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Licencia para escandalizar

Licencia para escandalizar

Karina Mariani Editoriales · karina mariani

March 9, 202112m 4s

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Show Notes

En el imperio de los sentimientos que rigen el consenso político y cultural, la verdad es un problema secundario, lo que importa es la emoción que es capaz de borrar la memoria y el deber. Personajes corruptos y viles son capaces de psicopatear con el daño que le atribuye a expresiones simbólicas cuando su accionar delictivo es bien real y palpable. Son astutos en ofenderse en virtud de una moral que ni siquiera comparten. Por ejemplo, con la excusa del coronavirus el gobierno liberó a presos peligrosos sin ninguna explicación racional. En una segunda etapa del sinsentido, derogó el decreto que permitía a las autoridades impedir el ingreso de extranjeros con antecedentes penales. Con la misma debilidad por el bienestar delincuencial, sostuvo una cuarentena que empobreció a los ciudadanos decentes mientras favorecía usurpaciones y ponía a funcionarios políticos a defender al separatismo indigenista en el sur y para mayor abundamiento se dedicó a confiscar cargamentos de soja mientras hay provincias asoladas por el narco libradas a la buena de Dios. ¿Qué alegoría merecerían estas acciones para no molestar a los catadores de protestas? ¿Con qué elegante metáfora podremos representar los acontecimientos formoseños? Durante un tiempo parecía que nos querían temerosos aplaudiendo desde los balcones, ahora simplemente nos quieren resignados y mudos. Y nosotros teniendo contemplaciones por si alguna alegoría performática hiere algún sentimiento. Si la política es incapaz de denunciar las violaciones a la democracia peor para ella. La verdadera ofensa está en no protestar con la suficiente firmeza y seguir actuando como si nada. El resultado es que se acepta graciosamente que la desestabilización que sufrimos va a desaparecer con unas elecciones legislativas, con esta actitud, cavamos nuestra propia tumba. La corrección y la moderación nos ha dejado una retórica pacata y acotada. Un límite de expresión parco que validamos para los estrechos límites de nuestro marco moralizante. Hacinados en este pequeño escenario de protestas permitidas, dan envidia los hombres del pasado, como Goya que no escatimó recursos para denunciar lo que estaba mal. Sencillamente eso.