Podcast El Lugar de Su Presencia
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¿Tienes mentalidad de escasez o abundancia? - Andrés Corson
Tienes todo lo que necesitas - David Hall
Más el justo por la fe vivirá - Orlando Reyes
El milagro de saber esperar - Natalia Nieto
Más que un jugo de remolacha - Carlos Olmos
¿Dios está muerto? - Thomas Ávila
Cuando creer no es suficiente - Henry Gonzalez y Tuti Vega
En tiempo de siembra, no te comas la semilla - Andrés Corson
Los más buscados - Josh Morales
Reprobé el parcial de la tierra prometida - Christy Corson
Demonios detrás de todo arbusto - Andrés Corson
Aunque la higuera no florezca - Juan Muñoz
Decisiones - Joy Corson
¿Cómo vivir en abundancia? - Andrés Corson
Solo Dios puede juzgarme, pero... - Andrés Fajardo
Déjate amar - Natalia Nieto
¿Por qué NO espiritualizarlo todo? - Andrés Corson
¡Sencillamente creo! - Henry Pabón
Cizaña y espinos - Mark Varughese
¿Y si volvemos a orar? - Andrés Fajardo
El pecado que Dios más odia - Andrés Corson
¿Cómo vivir en escasez para tener abundancia? - Andrés Corson
Coronados - Orlando y Claudia Reyes
¿Un sabio calla o habla? - Christy Corson
El hombre del camino era Jesús - Juan Muñoz & Paola Reyes
No hay fe sin obediencia - Carlos Olmos
¿Queremos una vida nueva sin cambiar nada? - Juan Pablo & Diana Landinez
No es pecado endeundarse pero es una estupidez - Andrés Corson
La gloria postrera será mayor que la primera - Andrés Corson
Venga a nosotros tu reino - Thomas Ávila
Una fe valiente - Sergio Hornung ¦ Prédicas Cristianas 2026 (128kbit_AAC)
Las tormentas no duran para siempre - Rocío Corson
La razón por la que muchos están enfermos - Andrés Corson

¿Cómo ser próspero? - Andrés Corson
La vida no se mide por cuánto tienes, sino por tu relación con Dios. Vivimos en una cultura que define la prosperidad por lo material, pero la Biblia nos muestra una perspectiva completamente distinta: ser próspero es vivir con propósito, tener paz en el corazón, disfrutar lo que Dios te ha dado y aprender a ser fiel tanto en la escasez como en la abundancia. Porque la escasez forma carácter, pero la abundancia revela el corazón. Y cuando entendemos esto, dejamos de perseguir riquezas para empezar a construir una vida verdaderamente significativa. Dios no está en contra de la prosperidad… Él quiere que seas próspero, pero primero en lo eterno.

Territorios de Cautividad - Natalia Nieto
Hay lugares a los que te acostumbraste… pero no fuiste diseñado para vivir ahí. Ambientes, pensamientos y ciclos que atan, desgastan y frenan tu vida espiritual. No siempre se ven como cadenas, pero limitan, oprimen y roban tu libertad. Dios ya hizo su parte. Ahora te llama a salir, a moverte y a posicionarte en lo que Él ya te entregó. La pregunta es: ¿qué territorio sigues habitando que Dios ya te pidió dejar?

Adictos al celular - Juan Muñoz
Revisas el celular sin darte cuenta. Lo tomas por segundos… y pierdes minutos, horas, atención, enfoque. No es solo un hábito, es una dependencia silenciosa que está robando tiempo, propósito y conexión con Dios. Lo que más alimentas… es lo que termina dominándote. La pregunta es: ¿estás usando tu celular… o tu celular te está usando a ti?

No te conformes - Neil Smith
Si no tenenos cuidado, nuestras montañas se vuelven el lugar donde nos conformamos.

Y... ¿Si mejor nos humillamos? - Henry Pabón
Nos cuesta reconocer errores, soltar el orgullo y rendir el corazón. Preferimos justificarnos antes que humillarnos… pero ahí es donde todo cambia. Dios no resiste al débil, resiste al orgulloso. Y es en la humildad donde su gracia comienza a fluir. Tal vez no necesitas más fuerza… necesitas rendirte. La pregunta es: ¿qué pasaría si dejas el orgullo y decides humillarte delante de Dios?

