informar a todos los demás» y agregaba «Siempre me enseñaron que los periodistas estaban encargados de escribir el primer borrador de la historia. Ahora, la historia en sí misma es una cosa más efímera y moldeada para ajustarse a las necesidades de una narrativa predeterminada». Nada como estos tiempos convulsos para comprobar cuánta razón había en aquella renuncia. por Karina Mariani

Antisemitismo Woke
El mundo occidental cerró filas con Israel por poco tiempo. De la forma en la que vemos crecer al antisemitismo woke, probablemente se instalará como cualquiera de los Ítems de la agenda progresista que se mueve por carriles que ni siquiera estamos registrando y volveremos a ver al pueblo judío luchando en solitario. Israel deberá encarar, para sobrevivir, la tarea que Occidente no está dispuesto a hacer, ni para salvaguardar sus valores, ni a su juventud, ni a su dignidad, ni siquiera a unos miserables carteles con las fotos de sus víctimas. Con el correr de los días y el avance de la guerra, los países occidentales van a menguar su apoyo a Israel. Dos poderosísimas bestias se han asociado contra el diminuto país judío: el wokismo y el antisemitismo, las dos fuerzas que más odian a Occidente. Se ha consagrado, finalmente, el socialismo de los tontos.

Odian a Israel, odian a Occidente
Lo que ocurrió el sábado no fue el habitual intercambio de cohetes. Los hechos muestran cómo es el terrorismo cuando se siente empoderado, libre, cuando no teme al enemigo, cuando se sabe poderoso. La crueldad de esta última operación demuestra que el odio ha trastornado irremediablemente sus mentes. Todos los análisis políticos, geopolíticos, culturales y económicos son muy útiles para explicar la coyuntura, pero es fundamental, para comprender esta pulsión asesina, ser conscientes de los objetivos eliminacioncitas, a largo plazo, del terrorismo islamita. Ya no debe considerarse como una lejana amenaza a la paz y la estabilidad regional. Lo que pasó el sábado fue como soltar a ISIS en un jardín de infantes. En paralelo aparecen manifestaciones en apoyo a las acciones de los terroristas en el corazón de occidente. Son los niños de los países que toleran estas manifestaciones los que están siendo torturados en algún sótano en Gaza. Y aun así se los justifica. Hemos estado durante mucho tiempo bajo las garras de la complacencia, pensando que el conflicto era una simple disputa territorial, sin entender que Hamás, ISIS o cualquier otra marca de la misma ideología nos detesta a todos y que Israel es sólo un eslabón más. Si Israel flaquea, el terrorismo desenfrenado avanzará a sus anchas como avanzaron los invasores este sábado, pero en el resto del mundo. Por eso, acabar con Hamás sería una bendición para la humanidad, incluyendo a los palestinos que viven bajo su yugo en ese santuario terrorista. El apoyo a Israel puede ser fuerte y ayudar a que la tarea sea exitosa, o puede menguar bajo la presión del wokismo internacional y que el trabajo quede, de nuevo, a mitad de camino, como pasó en los últimos años. De lo que podemos estar seguros es que, aunque hagamos como el avestruz, el odio a occidente va a permanecer ahí, inmóvil y agazapado. Por Karina Mariani

La cloaca del financiamiento de la casta
Resulta imposible para Kicillof explicar cómo no se dio cuenta de que su jefe de Gabinete se ausentaba sistemáticamente y que llevaba una vida de sultán. Alegar desconocimiento sugiere que Insaurralde no reportaba al gobernador y que además tenía un manejo del entramado de poder real muy superior al propio gobernador. Un golpe terrible a la imagen del único candidato competitivo que tiene Cristina en esta elección. También resulta una estocada a su capacidad de gestionar las pulsiones de un peronismo en desbandada, que es cainita si se siente acorralado y que es capaz de generar infinitas traiciones y zancadillas si no tiene un jefote al que reportar. El golpe a Insaurralde es un golpe a Kicillof y sobre todo a Cristina, y es impredecible el alcance de este «grave error» y sus consecuencias. Mientras tanto la población mira el espectáculo sumida en la pobreza y la desesperación. El deterioro de las instituciones argentinas es mayúsculo. Los cuerpos legislativos son meras cajas políticas como lo demuestra el «ChocolateGate», y la casta política es protagonista o cómplice por omisión, de los miles de «insaurraldes» insertos en los entresijos del poder. La desnaturalización sufrida por el sistema democrático lo ha convertido en una cueva de chupasangres. Todo Estado elefantiásico es una satrapía y Argentina está llena de sátrapas. En este contexto ruinoso, el 22 de octubre se elige el nuevo presidente. por Karina Mariani

Plurinacionalidad
Occidente, único lugar donde el respeto a la diversidad cultural es un valor y está garantizado, sufre a la vez un sentimiento de culpa sobre su historia y la evolución de sus valores. Es curioso que su principal virtud sea la clave de su vergüenza y que no se permita medirse en comparación con el resto de culturas. Un rápido escrutinio comparado permitiría poner blanco sobre negro acerca del respeto a “lo diverso” que implica el mito refundacional de la plurinacionalidad y los violentos peligros que engendra. Esta guerra semántica que busca torcer el significado del concepto pluralidad, es una nueva ilusión dialéctica que no pretende descentralizar sino ampliar mecanismos de control centralizado que en un ordenamiento republicano serían imposibles. Por eso, en los países que vienen aplicando este neoparadigma político no existe ni más autonomía, ni más libertad ni más respeto. El relato victimista que dio lugar al concepto de plurinacionalidad, con un supuesto centralismo que agobiaba a la diversidad y que impedía la democracia, fue la excusa para que el castrochavismo se hiciera con el poder y asfixiara la alternancia. Ahora la plurinacionalidad, que no es otra cosa que Socialismo del Siglo XXI, toca la puerta de España. por Karina Mariani

