
Orar con GPS
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Tiempos de fe
Todos nosotros tenemos nuestra historia. El evangelio nos cuenta la de un militar que se convierte gracias a su fe (cfr. Mt 8, 5-11). También cada uno podría contar el relato de su vida...

Tiempos recios
En el Evangelio hemos escuchado esas palabras de Jesús: estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. (Mt 24, 37-44). El Señor quiere decirnos hoy, que estemos preparados para los acontecimientos que se avecinan. La iluminación de las calles, las tiendas con los regalos, las felicitaciones de Navidad todo nos va a recordar esa idea: Dios está cerca (cfr. Segunda Lectura de la Misa: Rm 13, 11-14).

Tiempos de amigos
La Iglesia comienza la Misa de hoy –el primer día de la novena a la Inmaculada– con estas palabras: El Señor, junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Pedro y Andrés, y los llamó: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres (Antífona de Entrada de la Misa: cfr. Mt 4,18-19).

A modo de vuelo
Nuestra oración, cuando no acompaña el sentimiento.

Fieles difuntos
Meditación sobre LA ESPERANZA CRISTIANA EN EL DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS

La coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado
«Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1). «Finalmente, la Virgen inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte» (CIC, 966).

La Asunción de María al Cielo
Meditación del cuarto Misterio Glorioso: La Asunción de María al cielo. «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el Señor ha hecho obras grandes en mí» (Lc 1, 48-49). «La Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde ella participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su Cuerpo» (CIC, 974).

La venida del Espíritu Santo
«Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2, 1-4). «"Espíritu Santo", tal es el nombre propio de Aquél que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el Bautismo de sus nuevos hijos» (CIC, 691).

La Ascensión del Señor
Los primeros cristianos notaron la ausencia del Señor. Su Humanidad se marchó al cielo el día de la Ascensión (cfr. Lc 24, 46-53). Y ellos seguro que se quedaron con una sensación extraña. María guardaría con cariño la ropa de Jesús, e incluso su casa todavía conservaría su olor. Pero ya no iban a ver más sus manos grandes de carpintero, ni su simpática sonrisa, ni oirían el tono de su voz… Se fue.

La Resurrección del Señor
«El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: "¿Por qué buscáis ente los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado"» (Lc 24, 1-6). «"Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe" (1Cor 15, 14). La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó» (CIC, 651).

Muerte en la Cruz
«Llegados al lugar llamado "La Calavera", le crucificaron allí a él y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen"... Era ya eso de mediodía cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la media tarde. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito dijo: "Padre, en tus manos pongo mis espíritu" y, dicho esto, expiró» (Lc 23, 33-46). «"Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras" (1Cor 15, 3)» (CIC, 619). Cerrar

Jesús con la Cruz a cuestas
«Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Lo condujeron al lugar del Gólgota, que quiere decir de la "Calavera"» (Mc 15, 21-22). «Al aceptar en su voluntad humana que se haga la voluntad del Padre, acepta su muerte como redentora para "llevar nuestras faltas en su cuerpo sobre el madero" (1P 2, 24)» (CIC, 612).

La Coronación de Espinas
«Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: "Salve, Rey de los judío"». (Mt 27, 27-29) «El amor hasta el extremo es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo. Nos ha conocido y amado a todos en la ofrenda de su vida» (CIC, 616).

La Flagelación de Jesús
«Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado» (Mt 27, 26).

La oración en el Huerto
«Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: "Sentaos aquí mientras voy a orar". Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: "Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo". Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: "Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú"» (Mt 26, 36-39).

La institución de la Eucaristía
«Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "Tomad, comed, éste es mi cuerpo"» (Mt 26, 26). «Al celebrar la última Cena con sus apóstoles en el transcurso del banquete pascual, Jesús dio su sentido definitivo a la pascua judía. En efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino» (CIC, 1.341).

El anuncio del Reino de Dios
Meditación del tercer Misterio Luminoso: El anuncio del Reino de Dios. "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio". (Mc 1, 15)

Las bodas de Caná
Meditación del segundo Misterio Luminoso: Las bodas de Caná. «Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: "No tienen vino". Jesús le responde: "¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora". Dice su madre a los sirvientes: "Haced lo que él os diga"». (Jn 2, 1-5). «En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda. La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo» (CIC, 1.613).

