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Show Notes
Jose Vicente Peñarrubia
Creer es el fundamento en el que se basa la religión dominante.
Pero hay que distinguir entre dos tipos de estrategias –complementarias- respecto a creer:
1. La primera consiste en creer para comprender;
2. La segunda afirma que hay que creer aunque sea absurdo.
El cristianismo -en un primer momento- intenta establecer el principio: “Creo con el fin de entender” (“Credo ut intelligam”).
Ya el profeta Isaías afirmó que: “A menos que creas, no entenderás”.
También San Agustín vincula la fe a la comprensión o el conocimiento.
Así afirma que “no creyeron porque conocieron, sino que creyeron para que conociesen, ya que creemos para conocer, no conocemos para creer” .
Según san Agustín, el conocimiento implica siempre la creencia.
San Agustín expresa la vinculación entre la creencia o fe y el conocimiento – comprensión o entendimiento - como sigue: “Cree para que puedas entender” .
También San Anselmo afirma que no se trata de entender para creer, sino de creer para entender. Es decir, a menos que se crea no se entenderá.
El “credo ut intelligam” establece la necesidad de la fe para comprender aquello que fuera de la fe es inteligible.
Pero si a pesar de creer no se entiende, al cristianismo siempre le queda una última y decisiva posibilidad para mantener la creencia o fe.
Aquí tenemos el famoso dicho de Tertuliano: “Lo creo porque es absurdo” (“Credo quia absurdum”).
Tertuliano fue un pagano romano convertido y apologista del cristianismo.
No quiso incorporar la tradición intelectual griega al dogma cristiano porque pensaba que era el origen de todas las herejías.
Afirmaba la contradicción entre la razón y la revelación por el carácter limitado del conocimiento humano.
Pensaba que la filosofía era perniciosa porque no tiene nada que ver con el cristianismo.
Estableció la antítesis entre:
• filosofía/cristianismo,
• hijo de la tierra/hijo del cielo,
• discípulo del error/amigo de la verdad, etc.
Sus ataques a la filosofía culminaron en el ensalzamiento de la verdad cristiana como verdad incomprensible y absurda.
Así escribió:
• que la muerte del hijo de Dios es creíble porque es contradictoria, o
• que la resurrección es cierta porque es imposible.
Hay cosas increíbles o absurdas y precisamente porque son absurdas es la razón para creerlas.
La lucha de Tertuliano contra la Antigüedad fue considerada por el filósofo Scheler como una manifestación de resentimiento frente a los valores paganos.