Rishi Sunak y la omertá del Net Zero
La batalla está en curso, han pasado pocos días y Sunak aún se mantiene firme. Burlonamente ha declarado algo evidente pero inaceptable para una sociedad infantilizada: «No se llega al cero neto simplemente deseándolo; pero eso es lo que han hecho los gobiernos anteriores», disparó Rishi doblando la apuesta contra la catarata de denuncias, críticas y demandas que tiene enfrente. Ha hecho una jugada sutil y audaz, no gritó ante la multitud que el rey está desnudo. Sólo se alejó, ingeniosamente, para no salir en la foto del monarca nudista y poder decir al final del día: «yo les avisé». Ha sido valiente al desafiar la omertá del Net Zero, pero ahora sabe que su cabeza tiene precio, la red invisible del poder verde opera en muchas y profundas direcciones y no es sólo su puesto lo que puede perder. Deberá demostrar ser un gran estratega, caso contrario será sacrificado en el altar del dogma climático. por Karina Mariani

Canadá: el parque temático ‘woke’ que debe servir de advertencia
Trudeau en sí mismo es una atracción, tal vez la más vistosa, del parque temático woke que a toda velocidad se ha impuesto en Canadá. Su comportamiento muestra el patrón de la progresía enloquecida, que se va haciendo con el control de las instituciones de las democracias liberales corrompiéndolas hasta los huesos. Es incapaz de tolerar la disidencia, divide al país, polariza y opera excluyendo y cancelando a aquellos que no siguen su relato, para luego llamarlos fascistas, racistas, peligrosos para la democracia y todo el menú de insultos progresistas. Mientras el parque temático woke florece, el país real, el que alguna vez fue ejemplo de concordia y amabilidad, la Canadá próspera, se estanca y sufre. El país enfrenta una economía amenazada por las leyes diseñadas precisamente para provocar una paralización, con una sociedad polarizada, humillada y amedrentada. Canadá ha pasado a ser una lección y una advertencia de lo que sucede cuando se deja a los ingenieros sociales, borrachos de poder, modelar la vida de las personas según su ideología narcisista. Su historia debería servir de advertencia para Occidente, el wokismo quiebra empresas, sí, pero también quiebra naciones y corazones. por Karina Mariani

Los 70 y sus demonios
Bien haría todo el arco político en revisar sus desfalcos, sus alianzas, sus difamaciones, y sobre todo los mecanismos con los que atentan contra el ordenamiento democrático apedreando congresos, quemando edificios y estaciones de subte, cortando rutas y amenazando ciudadanos, usurpando tierras y proclamando integrismos étnicos o religiosos, corrompiendo la igualdad ante la ley, creando privilegios y leyes que consagran el derecho penal de autor, gerenciando movimientos sociales para amenazar la gobernabilidad y creando organismos internacionales para influir en las constituciones de los países. En esto, de nuevo, Argentina no es la excepción. Es urgente situar a Argentina en el contexto mundial para ver cómo estos fenómenos se replican en la región y dejar de contar la historia con un ojo en el ombligo. No es entendible la actualidad sin analizar la complejidad del setentismo y la vigencia de sus demonios. Esta forma de autopensarse no es exclusiva de los sectores de izquierda o peronistas, sino que fue adoptada por la mayoría casi absoluta del arco político. Cabe preguntarse si para soltar el setentismo no sería prioritario soltar primero este corpus simbólico que parasita el universo cultural, enfrentar a los matones de una vez, dejar de financiarlos, de justificarlos, de idolatrarlos, y sobre todo, de darles una entidad política que jamás merecieron. por Karina Mariani

Virgos vs. Meados: Endgame
La cosa es que virgos y meados comparten la conciencia colectiva del fracaso argentino. Ninguno cree que estamos bien, creciendo al 16%. No creen que vivir de la limosna estatal sea un objetivo, ni creen que existió la década ganada. Los políticos pueden decir lo que quieran, pero virgos y meados saben que el desastre que se viene lo van a campear ellos, no los políticos, ni siquiera los que mejor les caen, los desastres cometidos van mucho más allá de las peleas partidarias. Es triste ver cómo llegamos hasta aquí, y más triste pensar cómo se sale de un enfrentamiento tan peligroso como desgastante entre quienes (guste o no) están en la misma vereda. Porque los políticos van a pasar, pero luego de este largo suplicio con forma de carrera electoral que termina el 10 de diciembre, poquísimos días después durante las fiestas, virgos y meados se van a tener que sentar a la misma mesa, a comer juntos el mismo pan dulce. Y ningún político va a brindar por ellos.

El etiquetado frontal y las consecuencias del Estado Niñera
Las legislaciones invasivas, creadas al unísono en todo el mundo por estos furiosos bienhechores que nos están robando el derecho inalienable de tomar nuestras propias decisiones, nos convirtieron en una sociedad infantilizada. Pero incluso en la excusa de protección a los niños subyace una profunda contradicción: prohíben la publicidad de golosinas dirigida a menores bajo pretexto de “defender sus intereses frente a los de la industria alimentaria”, al tiempo que consideran que un menor es lo bastante maduro como para tomar la decisión de someterse a un tratamiento de hormonas o a mutilaciones irreversibles. En resumen, le atribuyen a los niños la madurez suficiente para mutilar su cuerpo pero no para ver un muñequito en el envase de un producto azucarado. Maduros para ver shows de drag queens pero no para ver animalitos en una caja de cereales. El deseo de interferir en todos los aspectos de nuestra vida bajo el ardid de “la salud” tiene como objetivo regular el comportamiento, en consecuencia, sería oportuno resolver cuál es el alcance del rol de los políticos a la hora de determinar lo que la gente puede elegir. El etiquetado frontal global pone de manifiesto la repugnancia que le da a esos mismos políticos la libertad y la responsabilidad individual. De hecho, el Estado Niñera niega a los individuos su capacidad para evaluar sus propias decisiones y por eso ningún ámbito del consumo y del estilo de vida se salva de sus propósitos de regulación. La pregunta es qué vendrá después, ya que el Estado Niñera jamás ha retrocedido. por Karina Mariani