El bautizo en el Jordán
Meditación del primer Misterio Luminoso: El Bautismo en el Jordán. «Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco"». (Mt 3,16-17) «El comienzo de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el Jordán. Juan proclamaba "un bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (Lc 3, 3)» (CIC, 535).

El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo
Meditación del quinto Misterio Gozoso: El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo. «Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres... Y sucedió que al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2, 41-47) «El hallazgo de Jesús en el Templo es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: "¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?" » (CIC, 534).

La presentación de Jesús en el Templo
Meditación del cuarto Misterio Gozoso: La presentación de Jesús en el Templo. «Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de ser concebido en el seno. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor» (Lc 2, 21-24). «La circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento, es señal de su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley» (CIC, 527).

El Nacimiento
Meditación del tercer Misterio Gozoso: El Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén.

La Visitación
Meditación del segundo Misterio Gozoso: La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel.

La Encarnación
Primer Misterio Gozoso: La Encarnación del Hijo de Dios «Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la virgen era María» (Lc 1,26-27).

Los tres Arcángeles
Estos tres Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael juegan un papel importante en nuestra vida de hoy en día.

El rico y el pobre
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de heridas, y con ganas de saciarse de las migajas que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Es lógico que ante estas dos figuras de la parábola, también nosotros nos posicionemos. Por una parte podemos preguntarnos cómo puede llegarse a esa «insensibilidad» por parte del rico, que no se da cuenta de la persona que tiene al lado. ¿Es fácil que esto ocurra?

Dos modos de orar
Jesús nos habla de las dos maneras de rezar...

Entender a fuerza de meditar
La contemplación diaria de la vida de Jesús para comprender nuestra vida.

Niñas velando
Jesús nos habla de la importancia de ser prudentes, estar siempre en vela. Porque en esta tierra comienza ya la vida perdurable y nos preparamos para nuestra situación definitiva en la eternidad.

Las señales del Cielo
Recibimos de Dios luces, como si sembrara en nuestro corazón semillas…

El padre pródigo
El verdadero protagonista de la parábola de Jesús.

Lo que no entendemos
En la vida de María había momentos en los que no entendía. Para eso tenía la oración, para recibir luz para entender.

La pregunta fundamental
La pregunta fundamental se la formulan a Jesús: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» (10,25).

Niños gritando
Somos hijos de nuestro tiempo, respiramos un mismo ambiente y no podemos vivir de espalda a él. Es muy humano adaptarse a las opiniones generalizadas del entorno en el que vivimos. Lo queramos o no estamos influenciados por lo que oímos y experimentamos. Nuestra persona se compone indudablemente de nuestro yo, pero también de las relaciones que tenemos con los otros y con el medio en el que vivimos. Somos hijos de nuestros padres y también de nuestro tiempo, de nuestro país, de la cultura occidental u oriental.

Trato de amistad con Jesús
Hablar con Dios siempre sirve porque nos hace mejores aunque no nos resuelva los problemas inmediatos. Dios no quiere hijos caprichosos, a los que hay que darles gusto en todo aunque sea malo lo que pidan.

La descarriada
Cierto que tenemos libertad para descaminarnos, aunque también lo es que el Señor nos busca, y emplea los lazos de su amor para que volvamos, como si tuviese un hilo invisible por el que estamos unidos. Y si queremos alejarnos, nos los permite, pero cuando llega el tiempo propicio –y nosotros le dejamos actuar, va enrollando el carrete de su enorme caña de pescar y poco a poco nos atrae hacia sí.

Los lobos
Según nos cuenta el evangelio de san Mateo (7, 15), decía Jesús en su predicación: «Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces».

Los talentos
Tiempo de negociar es nuestra vida… Como si el mismo Dios nos hubiera dado el encargo de hacer fructificar nuestros talentos, negociar con ellos

La boda del príncipe
No es extraño que Jesús en las parábolas hable del amor humano. Pues también el resto de la Sagrada Escritura emplea ese mismo lenguaje, desde el primer libro de la Biblia hasta el último.

EL FARISEO Y EL PUBLICANO
En la parábola del fariseo y el publicano; Jesús nos relata la oración de dos personas que van a rezar, aunque lo hacen de modo muy diferente (cf. Lc 18, 9-14). Sin embargo es una historia de dos personas que tienen fe.