Ahora veo al Dios que me ve - Germán Mariño & Laura Villate
Hay momentos en los que te sientes invisible, como si nadie notara tu dolor, tu proceso o tus lágrimas… pero Dios siempre ha estado mirando. A veces no lo percibes en medio del desierto, pero es ahí donde se revela de una manera más íntima y real. Porque no se trata solo de que tú lo busques… sino de descubrir que Él nunca dejó de verte. La pregunta es: ¿qué cambia en tu vida cuando entiendes que Dios siempre te ha estado mirando?

La vida a campanazos - Natalia Nieto
¿Qué haces cuando la vida te obliga a detenerte y escuchar el sonido de una nueva etapa? En muchos hospitales del mundo existe una tradición: tocar una campana al terminar un tratamiento contra el cáncer. Ese sonido no solo marca el final de una batalla, también anuncia esperanza, valentía y el comienzo de algo nuevo. Pero, en realidad, todos vivimos la vida a campanazos. Momentos que marcan finales y comienzos: temporadas de dolor, de incertidumbre, de lucha… y también instantes donde la gracia de Dios nos permite volver a respirar y seguir adelante. Hay campanas que celebran milagros, otras que acompañan procesos difíciles, y algunas que suenan en medio del silencio del duelo. Sin embargo, incluso en los momentos más oscuros, Dios sigue escribiendo historia con nuestras vidas. Porque cada temporada —la buena y la difícil— puede convertirse en un recordatorio de su fidelidad. Tal vez hoy no sabes qué campana está sonando en tu vida… pero la pregunta es: ¿qué está comenzando Dios después de este sonido?

No desprecies los pequeños comienzos - Andrés Corson
Todo lo grande comenzó siendo pequeño. Una semilla casi invisible puede convertirse en un árbol que da sombra a las naciones. Así funciona el Reino de Dios… y así funciona tu vida. Vivimos en un mundo que celebra lo grande, lo inmediato y lo espectacular. Pero el cielo trabaja diferente: empieza con lo pequeño, con lo que nadie aplaude, con lo que parece insignificante. Una oración silenciosa. Un acto de obediencia. Una decisión correcta cuando nadie está mirando. No menosprecies tus comienzos. No subestimes lo que Dios puede hacer con una vida rendida. Lo que hoy parece un simple granito de mostaza puede transformarse en algo que impacte generaciones. La historia está llena de personas que empezaron desde cero, que fueron cuestionadas, ignoradas o menospreciadas… y aun así perseveraron. Pero la mayor inspiración sigue siendo Jesús: nacido en un pesebre, criado en un pueblo del que nadie esperaba nada, incomprendido incluso por los suyos. Y aun así, su influencia cambió la eternidad. La pregunta no es cuán grande eres hoy. La pregunta es qué semilla estás dispuesto a sembrar. Porque cuando lo pequeño se pone en manos de Dios, deja de ser pequeño.

Prepáralos para volar... aunque te dé vértigo - Carlos & Diana Olmos
¿Qué haces cuando entiendes que tus hijos no te pertenecen… que solo están de paso por tu casa? Vivimos en una generación que sueña con irse, explorar, viajar, construir su propio camino. Y aunque el corazón tiemble, el amor verdadero no retiene… prepara. Prepararlos para volar no significa empujarlos lejos, sino formarlos con propósito. Es enseñarles a amar a Dios por encima de todo, a tomar decisiones con carácter, a sostenerse en la fe cuando ya no estemos ahí para resolverles la vida. Porque llegará el día en que levantarán vuelo, y ese momento no será una tragedia… será el resultado de años de siembra. La crianza es temporal, pero el legado es eterno. No se trata solo de dar estudios, bienes o estabilidad; se trata de dejar una herencia espiritual que alcance hasta los hijos de sus hijos. Formarlos para que, donde sea que vivan —en cualquier país, en cualquier cultura— sepan quiénes son y a quién pertenecen. Soltar duele. Da vértigo. Pero confiar también es parte del amor. Tal vez la pregunta no es a qué edad se irán… sino cómo los estamos preparando para cuando llegue ese día.