El socialismo del siglo XXI El lawfare y Bergoglio
Jorge Bergoglio no eligió a cualquiera para moldear su poderosa estructura de lobby, no sólo eligió representantes de la izquierda más radicalizada, sino que no tuvo empacho en ingresar a la plana vaticana a los personajes más cuestionados por su trayectoria política, profesional y ética. Como brazo jurídico del Socialismo del Siglo XXI, eligió voceros que le aseguren (a toda velocidad) la capacidad de influir en los procesos judiciales que los mandatarios puedan enfrentar si la voluntad democrática de los pueblos les es adversa. Asimismo, con el COPAJU se asegura la imposición de la agenda izquierdista más allá de la independencia judicial de cada país. No es casual la incorporación de Zaffaroni en su proyecto, no por nada el polémico juez describe así su filosofía: «Cada sentencia es un acto político. Mentira que podemos ser neutrales, mentira que podemos ser imparciales. No podemos ser ni apartidarios ni aideológicos, porque no hay ningún ser humano que sea así, y si lo hay, es un ser patológico, no es un juez. Asumamos nuestra responsabilidad, tengamos conciencia de lo que debemos hacer y sigamos luchando«. Zaffaroni, el juez preferido del kirchnerismo, tiene ahora por decreto de Bergoglio, cargo propio dentro de la Iglesia Católica como cuidador de los valores del Socialismo de Siglo XXI. por Karina Mariani

Los Oscar de Hollywood han muerto, ¡viva el cine!
Hay una vigilancia constante del arte en todos los ámbitos, y esto realmente parece ser lo que se busca. Lo que subyace además de la implantación lisa y llana de cuotas y cupos que es lo que la izquierda viene haciendo en todos los otros ámbitos de la vida, es una forma de controlar quién puede contar qué historias. Los savonarolas dentro de BAFTA, la Academia, los Globos de Oro, LAFTA, Spirit, etc, lograron imponer sus deseos, pero los espectadores simplemente se alejaron de ellos. Las películas más exitosas de los últimos tiempos son las que no cumplen con sus requisitos. Las recientemente estrenadas Oppenheimer, Sound of Freedom o Top Gun son las que realmente rinden beneficios frente a los fiascos complacientes que no dejan de fracasar. Estamos justo en el momento antes de que el péndulo comience a oscilar y los productores de películas quieran volver a ganar dinero con ellas. La preferencia de las personas se ve en la taquilla, es la prueba de que no ha muerto el cine, aunque posiblemente hayan muerto los premios Óscar. Porque el arte, como la verdad, siempre quiere ser libre. por Karina Mariani

Francia, la extinción de una sociedad que revive el 68 en bucle
Lo que en el mundo cruje hoy, las polarizaciones y las grietas, las agendas totalizantes, las elites ensimismadas drogadas de poder, las masas ovejunas encerradas durante años por miedo al clima, a la enfermedad o al otro, el imperio de la autopercepción y la arbitrariedad son todos brotes de una simiente delirante que también comenzó en Nanterre y que en medio siglo dominó al mundo. Bajo el empedrado no estaba la playa sino una esclavitud que no tiene parangón en la historia porque nunca fue tan unánime, tan ubicua, tan calcada, tan viral. Una sociedad que construyó su narrativa alrededor del «prohibido prohibir» hoy tiene prohibido el uso de su propio dinero, la soberanía sobre su propio cuerpo, su libre circulación, su acceso a la información, la libre investigación científica, el libre comercio, la libertad de conciencia, la libertad de expresión y la búsqueda de la propia felicidad. Dijeron «Seamos realistas, pidamos lo imposible» y consiguieron que nada sea posible, ni siquiera la defensa de la propia existencia. por Karina Mariani

El hampa política o la conexión del periodo electoral entre España y Argentina
El Hampa Política recarga su poder en temporada de elecciones, funciona así porque no entendemos lo básico, cualquier cosa que El Hampa Política prometa es algo que deberá quitarnos antes, y cualquier cosa que ofrezca será menos de lo que nos haya quitado. Y en temporada de elecciones promete y ofrece mucho así que ahí tenemos la medida de lo que nos van a estafar. Hay votantes que piensan que deben resignarse a esto, cada persona sabe cuándo y dónde librar sus batallas. Pero si por las dudas tenemos ganas de probar hacer por una vez algo distinto, entonces busquemos candidatos que no nos prometan ni nos ofrezcan cosas como si fueran los Reyes Magos, que estén dispuestos a perder poder, corajudos, que no brinden soluciones mágicas para realidades complejas, que aprecien el éxito difícil, que entiendan el tablero y que no tengan la llegada al gobierno como único factor de cambio. Es difícil la búsqueda y mucho más lo es salir del rol de espectador al que nos relegaron en La Fiesta de La Democracia, tratemos al menos de no pasar inadvertidos en esta lunática y desafiante velada. por Karina Mariani

Deconstruyendo a Larry Fink, consejero delegado de BlackRock
La inversión con criterios ESG en los Estados Unidos se ha convertido en una guerra política que ha alcanzado niveles insólitos. Por otra parte, ya se insinúa la posibilidad de una burbuja financiera alrededor del mercado de las energías alternativas, mercado hacia el cual los apóstoles ESG vienen dirigiendo la inversión a través de los fondos citados y de calificadoras dedicadas al tema. Los paralelismos con el escándalo de las calificadoras de riesgo hipotecario de hace poco más de una década están flotando en el aire. Paradójicamente, Larry Fink lamenta la politización que sacude a los criterios ESG como si no hubieran sido criterios políticos en primera instancia. Es muy signo de estos tiempos el tirar la piedra, esconder la mano y a la postre victimizarse porque alguien intente defenderse del piedrazo. ¡Pero es que empezaste tu, Larry picarón! Fisk se siente fuera de foco porque su juguete se ha convertido en el centro del debate político y se ha mostrado preocupado por la actitud de los detractores de la narrativa oficial que había impuesto con el inestimable aporte de burócratas y políticos, siempre tan dispuestos a escuchar los cantos de las sirenas adineradas. El problema es que ya la gente lo ve desenfocado, entonces ahora no quiere pronunciar más el vocablo ESG. Tan molesto está que seguramente va a inventar algún nuevo rebranding de su conveniencia, después de todo, los criterios ESG han sido simplemente otra forma de marketing, pero una forma muy poderosa, tal vez la campaña de marketing más poderosa de toda la historia. Por Karina Mariani

