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Show Notes
A lo largo de unos 3.000 años de Egipto dinástico (desde Menes hasta los últimos monarcas del periodo ptolemaico) se sucedieron docenas y docenas de faraones, algunos efímeros y otros de gran longevidad en el trono, pero todos ellos compartieron, lógicamente, un mismo fin: acabaron momificados y enterrados en sus respectivas tumbas reales para viajar al Duat, el reino de ultratumba del dios Osiris.
Por lo menos esto es lo que suponemos que sucedió en todos o casi todos los casos, pues el número de pruebas físicas de restos inequívocos de faraones no se corresponde con el listado de reyes conocidos. Dicho de otro modo, se han hallado e identificado con certeza bastantes momias (o restos de momias) de faraones pero lamentablemente hay una larga lista de faraones cuyos restos mortales permanecen “desaparecidos” o bien “no identificados”. De hecho, se han encontrado algunas momias que no se han podido atribuir con seguridad a un rey concreto, e incluso se puede dar el caso de que se trate simplemente de enterramientos intrusivos posteriores. Así pues, ¿dónde están estos cuerpos? ¿Fueron robadas o destruidas muchas de las momias reales ya en tiempos antiguos? En este artículo vamos a intentar arrojar un poco de luz sobre este tema, que ha sido objeto de polémica a raíz de algunas propuestas de la arqueología alternativa, que por boca de algunos autores ha insistido en que nunca se han encontrado momias reales dentro de ninguna pirámide.
La joven ciencia de la Egiptología empezó a descubrir tumbas de faraones ya a mediados del siglo XIX, y se pudo establecer que las tres estructuras funerarias típicas para los enterramientos de reyes eran la mastaba, la pirámide y el hipogeo. Y en efecto, se descubrieron momias reales en mastabas (principalmente de las primeras dinastías), así como en hipogeos, tumbas subterráneas típicas del periodo del Imperio Nuevo. Cabe destacar que en el caso de muchos faraones del Imperio Nuevo, sus momias no se hallaron en sus respectivas tumbas –sitas en el llamado Valle de los Reyes– dado que, a causa de los continuos saqueos, los sacerdotes se vieron forzados a reubicarlas en una tumba de principios del primer milenio antes de Cristo, que se acabó convirtiendo en una especie de escondite denominado actualmente DB320. En efecto, allí se encontraron en 1860 los restos mortales de más de cincuenta miembros de la realeza y la nobleza.
Sin embargo, con las pirámides sucedió otra cosa: en su gran mayoría aparecieron vacías... no sólo de ajuares, tesoros u otros objetos sino también de restos humanos. Esto no quiere decir que las otras estructuras hubieran sido más seguras, pues como acabamos de mencionar casi todos los hipogeos también habían sido asaltados ya en época de los faraones y muchas momias reales habían sido profanadas[1]. Sea como fuere, durante décadas y desde posiciones alternativas, que podríamos adscribir a la denostada piramidología, se ha hecho mucho hincapié en la ausencia de momias reales en las pirámides. Para una legión de críticos a la Egiptología ortodoxa, no se han encontrado momias simplemente porque tales estructuras no fueron diseñadas originalmente para albergar el cuerpo presente del faraón, sino para otros propósitos. Y aquí es donde arranca la controversia, que en realidad son dos: En primer lugar: ¿dónde están las momias? Y en segundo lugar, ¿podemos asegurar que las pirámides cumplían una finalidad funeraria (aunque no exclusivamente funeraria)?