
Okupas, el delito que no se puede nombrar
Karina Mariani Editoriales · karina mariani
September 8, 202014m 28s
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Show Notes
Nunca en la historia de la humanidad los débiles han salido beneficiados del caos y la arbitrariedad. El crecimiento exponencial de las villas de emergencia, asentamientos precarizados o el eufemismo de moda que usemos para describir la miseria habitacional es claro ejemplo de que promover estos movimientos es promover la decadencia de quienes allí viven. ¿Por qué persistimos en el fracaso, entonces?
Quienes usan las tomas para apalancar su carrera política, suelen decir que las ocupaciones se establecen sobre bienes fiscales, o sea, bienes que son del Estado, (porque parece que lo del Estado no es de nadie y el gobernante de turno tiene la varita mágica de regalarlo generosamente). Pero esto no es cierto. Se ocupa todo lo que se puede, incluida casitas de fin de semana, departamentos en edificios, locales, terrenos privados y, obviamente, terrenos fiscales, cuanto más valiosos estratégicamente, mejor. Ese fenómeno sigue creciendo y los voceros dicen estar denunciando la injusticia social del capitalismo sobre el uso del suelo. Tergiversan el derecho a disfrutar de una vivienda digna con la obligación del Estado o la sociedad a proveerla. Pero tergiversan algo aún más profundo y grave: las reglas del juego, dicho en otras palabras: el imperio de la ley.