‘Educación sexual integral’ o cómo usar a los niños para el cambio cultural
Finalmente, no hay que olvidar que si se respetan a rajatabla las disposiciones de ONU en la ESI sobre perspectiva de género, identidades sexuales, autodeterminación y afirmación de género (incluyendo dentro de este concepto las terapias tempranas de «afirmación de género percibido» como hormonización e intervenciones) los padres se pueden convertir, a los ojos del poder, en molestos enemigos de dicha autoafirmación. No debe descartarse, porque ya ha pasado, que se distorsionen los objetivos y en lugar de detectar reales abusos la ESI sirva para denunciar a aquellos padres que se opongan a tales terapias en menores de edad. Aceptar la «Educación sexual integral» no es proteger a los niños ni de abusos, ni de enfermedades ni de embarazos, es simplemente descartar la educación sexual para imponer una visión política sobre la cuestión sexual a niños a modo de dogma. Es increíble que la humanidad caiga una y otra vez en la misma trampa retórica. Pero, si por no discutir y no complicarse la vida, finalmente se acepta que el poder político sea el custodio y preceptor de la educación y orientación sexual de los niños, y que esto sea uniforme sobre la totalidad de los niños de los países miembros de ONU, caben un par de preguntas para hacerse al apoyar la cabeza en la almohada: ¿De qué Estado estamos hablando, del manejado por ordenamientos democráticos o de Supraestados ordenados por jerarquías tecnocráticas? y sobre todo: ¿Tendrá reservado ONU algún rol al entorno familiar de los niños o finalmente pasarán los pequeños a ser una cuestión de Estado? por Karina Mariani

Programa Los Incorregibles
Radio Fenix Uruguay Columna de Karina Mariani 5 de julio de 2023

La Universidad Johns Hopkins en EEUU borra de su glosario la palabra mujer
El ambiente universitario está cada vez más condicionado por la intolerancia ideológica convertida en dogma. Jonathan Haidt y Greg Lukianoff publicaron su famoso «The coddling of the american mind» hablando sobre el mismo fenómeno: ese totalitarismo de los ofendidos siempre atento a encontrar la disidencia necesaria para arruinar una carrera y condenar al ostracismo a un profesor o investigador. Joseph Manson, profesor de antropología en la UCLA de California publicó Por qué me voy de la universidad explicando que había decidido renunciar porque «la toma de posesión de la educación superior por parte del movimiento Woke ha arruinado la vida académica». Un artículo reciente en Inside Higher Ed cita la encuesta de 2022 de directores académicos, que expone cómo los miembros de las facultades se están yendo a tasas significativamente altas dado que abunda la división política, las controversias sobre la libertad de expresión hasta los ataques e intromisiones gubernamentales sobre lo que se puede enseñar. El mundo universitario se está rindiendo. Los amantes de la verdad, de la independencia y del pensamiento crítico están perdiendo la batalla. El ataque a las universidades está minando su propia razón de existir. «Los años de universidad se acortan, la disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorados» Fahrenheit 451, Ray Bradbury por Karina Mariani

Una salud para gobernarlos a todos
Las pandemias reales no son comunes y no se están volviendo más comunes, como señaló la OMS en 2019, se trata de eventos raros. Han ocurrido aproximadamente una vez por generación durante los últimos 120 años y la mortalidad se ha reducido drásticamente. El evento COVID-19 se destaca de las pandemias anteriores no por su gravedad sino debido a las respuestas agresivas y desproporcionadas recomendadas por OMS en contra de las pautas existentes de la misma OMS. Los daños de estas respuestas son enormes y aún se están listando, tanto en la salud, como en la economía y la estabilidad política mundial. Vale decir que a partir de una rareza histórica, como reconoce la OMS que son las pandemias, se está impulsando un proceso de sumisión inmediato que, por lo pronto, garantizará la repetición de los desastres cometidos en la respuesta covídica. La agenda pandémica no puede exceptuarse del claro sistema de las transferencias de ganancias y riqueza sin precedentes en el contexto geopolítico y de la suspensión criminal de los derechos y garantías que ojalá, algún día, tenga su merecido juicio y castigo. Esta iniciativa, que van a debatir los liberticidas de siempre durante todo este año, revertirá la dirección de la salud pública internacional retrocediendo hacia un autoritarismo colonialista sin precedentes. La excusa ya fallida de la salud busca imponer una gobernanza apoyada en los valores que el mundo creyó haber archivado luego de la segunda mitad del siglo pasado. El Tratado tendrá un impacto nefasto en toda la sociedad, eliminando derechos, aumentando la pobreza y atentando contra todo ordenamiento democrático. Queda sólo un año para enfrentar la locura y buscar un poco de sentido común, luego: «Es peligroso, Frodo, —dijo Gandalf— cruzar la puerta. Pones un pie en el camino, y si no cuidas tus pasos, nunca sabes a dónde te pueden llevar». por Karina Mariani

Kirchnerismo, 20 años en el país de los ciegos
Si todavía, casi 80 años después, resulta difícil explicar el ascenso y vigencia del peronismo, imaginen, amables lectores, cuánto más complicado es hacer lo propio con un designio en curso, vivito y coleando: el kirchnerismo. Es que, para hablar del kirchnerismo, es necesario dar cuenta de sus múltiples esquinas: la política, la histórica, la criminal, la sociológica, la psicológica, la estética, la antropológica, la económica. Esta cronista ruega a fe, como el honrado Puck, que no se agobien de antemano por enfrentar esta descripción que no dejará de parecer una novela trágica. Y, si este relato tiene la fortuna de escapar del silbido de la serpiente, procurará entretenerlos, entre tanto. De lo contrario, llamadla embustera. por Karina Mariani