La armadura del Espíritu Santo - Daniel Corson
La vida cristiana no es pasiva. Es una batalla espiritual que exige estar preparados. Efesios 6 nos recuerda que nuestra lucha no es contra personas, sino contra fuerzas espirituales. Por eso no basta con buenas intenciones; necesitamos vestirnos con la armadura de Dios. El cinturón de la verdad nos mantiene firmes: la Biblia y Jesús son el fundamento que sostiene todo. La coraza de justicia protege el corazón cuando decidimos vivir en obediencia. El calzado del evangelio nos impulsa a caminar en paz y a llevar esperanza a otros. El escudo de la fe apaga los dardos del enemigo, esas dudas y pensamientos que atacan nuestras debilidades. El casco de la salvación guarda nuestra mente recordándonos quiénes somos en Cristo. Y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, no solo nos defiende: nos da autoridad para vencer. Vestirse con esta armadura no es un ritual; es una decisión diaria. Es reconocer que nuestra fuerza viene de Dios y que, con Él, podemos resistir y permanecer firmes. La pregunta es sencilla: ¿Estás cubriendo cada área… o estás dejando espacios abiertos?

RBD - Rebelde - Thomás Ávila y Christy Corson
La rebeldía no siempre grita. A veces se disfraza de independencia, de “mi vida, mis reglas”, de mala cara ante la autoridad o de obediencia fingida. Anarquía es decir: “nadie me manda”. Humanismo es decir: “no necesito a Dios”. Autonomía es decir: “yo soy mi propia ley”. Pero cuando el hombre intenta ocupar el lugar de Dios, el resultado siempre es el mismo: caos, división y muerte. La rebelión no es solo una actitud externa; es un corazón que se resiste a someterse. En contraste, Jesús mostró otra revolución: la del sometimiento. No se exaltó, se humilló. No se impuso, obedeció. No hizo su voluntad, sino la del Padre. La verdadera fuerza no está en rebelarse, sino en rendirse a Dios. La pregunta es sencilla y profunda: ¿En qué área sigues queriendo ser tu propia autoridad?

El poder visible de tus palabras - Carlos Olmos
Tus palabras no son invisibles. Construyen o destruyen. Bendicen o maldicen. Plantan vida… o arrancan esperanza. Con la misma boca podemos adorar a Dios y herir a alguien hecho a Su imagen. Lo que decimos revela lo que guardamos en el corazón. Bajo presión no hablamos diferente: simplemente sale lo que hay dentro. Hablar mal no es solo decir groserías; también es criticar, sembrar negatividad, reaccionar con dureza, usar la lengua como arma. Pero Dios nos dio autoridad para algo mayor: para construir y plantar. Bendecir no es ser sentimental; es ser intencional. Es decidir hablar vida aun cuando las emociones empujen a lo contrario. Es parecerse al Padre, que ama bendecir. Cada palabra tiene peso. Cada declaración deja huella. Cada frase puede cambiar el ambiente de una casa, una familia, una nación. La pregunta no es si tus palabras tienen poder. La pregunta es: ¿qué están produciendo?

¿Morirías a todo por Jesús y su causa? - Andrés Corson
¿Estás viviendo para lo eterno… o solo para lo urgente? Jesús hizo una pregunta que sigue incomodando el corazón humano: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” Vivimos preocupados por el futuro, la estabilidad, la educación de los hijos, la seguridad, el éxito… pero ¿cuánto de eso está realmente alineado con el Reino de Dios? Morir por Jesús no siempre significa morir físicamente. Significa morir al ego, a los planes personales, a la comodidad, a la lógica humana que muchas veces compite con la obediencia. Significa rendir incluso lo más amado —familia, sueños, estabilidad— sobre el altar, confiando en que los caminos de Dios son más altos que los nuestros. La causa de Jesús sigue siendo la misma: salvar a los perdidos, reconciliar a las personas con Dios, hacer discípulos, vivir el Reino aquí en la tierra y destruir las obras de las tinieblas. Pero esa causa exige algo: una fe que no negocia, una obediencia que no depende de la opinión de otros y un corazón dispuesto a decir “heme aquí” sin condiciones. No todo consejo viene de Dios. No toda decisión “por los hijos” es guiada por el cielo. No toda oportunidad es un llamado. La pregunta no es qué es más cómodo, sino qué es más eterno.

