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Show Notes
El 8 de diciembre Rusia, Ucrania y Bielorrusia dan luz a la Comunidad de Estados Independientes compuesta por 10 de las 15 ex repúblicas soviéticas sepultando a la URSS como “Sujeto de Derecho Internacional y realidad geopolítica”. El 25, finalmente,
Gorbachov anuncia la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La URSS fue un leviatán con un legado: un sistemático genocidio que actuó igual no importaba ni la cultura ni el lugar donde se implantara: China, Cuba, Rumania, Camboya, Benín, Congo-Brazzaville, Angola, Nicaragua, Mozambique, Etiopía, Somalia, Afganistán, Corea del Norte, Vietnam, Laos, Venezuela y más. Tiranía, tortura, corrupción, hambre y miedo.
La URSS ya no existe, pero la carrera por la instalación del comunismo ahora está en manos del Partido Comunista Chino. Mucho más versátil, con un aparato de propaganda y de relaciones exteriores aceitado y eficaz que aprendió la lección del imperio que lo precedió. Heterodoxo, tenaz y paciente. Si el Siglo XX terminaba con el monstruoso régimen soviético, el XXI comenzó con el crecimiento brutal del régimen chino. En la navidad del 2020, a los 29 años de la caída de la URSS, el mundo ve como colapsa su economía y declina su libertad, la postal es trágica. Curiosamente, sólo China se salva de la debacle planetaria…
Quiso la paradoja que la dictadura soviética desapareciera un día de Navidad, celebración que tanto había prohibido. A pesar de toda la represión y la muerte, a pesar del enorme poderío obtenido y de la férrea pulsión de dominio de sus caudillos, el comunismo cayó aquella vez mostrando las miserias de su fracaso. La historia nos recuerda que hemos estado peor, y que vencimos a los enemigos de la libertad. Es cuestión de no dormirse.