Influencers degustando cucarachas o el turno de la distopía alimentaria
La lucha de los granjeros de los Países Bajos debería ser una enorme bandera roja, una señal de alarma ante un proceso mucho más grande. Christianne van der Wal, ministra del gobierno neerlandés, aseguró en el Congreso respecto de las expropiaciones a las que los sometieron que: «No hay ninguna oferta mejor que la del Gobierno» y afirmó que las «compras obligatorias se harían con todo el dolor en el corazón», si fuera necesario. Se trata del mayor exportador de carne de Europa y uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo, la saña con estos granjeros no es casual. Al mismo tiempo la UE impone su agenda a países de América inventando restricciones a la compra de alimentos disimulando, detrás de una mascarada verde, un proteccionismo obsoleto y un colonialismo regulatorio. Las mismas o similares medidas se están implementando en otros países europeos, donde los gobiernos están alentando a los agricultores a abandonar sus propiedades y medios de vida en favor de industrias sustentables. Es claro el colapso que se provocará en el rubro de alimentos en un momento en que el mundo enfrenta los problemas, en el sector, provocados por los cierres, las cuarentenas y la actual guerra ruso-ucraniana. Resulta ridículo y procaz que justo en el momento en que nuestro desarrollo como especie consigue el hito de poder producir todo el alimento necesario para los miles de millones que somos, un puñado de obsesos nos quiere convencer de que renunciemos a eso para comer gusanos y cucarachas. El turno de la distopía alimentaria es eso, un intento ridículo y procaz, uno más para controlar tantos aspectos de nuestra vida como sea posible, desde nuestros datos de salud, pasando por nuestros ahorros y compras, siguiendo por nuestra movilidad, nuestra privacidad hasta llegar a la comida que comemos. por Karina Mariani

Terrorismo identitario, ¿tiene límites la autopercepción?
Si al igual que todos los otros rasgos de identidad, la edad no es más que una construcción social, y esto es lo que plantea la transedad, el hecho de que alguien pueda ser biológicamente mayor o menor de 18 años, no significará necesariamente que se identifique con esa edad. Entonces, si un niño puede sostener que se identifica con otro género y ser sometido desde tempranísima edad a tratamientos que afirmen su autopercepción, ¿por qué no podría un niño igual de pequeñito autopercibirse como de 35 años y así consentir prácticas sexuales, consumo de drogas, mutilaciones o la participación en un crimen? Con una edad mayor que su «cronoedad» que además fuera fluida, ¿cuál sería el límite? La ideología y narrativa basada en la autopercepción como constructora de colectivos es terrorismo identitario. Es frágil y endeble como un castillo de naipes, y si se toca uno sólo de los naipes se cae ese andamiaje falsario en el que todas las categorías citadas se sostienen entre sí. De manera tal que no veremos ni un centímetro de retroceso en sus ideólogos, ni siquiera frente a las peores aberraciones e injusticias. El terrorismo identitario sólo puede correr hacia adelante y doblar la apuesta. De nuevo, el cielo es el límite. por Karina Mariani

La Humanidad no es una plaga; los eugenésicos, sí
«La urgencia de salvar a la humanidad es casi siempre un falso frente para el ansia de gobernarlo», decía Henry Louis Mencken. ¿Cómo es que intelectuales, políticos, científicos y artistas siguen con el mismo cantito, y sobre todo: por qué encuentran tanta amplificación mediática?. Posiblemente la respuesta se encuentre en que el pánico artificialmente generado demanda control y eso les seduce. Pero los sistemas complejos, como nuestra sociedad, no necesitan control ni son dables a la planificación para su funcionamiento, por tanto, lo que les asusta es la libertad, y eso no cambia aunque pasen los siglos. La paradoja malthusiana se encuentra en que cuantas más personas somos, más ingenio individual y cooperativo hay en el mercado. La sociedad humana se corrige a sí misma, más somos, más recursos tenemos, más mejoramos la vida, más luchamos contra la enfermedad. Los recursos no son limitados porque no lo es el ingenio humano. No somos plaga, somos nuestra propia bendición. Las evidencias saltan a la vista, cada vez menos pobres, más alimento, más agua potable, más años de vida. ¿Puede Beato, en su erudición, desconocer esto? No parece probable, sin embargo se suma al concierto de los que proclaman «cercenar la expansión de la plaga humana», aunque por cierto nunca empiezan por casa a aplicar sus recomendaciones. La eugenesia sigue vigente porque es un instrumento más de la ingeniería social, de esa ideología que pretende diseñar a la sociedad, arrogarse el derecho de decidir qué cosa es el bien común, qué cosa es la felicidad, que cosa se debe RESETEAR. Un mero mecanismo de control que demanda, fanáticamente, que nos autopercibamos una plaga. Acá hay otro resabio nazi, el de repetir una mentira hasta que algo quede, old habits die hard. por Karina Mariani

Columna semanal en programa de radio Los incorregibles (Uruguay)
Radio Fénix Uruguay con Gastón da Cruz, Javier Bonilla y Horacio Lamparielo Columnista Karina Mariani Miércoles 17/5

Salve al planeta, cancele la «agenda verde»: análisis de un delirio occidental
Actualmente la energía eólica y la solar alcanzaron el 12% de la electricidad necesaria mundial en 2022, según el último informe ‘Global Electricity Review’ elaborado sobre datos correspondientes a 78 países, los cuales representan el 93% de la demanda mundial. El citado informe de JP Morgan indica que la demanda mundial de petróleo no va a disminuir en los próximos 20 años, pero seguramente evolucionará hacia productos más eficientes si no se llena al mundo de obstáculos para su crecimiento. Todo progreso conseguido en materia energética se logró a pesar de la agenda climática y no como consecuencia de ella, y aún cuando se diera por bueno el paradigma climático defendido por ONU, considerando que países como China e India son los principales emisores del globo y que no están dispuestos a sacrificar un ápice de desarrollo para cumplir agendas empobrecedoras, la tiranía verde aplicada a los países que apenas emiten, carece por completo de sentido. Para sorpresa de nadie, quienes promueven la alarma climática procuran disimular estos datos fundamentales. A lo mejor para esto servía hacer del ecologismo un dogma religioso. Tal vez sea hora de terminar con medio siglo de una «agenda verde» hipócrita, histérica, proteccionista y jactanciosa que ha conseguido empobrecer y esclavizar a Occidente, y sólo ha beneficiado a un enjambre de ONG succionadoras de subsidios, y a las capas y capas de burócratas «especializados». El crecimiento de la población y su búsqueda de prosperidad y bienestar no se van a detener, es momento de hacérselo entender al ecologismo desquiciado. por Karina Mariani

