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Show Notes
Los jaredin o 'temerosos de Dios' viven en guetos como éste, donde todo está adaptado a sus necesidades: comida kosher, realizada según las normas del judaísmo, lugares donde realizan la circuncisión a los varones; peluquerías que cuidan con esmero los largos tirabuzones que exhiben los varones, o tiendas de gorros y pelucas para que se cubran el cabello las mujeres casadas.
Por las empedradas callejuelas de este barrio, que se parece a los que existían por 1880 en Hungría o Polonia, los únicos coches que transitan son los cochecitos de bebé, porque aquí cada familia tiene una media de diez a doce hijos. El barrio está repleto también de yehsivot, escuelas de la Torá, donde los varones pasan el día estudiando los textos sagrados.
Los ultra-ortodoxos judíos o jaredin como a ellos les gusta que les llamen, es una comunidad aparentemente homogénea pero existen muchos sub-grupos que se diferencian por la manera de rezar, o por dar mayor importancia a la mística. "Es como una orquesta sinfónica que hay muchos instrumentos pero todos tocan la misma melodía" nos resume el rabino José Rubén Grimblatt desde su casa en Mea Shearim.
Los ultra-ortodoxos constituyen ya la cuarta parte de la población de Jerusalén y el 10% de la de Israel. Algunos del denominado "sector laico" aseguran que Israel puede convertirse en un estado teocrático. Uno de los asuntos más controvertidos ha sido su intento de imponer la segregación de sexos en las líneas de autobuses que recorren sus barrios. En estas líneas, los hombres se sientan delante y las mujeres atrás.
Algunas mujeres denunciaron amenazas y coacciones al negarse a cumplir esta regla. El movimiento reformista del judaísmo, ha emprendido una batalla legal contra esta y otras actuaciones: “Me alegra poder decir que gracias a nuestra batalla legal y política contra los autobuses segregados, la Corte Suprema ha regulado que esas líneas segregadas no son constitucionales” nos dice el rabino Gillad Kariv, líder del Movimiento Reformista del Judaísmo en Israel.
En una de las paredes del barrio se lee: "Somos judíos, no sionistas". Muchos de los jaredim no creen en el Estado de Israel. Para ellos, es un estado ficticio creado por el hombre. Ellos siguen al pie de la letra la Torá, por tanto “esperan que Dios envíe al Mesías que restituirá la gloria al pueblo judío”.