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Tiempos virtuales y realidad fragmentada. Una ontología para la era digital

Tiempos virtuales y realidad fragmentada. Una ontología para la era digital

Devenir · Devenir

April 18, 20211h 58m

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Show Notes

¿la nueva era esquizofrénica? Empezamos a vivir la experiencia fragmentada e inconexa del tiempo, que implica vivir sin la búsqueda de sentido, sin una meta al final de la línea... Ontología que rompe con la linealidad y el sentido de la metafísica judeocristiana... Belén Castellanos Rodríguez (Avilés, 1978) Catedrático y Doctor en Filosofía. Premio Extraordinario de Doctorado. Trabaja como docente en educación secundaria y es profesora-tutora de Ética en la UNED / UNED. Investiga varios proyectos en la misma universidad y en la UCM. Numerosas publicaciones académicas en libros revistas internacionales de Filosofía y Ciencias Sociales. Especial interés por las corrientes filosóficas contemporáneas: Heidegger, postestructuralismo, Bataille, etc. que recuperan el pensamiento ontológico de los inicios de la Filosofía. También publicó obra literaria. Sus historias conservan un signo filosófico siempre relacionado con estas influencias. Así lo demuestra en su libro con Román Reyes titulado Historias intempestivas y secuencias recurrentes (Ed. Praza y Valdés, 2012) y en el último solo Corpos comulgados (Endymión, 2014) También es columnista en varias revistas digitales. Autor de “El inconsciente ontológico de Gilles Deleuze. Por una ontología política versus psicoanálisis culturalista " Ensayaremos algunos conceptos básicos para revivir nuestros principios ontológicos, es decir, nuestras ideas, estructuras y esquemas, para pensar quizás en lo más esencial y básico: el ser, el espacio y el tiempo. Las cuarentenas y confinamientos a los que ha sido sometido el mundo entero en el último año ante los estragos de la pandemia del covid 19 marcaron, en mi opinión, el inicio de una nueva era. Por supuesto, la génesis nunca son transformaciones totales o mecánicas y tampoco lo es, sino que ponen en el centro de la vida lo que en las últimas décadas eran posibilidades, herramientas cada vez menos marginales de trabajo y ocio, o simplemente tecnologías que todavía no habían modificado notablemente. nuestra experiencia espacio-temporal o, mejor dicho, habiendo transformado nuestra experiencia de distanciamiento y relevo generacional, no pasaron, hasta que apenas comenzamos a normalizar las características de la vida en cuarentena, a remodelar nuestras intuiciones más profundas, nuestra estética trascendental. La era digital se caracteriza por tal aumento de la inmediatez y los filtros foto-tecnológicos del encuentro social e interpersonal que afecta definitivamente a nuestra experiencia especular, ya que la relación con el otro, y no solo la soledad íntima, pasa por una doble reflexión y refracción, desde donde no vemos a los otros namais eso si nos vemos hablando con el otro. El espejo se encuentra mediando, literalmente, como un objeto de superficie reflectante, en casi todas nuestras interacciones. El momento dialéctico de la construcción de nuestra subjetividad aparece transparente. Es más la mediación a través de varias pantallas que la inmediatez o el acortamiento de distancias, lo que me parece más interesante porque la disposición de diferentes filtros nos permite incluso cambiar nuestra identidad, de modo que habitar un solo personaje se vuelve más extraño que nunca, pudiendo como podemos, presentarnos a través de aspectos muy diferentes. La diversificación del yo "ya está ahí", ya no como elaboración filosófica o esfuerzo ascético, sino como condición de partida, como juego en el que ya estamos inmersos. En cuanto al tiempo, Occidente vivió solo el tiempo cronológico entre las variedades que se distinguían en la Grecia clásica, que también tenía el aion o tiempo de la eternidad y el kairós o tiempo de oportunidad. Más aún, tuvimos el primitivo trance religioso del eterno retorno. Sin exagerar, creo que desde tiempos precristianos, no nos hemos conectado con modos de vivir el tiempo paralelos y / o alternativos al que ofrece la Historia, la biografía y el conjunto de narrativas lineales. Me parece, en adelante, la experiencia serial del tiempo: la experiencia de la ficción serial intensiva y no socializada por la programación televisiva que hizo del cine y la serie un acto ritual comunitario y, por tanto, pedagógico y transmisor del mito religioso, y de la experiencia del videojuego no socializado ni por los salones recreativos ni por las pautas del entorno social cercano. La ficción ocupa un gran lugar en nuestras vidas y la ruptura con la linealidad del tiempo ocupa un gran lugar en el tema de la producción cinematográfica. ¿Cómo se siente un mundo tan atravesado por la contemplación?