Dylan Mulvaney o la crueldad del «capitalismo moralista»
El «producto Dylan Mulvaney» pasará de moda. Ojalá Dylan ahorre un poco. El «capitalismo moralista» seguirá su curso hiperadaptado al dogma woke, un dogma tan controlador y frustrante que con su sola existencia ha desarrollado una opresión irrespirable. No hay duda de que esta locura, este fanatismo y este sinsentido hacen ruido. Tiene que levantar alguna incomodidad que se convierta en una estrella de la opinión pública una persona cuyo mérito es transmitir, en vivo, la forma en que toma medicamentos. Pero no es Dylan, Greta o las tortugas marinas el centro del problema. De nuevo, son ofrendas sacramentales. La cuestión es si la incomodidad social, ante el avance de la normatividad woke irá más allá de un par de semanas de no afeitarse con Gillette o de dispararle a una lata de Bud Light. Porque si se trata sólo de estas acciones, estamos ante la picadura de un mosquito en el trasero de un hipopótamo. Gillette y Nike lo saben, por eso siguen su camino de adaptación sacrificando un par de dólares, un par de clientes y un par de víctimas sacramentales. Se entiende que no hay boicot lo suficientemente fuerte como para hacerlas desistir de los beneficios de las normas DEI y de la moralina pegajosa que ha atrapado a tantas compañías. Se preguntaba Quintana Paz si este era el mundo en que queríamos vivir, un lugar donde los burócratas y los CEO corporativos dictaminen la ética pública. A la luz de los resultados cuatro años después, viendo cómo el «capitalismo moralista» se ha hiperacelerado, pareciera que la respuesta es SÍ. Tal vez la solución no sea atacar las consecuencias sino las causas, por una cuestión de lógica y también por simple eficiencia. No es por el lado de atacar la decisión privada como se cambia esta distopía, es en el marco decisional del ciudadano, vale decir: la política, donde se deben hacer los boicots. Sin los amañados criterios coercitivos de la liturgia woke, sin acciones afirmativas en favor del activismo identitario, sin leyes que atenten contra la igualdad ante la ley, sin dejar que el poder público ingrese a la vida privada de los ciudadanos; se termina el «capitalismo moralista» y su normatividad colonialista. Y el marketing empresarial deberá volver a mirar al mercado, a competir por la calidad de sus productos y no por el favor de un par de maníacos con Síndrome de Hubris. por Karina Mariani

De automóviles y gorriones
No explicar claramente la imposibilidad de que la electromovilidad reemplace al automóvil tradicional en cantidad y precio no es casual. Demonizar el uso del combustible fósil como si se tratara de un capricho de contaminadores locos y malvados permite ocultar la importancia social y económica que representa la energía barata en el desarrollo de nuestras sociedades. No hace falta ser un genio para conocer los límites de la transición energética, la corrupción que surge de las regulaciones e incentivos «verdes» y el inevitable encarecimiento que está volviendo a la energía un producto apto sólo para ricos. Es claro quienes serán los que van a sufrir las consecuencias de las políticas públicas extraviadas. La política centralizada y coordinada de exterminio de la movilidad particular expone algo más: el ejercicio descontrolado del poder. Obligar a las personas a regresar a la dependencia es afianzar el paternalismo como voluntad autoritaria por sobre sus preferencias y derechos, bajo falaces acusaciones de insolidaridad. Lo que se oculta es el hecho de que la propiedad privada es el mayor motor moral y civilizatorio, así como el más importante factor de desarrollo de la vida cívica y familiar. Sin este incentivo, empobrecidos, sin movilidad y aislados, se refuerza la dependencia y se anula la capacidad de oposición. En una sociedad libre, las transiciones de cualquier orden están determinadas de abajo hacia arriba, todo lo demás es un delirio de totalitarios. La historia es bien conocida. por Karina Mariani

La arbitrariedad y la furia contra la condición femenina
La reivindicación feminista es hoy un campo de batalla furioso, un hervidero de odios antagónicos entre sí. Porque si todo es mujer, nada es mujer. Si ser mujer es una construcción social, no existe el machismo estructural. Si es fascista oponerse a que una niña comparta un vestuario con un varón adulto, pronto será delito denunciar los abusos de los autopercibidos mujeres. Si se puede ser acusado de transfobia por negarse a salir con una persona trans pronto esa libertad será delito. Si la condición femenina depende de la autopercepción de cada sujeto, la mujer como sujeto desaparece y del mismo modo sus derechos. Si la mujer desaparece como realidad social pierden sentido de las leyes que la protegen. Auckland o Nashville no son más que una muestra de la supremacía de género creando una realidad artificial dedicada a intimidar y acosar, cuyo hilo conductor es una ideología basada exclusivamente en el voluntarismo, la intolerancia y la frustración instauradas como derechos humanos. Este totalitarismo desbloquea una nueva dimensión de la arbitrariedad y la furia, y está funcionando como un mecanismo de control de quienes están rediseñando a la sociedad a una velocidad tan demencial que casi no nos deja ver como pisotean la verdad y el sentido común. por Karina Mariani

El control de alquileres o la crónica de un suicidio global
La embestida contra la propiedad privada de los últimos años es más fuerte, está bien financiada y coordinada. El objetivo es claro: el propietario como actor social debe ser anulado: ya no sólo se impide que los propietarios determinen el precio o la duración de los contratos, hay sucesivos ataques contra las viviendas que no salen del mercado, se busca impedir a los propietarios verificar los antecedentes penales y crediticios de quienes pretendan alquilar y se ha llegado a imponer como regla que la primera persona que aparezca se queda con la unidad. Nueva York aprobó el derecho del inquilino a transferir su contrato sin necesidad de permiso del dueño. Cuando se atan todos estos cabos, resulta evidente que el objetivo de fondo es que la vivienda sólo sea poseída y gerenciada por los gobiernos. Pocas veces un ataque contra la propiedad fue tan exitoso como subrepticio. Luego, irremediablemente, serán los gobiernos los encargados de exponer la oferta, organizar los alquileres, poner el precio, determinar la mejor locación para las personas según su sabio entender. El Gobierno determinará quién permanece, quién puede o no pagar según el control de ganancias e ingresos, si el espacio es demasiado o el lujo excesivo. Es seguro que luego determine según el crédito social quién debe ser expulsado, el “bien común” basado en una emergencia o una alarma serán suficiente justificativo. El control de alquileres es sólo el primer paso. El resto de la historia es bien conocido. por Karina Mariani

