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Show Notes
Oficialmente y durante todo el conflicto la postura española fue de neutralidad o no beligerancia activa. No obstante, en ambos bandos, hubo participación de soldados españoles en la contienda.
Tras el fin de la guerra en Europa, el régimen franquista no se desligó de la visión de la Segunda Guerra Mundial de las potencias del Eje, a las que había apoyado, sobre todo al principio de la guerra. Esto se puede comprobar en el tratamiento que dio la prensa y la agencia oficial de noticias Efe a la derrota alemana. La muerte de Hitler fue anunciada a toda página en portada por el diario Informaciones en su edición del 2 de mayo de 1945 exaltando su figura y sin mencionar que se había suicidado: muerto "cara al enemigo bolchevique, en el puesto de honor", defendiendo la civilización cristiana. Aunque en un tono más moderado, lo mismo hicieron —ocultando también que se había suicidado y afirmando asimismo que había muerto en combate— el monárquico ABC y el católico Ya. En este último diario el antisemita Cortés Cavanillas escribió un panegírico del "hombre excepcional" que fue Hitler, defensor "de las últimas murallas de la civilización occidental" y que dedicó su vida a luchar contra todo lo viejo: "el liberalismo, el socialismo, el marxismo, el judaísmo". Las primeras noticias sobre los campos de concentración nazis aparecieron a finales de abril de 1945, pero sin mencionar a los judíos y atribuyendo las penosas condiciones en que se encontraban los reclusos al caos provocado por la derrota, y siempre acompañándolas de informaciones y reportajes sobre las consecuencias de los bombardeos aliados de las ciudades alemanas y sobre la matanza de Katyn, perpetrada por orden de Stalin. Además se equiparaba lo sucedido en los campos nazis con la "persecución" a que estaban siendo sometidos nazis y fascistas, destacando el asesinato de Mussolini por los partisanos italianos.
La prensa sólo comenzó a hablar con más claridad de los horrores de los campos alemanes después del giro estratégico que dio el general Franco, para intentar sobrevivir a la derrota del Eje, con en el nombramiento de un nuevo gobierno en julio de 1945 en el que la Falange fue relegada a segundo plano y en el que el protagonismo pasó al sector católico procedente de la CEDA que encabezaba Alberto Martín Artajo, nuevo ministro de Asuntos Exteriores. Pero se siguió aludiendo al supuesto maltrato que los aliados dieron a los soldados alemanes y, sobre todo, se criticaron los juicios de Nuremberg, que Luis Carrero Blanco, el asesor más importante del Generalísimo Franco, calificó de "venganza" y de "crimen" en sus charlas de Radio Nacional de España, en las que ocultaba su identidad bajo el seudónimo de Juan de la Cosa. Asimismo se mantuvo la férrea censura de las imágenes de los campos de exterminio nazis, de los que nunca se dieron a conocer ni fotografías ni películas —en 1962 la censura suprimió las imágenes de los campos que aparecían en la película de Stanley Kramer Judgement at Nurenberg y obligó a cambiar el título de la misma por el de Vencedores o vencidos que ponía en un mismo plano a los asesinos nazis y al tribunal aliado que los juzgaba-. Los españoles tuvieron que esperar a la muerte de Franco en 1975 para ver las primeras imágenes del Holocausto. Además en algunos libros y artículos se siguieron alabando las figuras de Hitler y de Mussolini y la obra de sus respectivos regímenes —Carrero Blanco, de nuevo bajo el seudónimo de Juan de la Cosa, elogió en junio de 1946 la reacción anticomunista de "los Estados nacionalsocialistas" alemán e italiano; y el propio general Franco en uno de los artículos que escribió para el diario Arriba con el seudónimo de Jakin Boor afirmó que Mussolini y Hitler hicieron retroceder a la masonería y que ésta se había cobrado su "venganza" urdiendo la caída del Duce y el atentado contra el Führer, y con la represión que siguió a la victoria aliada
"En definitiva, la imagen de la Guerra Mundial que se difundió desde 1945 era la de que las potencias del Eje, aun con sus errores y diferencias con el régimen católico español, se habían enfrentado valerosamente al enemigo comunista, con el que se habían unido estúpidamente las democracias occidentales, favoreciéndole. Alemania seguía apareciendo en el lado bueno del gran combate contra el comunismo. Esto es lo que explica que la censura cinematográfica se ejerciera durante décadas contra todo aquello que significara crítica severa contra el régimen hitleriano. El gran dictador (1940), de Chaplin, sólo se pudo ver en España tras la muerte de Franco. Lo mismo ocurrió con Esta tierra es mía (1943) de Renoir. Ser o no ser (1942) de Lubitsch, se pudo estrenar en 1970. Rommel, el zorro del desierto (1951), centrada en la conspiración contra Hitler de 1944, pudo verse en 1963. A Basilio Martín Patino la censura le modificó sustancialmente un guion cinematográfico, y una de las órdenes que recibió decía: Suprímase que mataron a los padres de Helga porque eran judíos. Durante el régimen de Franco el genocidio judío se ocultó deliberadamente todo lo que se pudo, que fue mucho".