Entre el buen trigo
Es en el silencio donde podemos escuchar su voz, que rara vez habla con palabras sino subrayando nuestros pensamientos, pues en ellos suele estar él, si nos dan la paz. También en la conversación con los demás hay frases que nos hieren interiormente, como si fuesen aldabonazos, llamadas que Dios nos hace a través de otras personas.

El agua
La sed del hombre. En la predicación de Jesús el agua tiene bastante relevancia. Precisamente la imagen del agua recorre todo el Evangelio de san Juan. En el capítulo 4 encontramos a Jesús junto al pozo de Jacob: el Señor promete a una Samaritana un agua que tiene la capacidad de hacer una fuente en nuestro interior y salta hasta llegar a la vida eterna (cf. 4, 14

Parábola del Buen Pastor I. Jesús va por delante
Me imagino a Jesús yendo por los caminos polvorientos de Palestina. Esa forma suya de andar en la primera línea de la marcha es una metáfora de nuestra vida cristiana: él ha ido por delante y quiere que nosotros le sigamos (cf. Lc 19, 28).

Parábola del Buen Pastor III. El Alimento
Ciertamente, el hombre necesita pan, necesita el alimento del cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor, necesita a Dios mismo, Quien le da todo esto, le da «vida en abundancia».

Parábola del Buen Pastor II. La puerta
Es curioso que el discurso de Jesús sobre el pastor no comienza diciendo: «Yo soy el buen pastor» sino con otra imagen: «Yo soy la puerta de las ovejas» (Jn 10, 7). Jesús había dicho anteriormente: «el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas» (10, 1s). Está claro que el que quiera ser buen pastor para sus hermanos, tiene que pasar por la humanidad de nuestro Señor, que es la puerta que nos conduce a Dios.

Parábola de los viñadores asesinos III. La poda
Es necesario podar todo lo personal que haya crecido desmesuradamente, para que nos identifiquemos con Jesús. De ahí que no debiéramos sacralizar a nadie, ni a nada, si ha crecido de tal forma que no muestre la sencillez del Evangelio.

Parábola de los viñadores asesinos II. La vid
Esta parábola habla de lo que sucedió: el rechazo del mensaje de Jesús por parte de sus contemporáneos; de su muerte en la cruz. Pero también es cierto que el Señor habla de nosotros. Porque la parábola de los viñadores homicidas es también una descripción de nuestro tiempo. En esta época en la que se declara que Dios ha muerto, y que no aparece por ningún lado. De esta forma, ¡nosotros mismos seremos dios!

Parábola de los viñadores asesinos I. La viña
Es interesante leer el texto del profeta Isaías (5, 1-7) donde se encuentra la canción de la viña. El canto empieza diciendo que un hombre tenía una viña, y allí plantó cepas selectas, y hacía todo lo posible para cultivarla y sacarle el máximo partido. También cada uno puede pensar en su vida: cuántas cosas ha hecho Dios por cuidarnos. Desde luego no hemos brotado de la nada, nos ha puesto en una familia, y ahí hemos sido cultivados con una buena educación, además recibimos los regalos de las amistades

Borrachera sin alcohol
BORRACHERA SIN ALCOHOL Casi todos los años se reúnen, en distintas ciudades, miles de personas para celebrar la llegada de la primavera haciendo un macrobotellón. Llegan gente de muchos sitios. Además de los universitarios de la ciudad, también llegan de otras provincias: Jaén, Almería, Madrid, etc. Durante toda la tarde se ve un río de personas que van con la clásica bolsa de plástico con todo lo necesario. El ambiente era de ilusión, de alegría por la que se va a armar. El día de Pentecostés también se reunieron miles de personas en Jerusalén para celebrar la fiesta de la cosecha, que se tenía cincuenta días después de la Pascua. Venían de Libia, Cirene, de la actual Irak. Casi todos eran judíos nacidos y educados en países extranjeros; por eso hablaban lenguas distintas. Aquello no dejaba de ser un espectáculo curioso. En ese día los discípulos del Señor estaban reunidos en un mismo lugar, unidos por el miedo, que es lo más penoso que puede unir. Y, de repente, llegó el Amor de Dios (cf. Hch 2, 1-11).

Las parábolas de Jesús
El Evangelista Mateo dice que Jesús hablaba a la gente con parábolas (cf 13, 34). Era su forma habitual de enseñar.