¿No sabes por quién votar? - Andrés Corson
¿Y si el problema no es que no sabes por quién votar… sino que no sabes qué está buscando Dios en un gobernante? En medio de elecciones, opiniones, encuestas y promesas, esta conversación nos lleva a algo más profundo que la política: el corazón. ¿Qué perfil debería tener una persona que gobierna según el diseño de Dios? ¿Cómo discernir sin dejarnos mover por emociones, campañas o miedo? A la luz de la Palabra, se confrontan temas incómodos pero necesarios: el temor de Dios como fundamento de la sabiduría, la defensa de la familia, la integridad, la fidelidad a la palabra dada, la postura frente a Israel, la administración responsable, la justicia, la educación con valores y la capacidad real de gobernar. No se trata de perfección, sino de principios. También se nos recuerda algo esencial: sí debemos participar, sí debemos votar, pero nunca poner nuestra confianza absoluta en un hombre. La historia bíblica muestra que cuando el corazón se aparta de Dios, aun los buenos reyes pueden fallar. Nuestra esperanza no descansa en un candidato, sino en el Señor que quita y pone reyes. Más que una guía política, es un llamado espiritual: a discernir, a orar, a evaluar con responsabilidad y, sobre todo, a mantener el corazón totalmente comprometido con Dios. Porque al final, la pregunta no es solo quién gobernará la nación… la pregunta es: ¿en quién está puesta tu confianza?

Alguien nos quiere destruir - Adriana y Henry Pábón
¿Qué es eso que se ha levantado para destruirte? Destruir tu paz, tu familia, tu fe, tu salud o incluso tu nación. La Biblia no es ambigua: tenemos un enemigo que ruge como león buscando a quién devorar. Pero también tenemos una promesa: podemos resistirlo, manteniéndonos firmes en la fe. Hay batallas que no son solo emocionales ni circunstanciales; son espirituales. El destructor busca poseer terrenos: la mente, el hogar, los hijos, el futuro. Pero Jesús mostró algo claro: cuando la fe se activa, el rugido pierde fuerza. No se necesita una fe gigantesca, sino una fe viva, aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza. El milagro no comienza cuando el problema desaparece; comienza cuando la fe es sanada. Antes de liberar al hijo, Jesús fortaleció el corazón del padre. Antes de transformar una nación, Dios despierta la fe de su iglesia. No se trata de ignorar el rugido, sino de saber a quién acudir primero. Porque cuando la voz de Jesús habla, el destructor retrocede.

Cuida tu perfume - Edgar Sánchez y Paty Corson
¿A qué huele hoy tu vida delante de Dios? La Biblia dice que María derramó un perfume tan puro y tan costoso que toda la casa se llenó de su fragancia. No fue un gesto impulsivo, fue una entrega total. Ese perfume representaba lo mejor que tenía, guardado con cuidado, protegido… pero destinado a ser derramado a los pies de Jesús. Dios también ha puesto un perfume dentro de nosotros: dones, fe, amor, adoración, carácter, tiempo y obediencia. Es valioso, profundo y real. Pero así como el nardo, es frágil. Una sola “mosca” —una palabra mal dicha, una decisión incorrecta, una actitud no rendida— puede contaminar la fragancia. No porque el perfume no sea bueno, sino porque no fue cuidado. El frasco de alabastro habla de nosotros. Hermoso por fuera, valioso, pero inútil mientras permanezca cerrado. Para que el perfume salga, algo tiene que romperse: el orgullo, las excusas, el miedo, el control, las heridas guardadas. Romper el frasco duele… pero llena la casa. Lo valioso siempre cuesta. Amar cuesta. Perdonar cuesta. Adorar de verdad cuesta. Pero aquello que se entrega sin reservas conmueve el corazón de Dios y deja una huella eterna.

Hear!: ¿Cómo oír la voz de Dios? - Bob Sorge
¿Estás viviendo solo de información bíblica… o de la palabra viva que Dios te ha hablado a ti? En el Reino de Dios, no todo se trata de saber más, sino de escuchar mejor. Hay una diferencia profunda entre el logos —la Palabra escrita— y el rhema —la palabra personal que Dios te habla desde el cielo para tu vida hoy. El rhema no se fabrica, no se copia y no se transmite de persona a persona. Nace en el lugar secreto, cuando abrimos la Biblia con un corazón atento y Dios decide hablarnos directamente. Y cuando Él habla, todo cambia. Porque las cosas no se transforman cuando nosotros hablamos con Dios, sino cuando Dios nos habla a nosotros. Jesús fue claro: “El que tenga oídos, que oiga”. Escuchar abre la puerta al arrepentimiento, a la fe y a decisiones correctas. Pero también implica responsabilidad: el rhema que Dios confía debe cuidarse, obedecerse y guardarse con fidelidad. A mayor obediencia, mayor confianza; a mayor cuidado del rhema recibido, mayor revelación por venir. Dios sigue hablando hoy a través de Su Palabra. Cada día hay un rhema escondido esperando un corazón dispuesto a escuchar.