
Audio is streamed directly from the publisher (ivoox.com) as published in their RSS feed. Play Podcasts does not host this file. Rights-holders can request removal through the copyright & takedown page.
Show Notes
La crisis también mostró la indigencia argumental de una oposición cuyo logro es ser mejor gestor de la ortodoxia estatista, tan corta y cobarde que con todas las barbaridades aquí enumeradas no consigue despegar ni capitalizar el descontento. Ahora esa clase política que despreciábamos sabe que somos presa fácil. Eso también lo aclaró el coronavirus. Saben que estamos a su merced como pocas veces en la historia.
Ninguna institución política o estatal salió a decir que un decreto basado en impedir que colapsen los servicios de terapia intensiva, no puede, bajo ninguna pesadilla posible, suspender libertades, garantías constitucionales y derechos civiles. Y menos extenderse indefinidamente, cosa que no está amparada en ningún marco legal porque si esto es permanente entonces no es una excepción.
Llevamos mucho más de lo razonable encerrados y sin acceso a nuestros derechos. Los gobernantes hacen y deshacen, rompen pactos internacionales, interfieren ilegalmente en otros gobiernos, atacan a ciudadanos honestos y sueltan delincuentes. Disfrutan de competencias que no les dimos y de un poder extraordinario, justificado en una excepcionalidad que dejó de serlo. La perversión del poder político es hacernos creer que llegan para transformar la sociedad, y no para gestionar un simple mandato, punto. Esto no es normal, no es justo y no debe durar un segundo más. El sentido instrumental de la crisis seguirá sirviendo para apretar el acelerador hacia el totalitarismo si no nos oponemos. Para eso se supone que somos una República.