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La verdad nos hará libres / Primeros Cristianos Gnósticos

La verdad nos hará libres / Primeros Cristianos Gnósticos

Solo Documental · BANUS

October 27, 201649m 1s

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Show Notes

Gnosis quiere decir “conocimiento divino”. Los Gnósticos son personas que buscan este conocimiento divino. Las huellas de los antiguos Gnósticos se remontan a los primeros siglos de nuestra era. Muchos de ellos fueron tildados de “herejes” y asesinados pero el Gnosticismo ha sobrevivido hasta nuestros días. Siempre ha habido personas que se preguntan sobre el sentido de la vida y la creación y que no pueden encontrar la paz en este mundo perecedero. Ellos buscan un conocimiento superior, una sabiduría interior, la Gnosis (gnosis en griego antiguo es igual a conocimiento, reconocimiento). Este conocimiento interior siempre ha acompañado a la humanidad; de él emanaron todas las antiguas mitologías; todas las religiones tienen su origen en él. Por ello, se puede afirmar que toda fe puede ser descrita como gnóstica al estar conectada con el conocimiento universal original. Esto también es aplicable al Cristianismo de los primeros tiempos. Jesucristo y “el Reino que no es de este mundo” Hace 2000 años, Jesús expuso sus enseñanzas sobre “el Reino que no es de este mundo”, las cuales eran resultado de su unión con su “Padre”, el Espíritu. Sin embargo, para la tradición judía, estas enseñanzas cuestionaban todo el orden establecido y eran, por tanto, una amenaza. La Gnosis es siempre herética pues como experiencia viva del espíritu siempre choca con las rígidas tradiciones religiosas. Los primeros cristianos eran verdaderos gnósticos que reconocían la voluntad y el plan de Dios directamente en su propio ser. Por ello, no necesitaban ninguna institución como mediadora. Su fe se basaba en la propia experiencia interior y no en la enseñanza de una doctrina adoptada. La verdad que cristaliza en ley La experiencia gnóstica es un toque del Espíritu Santo y quienquiera que lo experimenta no puede sino dar testimonio de ello. El Espíritu le otorga un gran poder por lo que, en palabras de la Biblia, se convierte en alguien que “es conocido por su nombre”. La Gnosis y el Espíritu son uno. Una persona tocada por la Gnosis oye la voz de Dios en su propio ser y lleva a cabo el mensaje con fidelidad, pues no es solo para él: la Gnosis es unidad y conduce a la unidad. Esta unidad era todavía claramente perceptible en los primeros tiempos del Cristianismo. Se vivían las creencias dentro de la comunidad. En aquellos tiempos existía una gran variedad de grupos gnósticos. Pero gradualmente el impulso de Luz que Cristo trajo al mundo se debilitó y aparecieron las divisiones y la incertidumbre. Las instituciones comenzaron a regular la experiencia directa de Dios por medio de leyes y dogmas. Algunas personas eran consideradas dignas y otras no. Se creó una jerarquía la cual dividió a las personas en verdaderos y falsos creyentes, siendo ello la causa de mucho dolor y sufrimiento. No obstante, a través de los siglos siempre ha habido seres humanos verdaderamente unidos al Espíritu que dieron muestras fidedignas de ello. Los primeros Gnósticos En el siglo primero después de Cristo no había una iglesia oficial. La antigua doctrina judía y la nueva doctrina cristiana eran enseñadas a la par. Las enseñanzas cristianas fueron propagadas por los apóstoles. Además, también existían las enseñanzas estrictamente gnósticas. Algunos grandes maestros gnósticos transfirieron su sabiduría a sus seguidores en Asia Menor y el Imperio Romano. Cuando gradualmente comenzó la formación de la Iglesia Católica oficial, existían muchos sistemas gnósticos, especialmente en el siglo II. Si analizamos su simbolismo desde fuera, vemos que difieren unos de otros, pero si podemos llegar hasta el núcleo que se oculta en ellos veremos que su mensaje es idéntico. Valentín y Basílides Valentín, uno de los grandes gnósticos más famosos, era oriundo de Alejandría y enseñaba, hacia el año 130, en Asia Menor y más tarde en Roma. Según él, el mundo visible es un mundo caído que es dirigido por un Eón no divino (una gran concentración de fuerza). El alma que posee gnosis, conocimiento divino, debe liberarse de este mundo y regresar al mundo de la Luz, el Padre divino. Un alma tal, dice Valentín, escucha si es llamada, responde a su vocación y se vuelve hacia Aquél que la ha llamado. Ella experimenta paz al reconocer su vocación, se prepara para su regreso a casa y finalmente se vuelve una con la Luz, el origen de todas las cosas. Valentín era discípulo de Basílides que enseño principalmente en Egipto y también figura entre los Grandes gnósticos. Al igual que Valentín, nos exhorta a abandonar este mundo caído y volver a nuestra casa original. No obstante, el hombre debe primeramente comprender claramente su propio estado, debe reconocer sus falsas aspiraciones y deseos e intentar neutralizarlos. El hombre debe aprender a ser humilde, dice Basílides, pues solo así el alma se vuelve gnóstica y obtiene el conocimiento divino por visión interior.