
La insoportable levedad de Ursula von der Leyen
Karina Mariani Editoriales · karina mariani
February 18, 202112m 35s
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Show Notes
Una de las características más notables del fenómeno covid, es la mamushka de crisis sobre crisis que ha desatado y que se van acumulando, una sobre otra, poniendo en duda casi todo lo que parecía sólido e inobjetable. Así, la “crisis de las vacunas”, el vodevil estelarizado por presidente de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen dice varias cosas sobre la fragilidad de los acuerdos, sobre la capacidad de gestión de la sobrepaga burocracia de Bruselas y sobre todo, sobre lo rápido y fácil que los dirigentes pueden caer en el ridículo papel de un tirano bananero cuando se les pone presión.
Ya sean las limitaciones de la propia dinámica de la Comisión o de la misma Von der Leyen, lo que quedó de manifiesto es que, ante la presión, Úrsula reaccionó amenazando con cerrar las fronteras a la exportación de vacunas, cosa típica de los dirigentes más incapaces e ineficaces del socialismo hispanoamericano. ¿Qué pasaría si ante las frustraciones propias de la gestión de la crisis, todos los países del mundo se ponen a impedir la exportación de bienes? Después de todo, todos pueden alegar que sus ciudadanos están primero y medidas así pueden afectar desde alimentos hasta combustibles.
Aunque los miembros de la Comisión pretendan otra cosa, la demora en los pedidos se traslada a las entregas, las farmacéuticas no dan abasto y los reclamos por la falta de suministros abundan en medios y redes. La cosa es que Hungría ya se hartó de esperar y comenzó a hacer rancho aparte buscando vacunas rusas y chinas por su cuenta. "Tras la epidemia, los Estados miembros tendrán tiempo de examinar si fue una buena decisión confiar la compra de vacunas a Bruselas", dijo el primer ministro Viktor Orbán. La política se cuela en la gestión de la salud, inevitablemente y revela que los desmanejos relacionados con los lobbies se pagan caro.
Ya sea que la UE sea culpable de proteccionismo o de rigidez burocrática, lo cierto es que la crisis de las vacunas ha dejado a Bruselas desnuda. El programa de vacunación de Úrsula es un fiasco que daña al proyecto europeísta. La confianza en la UE se deteriora al alejarse la esperanza de terminar con las medidas de restricciones y confinamientos. La planificación central, la falta de conocimiento y el lobby de las farmacéuticas causaron la debacle que expone a los europeos a vivir con las consecuencias de una crisis más prolongada. Úrsula se entregó al peligroso nacionalismo de las vacunas para expiar sus propios fracasos.