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Ley Micaela: el quiebre del pacto democrático

Ley Micaela: el quiebre del pacto democrático

Karina Mariani Editoriales · karina mariani

December 2, 202017m 33s

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Show Notes

¿A qué se llama Violencia de Género? A “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”. Y con esta tajante afirmación se firmaron múltiples tratados y pactos internacionales instando a “gobiernos, organizaciones internacionales y no gubernamentales a convocar actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública sobre el problema de la violencia contra las mujeres”​. En definitiva esa “violencia de género” viene a ser una violencia que se produce contra una mujer por el hecho de ser mujer y por ningún otro motivo. Se trata de una interpretación de la realidad que no tiene el menor asidero científico, no asiste a esta afirmación ningún estudio, prueba empírica o estadística y sin embargo la imposición del concepto es la clave que puede terminar con el pacto democrático sobre el que se sustenta nuestra vida social. Ese pacto que resolvía los conflictos de forma particular, entre los individuos, como es la norma con cualquier delito. Al aceptar que todo homicidio, agresión, vejación, menosprecio o insulto hacia una mujer es “violencia de género” si la comete un varón lo que se está diciendo es que hay conductas que constituyen delito específico si y sólo si las lleva a cabo un colectivo especial dentro de una sociedad. Es la base filosófica del apartheid racial. La Ley Micaela representa la claudicación de los valores liberales y persigue lo que es imposible: la seguridad absoluta. El mundo es malvado y lo es para todos. Las carradas de dineros volcados a las leyes de género no han obtenido resultados porque el diagnóstico es falaz y porque no era la seguridad de las mujeres lo que pretendían sino su tutela. No hay un sexo bueno y otro malo, como no hay uno fuerte y otro débil. La fuerza, la voluntad, la valentía y la bondad; al igual que la maldad, el sadismo y la imbecilidad están repartidos (afortunadamente) de forma igualitaria entre hombres y mujeres. La hermenéutica de género logró un dislate temerario: la Ley Micaela que tiñe todo con un estigma de género ve a cada paso una agresión de lo maculino hacia lo femenino. Semejante fanatismo es el definitivo quiebre de nuestro pacto democrático.