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HITLER EL HOMBRE

HITLER EL HOMBRE

Podcast de Libros Libres · Libros Libres

August 3, 20154m 21s

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Show Notes

Hoy, para satisfacer a casi todo el mundo, debe proclamarse que Hitler fue un tarado, atiborrado de pastillas, que se lanzaba sobre las alfombras para devorarlas a dentellada limpia y que, además de todo eso, por otra parte, era un inútil que no servía para nada. Bien; no me puedo retener...Tengo que manifestar lo que vi: Hitler era un genio brillantísimo. Estaba abatido, ciertamente. Mostraba la palidez de quien, desde 1939 debía soportar todo un mundo a cuestas. Mas en su cuerpo era fuerte y su figura reflejaba la potencia deslumbrante de su espíritu. Al contrario de lo que puedan afirmar cientos de ignorantes, Hitler fue el mayor genio militar que conoce Europa, tras desaparecer Napoleón. La planificación de todas la grandes batallas fue obra suya. Pero además, y antes de eso, fue el hombre de estado que logró proporcionar a su país la eficacia política, el espíritu de solidaridad y la prosperidad económica. De 1933 a 1939 hizo de un pueblo vencido y arruinado el más fuerte y más organizado de Europa... Además de todo esto, fue un gran renovador social. Tan sólo él, en el mundo del siglo XX, ha conseguido eliminar el desempleo; ¡Dio trabajo a más de seis millones de personas!. Consiguió para los obreros, salarios elevados, condiciones decentes en el trabajo, casas bonitas, ocios sanos y organizados, automóviles asequibles, vacaciones pagadas, gran bienestar material, ayudas familiares, dignificaron del trabajo y respeto para los trabajadores en una comunidad popular reconciliada. Estaba allí, con él, ante un fuego donde crepitaban las ascuas. Era un hombre sencillo, sin vanidades ni complejos. Su primera reacción cuando nos sentamos y contemplar mis botas rusas de grueso fieltro ruso fue comentarme: "Mañana deberá hablar en una empresa de Berlín donde le he organizado todo para que de una gran conferencia y no puede ir calzado de esa manera". Mi uniforme estaba, más o menos, presentable, pero llevaba calzadas aquellas feísimas y toscas botas soviéticas. Me preguntó: "¿Qué número calza?". Contesté el 42. El usaba el 43. Se levantó y de un armario sacó un par de botas suyas, metió al fondo de ellas unos trozos de papel y me las dio para que me las probara. Me quedaban bien y quedé calzado con las botas del Señor de Europa .......Con Hitler era así como acontecían las cosas.