‘Lockdown Files’, la orgía de poder de los mediocres
En cualquiera de nuestros países se infligió un daño masivo, se pisoteó el Estado de Derecho y todas las libertades individuales, se sentenció a los viejos a morir solos y se los expuso a tratamientos innecesarios mientras se los privaba de los cuidados más básicos y hasta del Sol, se prohibió la medicina preventiva, se suspendieron operaciones, trabajos y viajes, se quebró a los adolescentes disparando las cifras de suicidios, trastornos mentales y adicciones. Ahora tenemos ante nuestros ojos una prueba palpable de cómo y con qué facilidad se hizo. El desprecio que estos hombres, en cualquiera de nuestros países, han mostrado por los ciudadanos es el verdadero escándalo. Ninguna mentira, amenaza o encubrimiento les pareció inmoral, nadie se disculpó, nadie se retiró avergonzado. Si Matt Hancock cayó, no fue por su inutilidad o maldad sino por su lujuria. Pero no la lujuria atrapada in fraganti junto a su amante Gina, sino la lujuria frente al poder y la impunidad, tanta que lo llevaron a entregar las pruebas de sus delitos creyendo que eran los elementos para su relanzamiento político. Increíblemente, seguimos expuestos, en cualquiera de nuestros países, a estas narrativas del temible destino venidero. Y se multiplican los Matt Hancock para divulgar cualquier alarma o emergencia de moda, poniendo siempre como solución más poder y tamaño del gobierno. Pero no se puede separar la manipulación de la opinión pública de los esfuerzos de la sociedad por creer en burócratas charlatanes y estafadores. Ante los crecientes y palpables riesgos que los Matt Hancocks representan para nuestras vidas, lo menos que podemos hacer es desconfiar por default y ver en las alarmas perpetuas lo que realmente son: una herramienta de control social. por Karina Mariani

El caso Dilbert o el triunfo de la Teoría Crítica de la Raza
La TCR ha logrado en pocos años barrer con la idea de que somos individuos, capaces de razonar entre nosotros como iguales y en cambio ha instalado que somos involuntarios representantes de construcciones raciales en lucha permanente. Así es como se llega al grupo de acontecimientos que protagonizaron Adams, los entrevistados que sostenían que «no está bien ser blanco» o los participantes del video. «Yo tengo un sueño, que un día en las coloradas colinas de Georgia, los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad» decía Martin Luther King apuntando a la igualdad entre individuos, y no parece que la exaltación de estereotipos y de prejuicios sea el camino para lograrlo. No se busca combatir el racismo si se lo promueve acusando a las personas no por sus actos sino por su color de piel, y esto es exactamente lo que hace la TCR. Por eso, es preocupante el abandono de toda racionalidad, que surge de las expresiones de Adams, de la encuesta y del video. Todos estos eventos son un claro indicio del éxito de la TCR, combatirla es un imperativo moral. por Karina Mariani

Ciudades de 15 minutos, ensayo de gulag
por Karina Mariani Si nuestros planificadores (que hasta ahora no han sumado un sólo beneficio a nuestras vidas, justo es decirlo) lograran aplicar estas incubadores gigantes de 15 minutos y aún así los ciudadanos siguieran desplazándose, los gobiernos no tardarían en imponer su sueño de inmovilidad por la fuerza con leyes draconianas y confiscatorias hasta llegar a la justicia penal. En Oxford ya se ha propuesto la implementación de este modelo que divide la ciudad en 6 zonas y los habitantes tienen que pedir permiso a las autoridades para salir de su zona. Además, se cuenta el número de veces que una persona sale y se establece un tiempo máximo para estar fuera, guardando registro de estos datos de la vida privada. Esto mismo se implementó en varias localidades en todo el mundo durante la covidcracia. En París, Madrid o Buenos Aires, por ejemplo, ya se prohíbe y castiga conducir por el centro. El futuro llegó hace rato. Toda esta charlatanería financiada con nuestros impuestos busca el mismo aislacionismo de siempre: procura despegar a los individuos del asidero que impulsó el desarrollo de la humanidad. Nuestros planificadores son perseverantes e intransigentes, tienen la caja de herramientas para imponer su relato y quien se oponga siempre será negacionista, conspiranoico y extremo, ya hemos visto esta película a repetición. Pero por más propaganda buenista que inventen, la “Ciudad de 15 minutos” no es una ciudad sino un gueto, un “no lugar” destinado a matar toda libertad, un ensayo de gulag.

La revolución molecular: respirar es conspirar
Editorial de Karina Mariani Dice Guattari que “Conspirar quiere decir respirar juntos y es por eso que somos acusados…”. Por décadas Occidente financió la estructura educativa de quienes estaban determinados a demoler su propia civilización. Ahora ya no les alcanza con cambiar la correlación de fuerzas, sino que apuestan a demoler la correlación de valores. De ahí la importancia de entender cómo funciona la Revolución Molecular, esa detección y clasificación de conflictos con los que acudir ante los gobiernos para exigir que se visibilice, que se atienda tal demanda, no importa cuán ridícula, efímera, injusta o minoritaria sea. Luego exigir que se alcance un consenso que, de producirse, desencadenará nuevas movilizaciones de nuevos deseos moleculares y se saldrá a la calle para ejercer una nueva insurrección para volver a coercionar para un nuevo consenso. Es un loop porque la violencia y la crisis son maneras de gobernar la atipia. Se trata de un proceso sin fin que corre el arco cada vez que se patea el penal. Un proceso en donde respirar es conspirar.

