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Hatshepsut La reina que se convirtió en rey

Hatshepsut La reina que se convirtió en rey

Solo Documental · BANUS

May 22, 202143m 21s

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Show Notes

Ignoramos el momento exacto del nacimiento de Hatshepsut, aunque es de suponer que sucediese en la por entonces capital del estado, Tebas, a finales del reinado de Amenhotep I. Ante la falta de descendencia del faraón, el sucesor designado era el padre de Hatshepsut, el futuro Thutmose I (Tutmosis I), quien para poder legitimar su inminente acceso al trono se habí­a tenido que casar con la princesa Ahmose. Este matrimonio trajo al mundo, aparte de a Hatshepsut, al menos a otros tres niños, de nombres Amenmose, Uadymose y Neferubity. Desgraciadamente, y debido a la alta tasa de mortalidad infantil, sólo Hatshepsut y su hermana menor, Neferubity (y ésta sólo por un corto espacio de tiempo) llegarí­an a edad adulta. A la muerte, algo temprana, de Tutmosis I, Hatshepsut era la mejor situada para sucederle en el trono, pues sus hermanos varones ya habí­an muerto. Es posible que incluso el propio Tutmosis I tratase en vida de asociar a su hija al trono, como así­ lo demuestra que la nombrase Heredera. Sin embargo, sus deseos fueron incumplidos, pues al parecer una conjura palaciega encabezada por el visir y arquitecto real, el poderoso Ineni consiguió sentar en el trono a Tutmosis II, nacido de una esposa secundaria. Hatshepsut tuvo que soportar convertirse en la gran esposa real de su hermanastro, y se cree que este fue un duro golpe a su orgullo. La joven reina era descendiente directa de los grandes faraones libertadores de los hicsos y además ostentaba el importantí­simo tí­tulo de Esposa del dios, lo que la hací­a portadora de la sangre sagrada de la reina Ahmose-Nefertari. Es lógico que su orgullo fuera inmenso, y que no soportase muy bien la idea de supeditarse a su marido. Así­, no es de extrañar que mientras su débil y blando esposo ceñí­a la doble corona, Hatshepsut comenzara a rodearse de un cí­rculo de adeptos que no dejaron de crecer en poder e influencias: entre ellos destacamos sobre todo a Hapuseneb y a Senenmut. La gran esposa real se habí­a convertido, para temor del visir Ineni, en un peligroso oponente.