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Show Notes
JULIO DE 1839. Medianoche en alta mar. Una goleta española, la Amistad, navega dando popa a La Habana con destino a Puerto Príncipe. En la bodega, un cargamento de ébano integrado por 53 negros africanos encadenados estalla en motín. El líder, el bravo Cinque, de la tribu mendé, se libera de sus argollas y encabeza la rebelión. Los africanos mantienen con vida a dos cubanos, Montes y Ruiz, para que piloten la nave de regreso a la tierra donde fueron raptados, Sierra Leona, en África. La Amistad, con artimañas de los españoles, termina frente a la costa norteamericana, a la altura de Long Island, donde es interceptada.
Encarcelados, los africanos son juzgados por asesinato y piratería. En la causa se presentan diversos demandantes que reivindican la posesión de la mercancía del barco: la Corona española, la Secretaría de Estado norteamericana, los traficantes cubanos y un grupo de abolicionistas. Incluso, el octavo presidente de la nación, el pro esclavista Martin Van Buren, se interesa por el asunto al ver peligrar su reelección.
Ésta es, esencialmente, la historia de la nueva película de Spielberg (estreno en España el viernes, 6 de marzo). El director ha contado con un reparto de lujo. Actores del calibre de Morgan Freeman, Matthew McConaughey, Anna Paquin, el actor de Benin Djimon Hounsoy y, sobre todo, sir Anthony Hopkins (encarna al ex presidente John Quincy Adams, el campeón que ganó la causa ante el Tribunal Supremo).
Pero la historia cinematográfica no es calcamonía, ni mucho menos, de la verdadera historia del Amistad. Baste un episodio de la película para confirmarlo: el protagonista, Cinque, vuelve a Sierra Leona y se reencuentra con su mujer y sus hijos. La realidad fue bien distinta. Sengbeh Pieh, su verdadero nombre, volvió a África pero jamás pudo encontrar a su familia, que en los tres años que duró su ausencia fue capturada por una tribu enemiga y vendidos sus miembros como esclavos. Un tráfico que continúa hoy en países como Sudán.
Otro error más: Van Buren había dejado de ser presidente cuando empezó el juicio.
Los hechos reales arrancan con el año 1839. Varios centenares de africanos, caídos en una de las redes de tráfico de esclavos, son embarcados, desde Sierra Leona, en el barco negrero de bandera portuguesa La Técora. Durante la travesía del Atlántico, rumbo a La Habana, los negreros llegan a arrojar por la borda hasta a 50 esclavos. Calcularon mal los víveres para el viaje y no había comida para todos.
El destino de la mercancía eran los campos de azúcar de la isla caribeña. Aunque la trata estaba prohibida internacionalmente, el contrabando era abundante. Portugueses, franceses, norteamericanos y españoles seguían pirateando aun a riesgo de ser interceptados por la Royal Navy británica, que desde 1817 se había arrogado el papel de gendarme de los mares contra la trata.