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El Enigma de los Caballeros Templarios

El Enigma de los Caballeros Templarios

Solo Documental · BANUS

January 3, 201741m 13s

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Es un hecho irrefutable que muchas culturas tienen la creencia de que sus héroes guerreros, a la hora de la muerte, sus almas ocupan un lugar privilegiado en los mundos superiores. Esta idea forma parte de una estructura que es muy similar en las distintas culturas. Dicha estructura se ha impregnado en nuestra psique y tiene un modelo universal o estructura similar, pero cuya forma representativa varia de cultura en cultura, por ejemplo el samurai en Japón o el ksatriya en la India, pero sin lugar a duda el representante, en occidente, es el Caballero Templario; nobleza, coraje, honor, una causa elevada son las virtudes que se me vienen a la mente con solo mencionarlo y con el agregado de un final trágico e injusto se completa perfectamente este arquetipo de un héroe. El nacimiento de las Ordenes Militares fue una de las consecuencias más notables de las cruzadas. Eran institutos a la vez religiosos y militares. En el primer aspecto, dependían directamente del Papa y con exención de otras jurisdicciones eclesiásticas, organizaban su vida según una regla monástica que fuese compatible con la condición seglar y las actividades guerreras de sus miembros. Para algunos historiadores la fecha de fundación de la Orden es en 1118, ya que según dicen, fue en ese año cuando Balduino I, Rey de Jerusalén, concedió a Hugo de Payns y sus compañeros un local situado en el palacio real, cerca de Templo de Salomón. Un siglo mas tarde, el historiador Jacques de Vitry, describe de esta extraordinaria manera lo que fue el origen del Temple: “Ciertos caballeros, amados por Dios y consagrados a su servicio, renunciaron al mundo y se consagraron a Cristo. Mediante votos solemnes pronunciados ante el Patriarca de Jerusalén, se comprometieron a defender a los peregrinos contra los grupos de bandoleros, a proteger los caminos y servir como caballería al soberano Rey. Observaron la pobreza, la castidad y la obediencia según la regla de los canónigos regulares. Sus jefes eran dos hombres venerables, Hugo de Payns y Godofredo de Saint Omer. Al principio no había mas que nueve que tomasen tan santa decisión y durante nueve años sirvieron en hábitos seculares y se vistieron con las limosnas que les daban los fieles”. Un Caballero de Cristo es un Cruzado en todo momento, al hallarse entregado a una doble pelea: frente a las tentaciones de la carne y la sangre, a la vez que frente a las fuerzas espirituales del cielo. Avanza sin temor, no descuidando lo que puede suceder a su derecha o izquierda, con el pecho cubierto por la cota de malla y el alma bien equipada con la fe. Al contar con estas dos protecciones no teme a hombre ni a demonio alguno. A través de los siglos ninguna Orden de caballería o religiosa despierta tanto interés ni provoca polémicas de opinión como la de los pobres Caballeros de Cristo, Caballeros del Templo de Salomón, Caballeros Templarios o Caballeros del Temple de Jerusalén. Esta Orden de origen y planteamientos misteriosos fue reconocida formalmente por la Iglesia en el Concilio de Troyes en el 1128. El oficio de custodiar Multitud de estudiosos, filósofos, teólogos y eruditos buceando e investigando los fundamentos de esta orden de monjes - soldados, cuyos postulados en apariencia eran compatibles con la guerra y el hermetismo. Creada la Orden con el fin y objeto de defender a los peregrinos que se dirigían a los Santos Lugares de Tierra Santa de asaltos y violencias, la filosofía particular de los Templarios alejaron a la Orden de su fin principal, es decir, guerrear contra el infiel. La austeridad noble de los Templarios contrastó fuertemente con el lujo, vanidad, codicia y violencia de los caballeros seculares. La Orden Templaria estaba encabezada por un gran maestre (con rango de príncipe), por debajo del cual existían tres rangos: Caballeros, Capellanes y Sargentos. Los primeros eran los miembros preponderantes y los únicos a los que se les permitía llevar la característica vestimenta de la Orden, formada por un manto blanco con una gran cruz latina de color rojo en su espalda. Su servicio defendiendo el reino de Cristo de Jerusalén era distinguido, aunque un poco estropeado por sus malas relaciones con los Hospitalarios, que por el año 1240 se habían deteriorado a tal magnitud que caballeros de cada Orden estaban luchando abiertamente en las calles de Acre. Invirtieron grandes sumas de dinero en la construcción de una cadena de castillos masivamente fortificados, algunos de los cuales nunca fueron capturados por el enemigo, pero fueron abandonados cuando los caballeros se retiraron de Palestina en 1291. Fueron famosos por la ferocidad en la lucha. Después de la Batalla desastrosa de Hattin en 1187, Saladin tomo prisioneros aproximadamente 200 Templarios y Hospitalarios, incluyendo a ambos Grandes Amos, y dio orden de ejecutar a todos. Con Jerusalén en manos de los musulmanes su cuartel general se localizó sucesivamente, en Antioquia, Acre, Cesárea y por último en Chipre. Como los Caballeros Templarios enviaban regularmente dinero y suministros desde Europa a Palestina, desarrollaron un eficiente sistema bancario en el que los gobernantes y la nobleza de Europa acabaron por confiar. Se convirtieron gradualmente en los banqueros de gran parte de Europa y lograron debido a esto y a la exención de pago de impuestos y diezmos amasar una considerable fortuna. En 1307, sin embargo, el Rey Felipe IV se quiso adueñar de esa inmensa riqueza. El y su Canciller, Guillermo de Nogaret, confabularon para acusar a los Templarios de herejía y abolir la Orden. En 1307, todos los Templarios Franceses, incluido el gran maestre francés Jaques DeMolay, fueron arrestados, solo trece escaparon, y se les interrogó bajo tortura o la amenaza de tortura. La conspiración tuvo éxito y todos los caballeros confesaron múltiples e increíbles crímenes que iban desde escupir u orinar en el crucifijo a sodomía. Después muchos caballeros retractaron sus confesiones pero era demasiado tarde; el daño a su reputación era renuentemente irreversible. En 1312 el Papa Clemente V estaba de acuerdo en emitir una Bula Papal que suprimiese la Orden y sus miembros fueron quemados en la hoguera. El Papa pidió que las propiedades de los Templarios fueran dadas a los Hospitalarios, pero aunque esto se hizo en Alemania, en Francia e Inglaterra la mayoría fueron a la Corona. En España y Portugal la Orden fue refundida bajo nuevos nombres. Desde el punto de vista de las acusaciones y los procesos montados contra ellos por los consejeros del rey de Francia, Los Templarios eran completamente inocentes. Los procesos realizados en su contra son nulos de pleno derecho, alevosamente parciales, incluso aquellos que prescindieron de la tortura. Pero históricamente, la degradación sufrida por su adicción al dinero, al poder y a la política, los condenan irremediablemente como culpables. No por haber traicionado a la Iglesia o a la Monarquía, sino por haberse traicionado a ellos mismos, a sus ideales y a sus orígenes. Es por eso que hoy en día siguiendo los pasos de los Caballeros Templarios se formaron grupos paramasóncios basados en sus ideales donde un hermano masón llamado Frank Shermand Land fue el fundador del primer Capítulo DeMolay, a través del cual se procedió a fundar otros capítulos en el mundo llegando a nuestro país y posteriormente a nuestro departamento. Estos capítulos están conformados por jóvenes los cuales creen en los valores morales y sociales basados en siete principios: Amor Filial, Reverencia por las Cosas Sagradas, Cortesía, Compañerismo, Fidelidad, Pureza y Patriotismo.