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Show Notes
Kevin Carter formaba parte de un unido grupo de fotoperiodistas sudafricanos blancos conocidos como “Bang Bang Club”, cuatro amigos que tomaron algunas de las más famosas fotos de los últimos tiempos del apartheid, cuando el sistema de segregación sudafricano estaba llegando a un violento final. Eran adictos a la adrenalina con una valiente misión: conseguir “la foto”, a cualquier precio.
Cada día, Kevin abandonaba la seguridad de los barrios blancos para exponerse a una inimaginable brutalidad. Sus impactantes y duras fotografías (él fue el primero en fotografiar una ejecución mediante el “collar”: un anillo de gasolina alrededor del cuello de una persona al que se prendía fuego) provocaron la indignación general y contribuyeron a la condena mundial del apartheid.
Sin embargo, la foto más conocida de Kevin Carter no llegó de Sudáfrica, sino del sur de Sudán, adonde viajó para fotografiar la hambruna causada por la guerra civil. En el desierto, cerca de un centro de refugiados, se encontró con una terrible imagen: una niña famélica acechada por un buitre. La fotografía se hizo famosa y Carter con ella, pero siempre bajo la presión social de un dilema que él también hizo suyo: ser un simple testigo o un salvador.
Incapaz de quitarse la imagen de la cabeza y con la convicción de que debería haber hecho algo más por la niña que espantar al buitre, al recibir el premio Pulitzer en 1994 declaró: “Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella. No quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”. Nada pudo mitigar el dolor de Kevin Carter, que, un par de meses después de recoger el galardón, se suicidó.