La loca aventura de Mao en Canadá
Editorial de Karina Mariani En la condena a la reeducación de Peterson, tal vez no sea Peterson la víctima más castigada, sino la democracia liberal usada de estropajo para esconder la tiranía progresista. Si la prostitución de los mecanismos institucionales públicos y privados son un arma de adoctrinamiento y disciplinamiento ideológico. Si la justicia responde sólo a su propia supervivencia permitiendo que el prevaricato, la desigualdad ante la ley y los estados de emergencia vayan contra las libertades individuales. Si, en definitiva, la falsificación del sistema genera una insatisfacción que lo dinamite desde dentro, ya no serán necesarios grandes dictadores para someternos, bastarán unas pocas leyes y unos grises burócratas arrastrados. La Gran Revolución Cultural habrá sido un éxito.

Jim Baker: Nuestro hombre en Twitter.
La gravedad de lo expuesto por la saga “Twitter Files” debería haber sentado en el banquillo a la familia presidencial y a los directores de las agencias de inteligencia. También debería haber disparado una investigación sobre la manipulación de la información durante la criminal sucesión de políticas globales alrededor del bichito de Wuhan ya nombrado. Un letal escándalo debería tener lugar en relación a las presiones y colusiones que existen desde el poder político para aplicar la censura y, (atención) recién se está escarbando la superficie de los documentos acumulados. Pero, al igual que en Nuestro hombre en la Habana, la conspiración es too big to fail, y es por eso que los “Twitter Files”, a pesar mostrar algo tan obvio como el plano de una aspiradora, se pierden en los entresijos de las noticias y no están en los titulares de los grandes medios. En cuanto a Baker, seguramente ya está mimetizado en algún otro lugar, inventando o intercambiando información, mientras todos pensamos que esas cosas sólo pasan en las novelas. por Karina Mariani

¡Andá pa´allá, bobo!
La hipocresía que ha develado este mundial es algo que pasará a la historia. Partiendo de la sumisa aceptación de la flagrante homofobia qatarí, blandamente denunciada con unos gestitos imbéciles como taparse la boca o poner la bandera lgtb en un angulito minúsculo de una remera que no se usa, en lugar de plantarse y no ir; continuando con la doble vara de haberse pasado 40 años criticando a quienes festejaron la copa del 78 para ir a regodearse con las bondades de la dictadura del Emir Tamim bin Hamad Al Thani, y su capricho construido sobre miles de trabajadores muertos en condiciones de semiesclavitud. Sin olvidarse del feminismo que en occidente combate idioteces pero que guarda silencio en países donde las mujeres tienen los mismos derechos que las mascotas. Y ni que hablar de los que llaman al ahorro de los privados: “fuga de capitales” mientras llenan las tribunas de Qatar de funcionarios que no son más que vampiros de las arcas públicas. Hay que agradecer a este mundial el ser una aplanadora de caraduras. Para tapar sus incongruencias y desvergüenzas, el wokismo omnipresente se ha convertido en sommelier de ceremonial y etiqueta. Inspectores de modales ajenos que son incapaces de resistir la emocionalidad del triunfo, porque la emocionalidad del triunfo implica orgullo, defensa del logro propio, rechazo del victimismo, autoconfianza y osadía. La emocionalidad del triunfo implica sacar el pecho, una bravura indigerible para los que promueven un mundo donde la única emoción válida sea el resentimiento de los ofendiditos. por Karina Mariani

Bonafini: síntoma y enfermedad
por Karina Mariani Las bancas no están diseñadas para el postureo personal. Algo mal estamos haciendo cuando permitimos que se homenajee en el Congreso de la Nación a una persona como Bonafini. La excusa de la solicitud de una bancada es procaz, no hicieron ni pidieron silencio para las víctimas de los terroristas, no lo hicieron para policías acribillados cotidianamente, no lo hicieron para las víctimas de la guerra narco. Las condolencias personales se expresan en el plano íntimo, las condolencias expuestas para el postureo político hablan de un apoyo y de una empatía necesariamente. Por eso, en su momento, el kirchnerismo se encargó de tapar el minuto de silencio para Nisman con un aplauso por el cumpleaños de Néstor, para no mostrar empatía o solidaridad con el fiscal asesinado. Que el kirchnerismo desee amortizar su consorcio usándola post mortem tiene todo el sentido del mundo. Hemos escuchado decir que Néstor, su fundador, nos vigila desde un satélite nacional y popular. El kirchnerismo puede decir cualquier cosa. Pero que el resto de la clase política no entienda que cuando están en una banca tienen una obligación y lealtad representativa es gravísimo. Funcionan bajo una agenda contraria a los intereses y valores de quienes representan. Se sostienen por un andamiaje logístico electoral cada día más desprestigiado. Viven para el corto plazo y al ritmo de la ley del más fuerte. La muerte de Bonafini es un triste síntoma de una enfermedad para la que la clase política no tiene remedio.

¿Quién mató a Shanti de Corte?
por Karina Mariani Con todo, y aún en el pleno respeto de las decisiones individuales y la soberanía ante la propia vida, no podemos ni naturalizar ni congratularnos ante el surgimiento de este nuevo “derecho”, estamos ante una tragedia que debemos procurar evitar como evitamos tantos otros males con tanto éxito. Cuando una sociedad acepta la muerte como un servicio proporcionado por el Estado para solucionar cualquier grado del sufrimiento humano, ya no sabemos ni de qué clase de sociedad ni de qué clase de Estado estamos hablando. Pronto quienes tengan menos acceso a tratamientos contra el dolor, contra enfermedades crónicas que resulten agotadoras, quienes tengan poca contención emocional, quienes pasen por depresiones severas o por un momento profundamente trágico, quienes padezcan adicciones o sean más vulnerables psíquicamente a la propaganda de la panacea terminal serán víctimas de un sistema cuya solución ante la adversidad consista en eliminar, sin más, al angustiado, en lugar de atender su angustia. Y todo este andamiaje entregado al poder del Estado según el superior entender de un burócrata y su corte de expertos. ¿No entendimos ya cómo funciona ese matrimonio? ¿Estamos dispuestos a conceder al Estado, también, esa licencia? ¿Qué clase de sociedad desea ser cómplice de ese mandato?