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Show Notes
Entre los muchos crímenes del estalinismo, las purgas llevadas a cabo entre 1936 y 1938, son uno de los hechos históricos menos comprendidos y que más daño le han hecho a la imagen del comunismo. Durante esos dos años, Stalin y compañía asesinaron a un sinnúmero de antiguos líderes revolucionarios, primero; y luego desataron una represión silenciosa y masiva que cobró, según algunos cálculos, hasta alrededor de un millón de víctimas. Fue una contrarrevolución política que consolidó la dictadura de la burocracia.
La mayoría de periodistas de la época y los historiadores de las últimas décadas han visto en las Purgas la prueba de que el comunismo es esencialmente un sistema malvado que devora a sus hijos. Hay decenas de libros acerca del tema, y en general uno encuentra en ellos dos o tres ideas recurrentes y poco originales, pero que han tenido un gran impacto en la opinión pública. Una de ellas es que lo que hizo Stalin no fue sino una continuación de lo que ya había empezado Lenin, sólo que con más fuerza; y que por tanto las Purgas nacieron “naturalmente” del desarrollo del Estado soviético, que era represivo desde siempre. Otra más recurre a razones psicológicas, a algún delirio de persecución que Stalin supuestamente sufría o a su inclinación para que se le rindiese culto a su personalidad.
Los principales líderes de la revolución, acusados por Stalin
La Gran Purga comprende varios eventos distintos. Por un lado están los Juicios o Procesos de Moscú, tres grandes shows públicos donde los altos dirigentes bolcheviques de tiempos de Lenin fueron “encontrados” culpables de cargos a cual más surrealistas: los primeros 16 fueron sentenciados por pertenecer al “Bloque Contrarrevolucionario de Izquierda Trotskista-Zinonievista-Kamenevita”; otros fueron acusados de ser espías nazis, cuando varios de ellos eran judíos, etc. En esos tres juicios, Stalin mató a unos sesenta bolcheviques de la vieja guardia. Por ejemplo, de los siete miembros del Politburó durante la insurrección de Octubre –es decir, los personajes que dirigieron la revolución- dos murieron por enfermedad -Lenin y Stalin- y cinco fueron asesinados por el terror estaliniano.
Otro proceso distinto fue la purga en el sentido más amplio de la palabra. Después de los dos primeros juicios a los dirigentes hubo otra depuración, que incluyó asesinatos pero también deportaciones o simples expulsiones del partido en todos los niveles. Esta purga cobró la mayor cantidad de víctimas (la gran mayoría de ellas, desconocidas) y fue particularmente violenta contra los escritores, los científicos y los miembros de minorías nacionales. Dos ejemplos para ilustrar la extensión de las Purgas y su intención de generar terror: los científicos a cargo de una estación de meteorología fueron enjuiciados y fusilados, acusados de no prever una temporada de sequía. Otro caso casi cómico: un ferrocarrilero, A.A. Belski, fue acusado, juzgado y asesinado por haber sido conductor del tren que Trotski utilizó durante la guerra civil; tiempo después se supo que él solamente había trabajado en un tren que llevaba el nombre de “Trotski”, aunque León Trotsky nunca se había subido a éste.
El tercer proceso se refiere a la purga dentro del ejército. Los nueve principales jefes del ejército fueron ejecutados en un juicio secreto. Al poco tiempo unos 40 000 oficiales de mediano y bajo rango fueron destituidos y unos 5 000 asesinados.
Lo anteriormente descrito parece difícilmente explicable, sobre todo si tomamos en cuenta que la sociedad rusa había peleado una larga guerra contra la contrarrevolución un par de décadas antes, y suscita no pocas preguntas. ¿Por qué una sociedad que había derrocado el capitalismo permitió tal masacre? ¿Qué lógica había detrás de todo esto?