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Show Notes
La decisión que obliga a millones de ciudadanos de este país a permanecer encerrados en su casa sin poder desarrollar normalmente su actividad laboral, no puede ser legítima si dejan intactas sus obligaciones fiscales. Ante la propuesta de baja de impuestos y de salarios públicos salen raudos todos los políticos y sus esbirros a militar su forma de subsistencia. No se trata del partido en el poder sino de todos, porque son activistas con cargo público y defender el cargo es parte de su trabajo.
En un desfile vergonzoso de excusas e indignación los políticos dicen que no es posible reducir la cantidad de dinero que nos exigen porque una caída de recaudación implica que no se pueda pagar el gasto. ¡Y no, querido, esa es la idea! Pero no hay caso, ellos tienen que seguir alimentando al obeso mórbido a reventar, así deban hacer quebrar negocios y familias. El pan de tu mesa es mil veces menos importante que las tortas que come el gordo.
Las cacerolas, las tendencias en redes y cualquier otro tipo de protesta contra la confiscación de nuestras libertades y bienes da resultado. Ya han tenido que dar marcha atrás en varias ocasiones. Es una forma inorgánica de manifestación porque la sociedad no tiene, hoy, una representación institucional que la contenga. Nadie es dueño de las cacerolas, es el ciudadano, solo, encerrado en su casa pidiendo ley justa, que le devuelvan las libertades que le pertenecen y su capacidad de producir antes de que el obeso gigantesco caiga por su propio peso sobre nuestras cabezas.