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Episodios nacionales 14. El Grande Oriente

Episodios nacionales 14. El Grande Oriente

Devenir · Devenir

April 29, 20202h 48m

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Show Notes

En este año 2020 se celebra el centenario de Benito Pérez Galdós (Las Palmas 1843 - Madrid 1920) novelista, dramaturgo, cronista y político español que está considerado uno de los más importantes autores en lengua española. Aquí nos unimos al homenaje y recuperamos las dos primeras series de sus episodios nacionales, maravillosamente teatralizadas en los años setenta. Unidos los audios y mejorado el sonido resulta, mayor si cabe, un auténtico placer su escucha... Los Episodios nacionales son una colección de cuarenta y seis novelas históricas escritas por Benito Pérez Galdós que fueron redactadas entre 1872 y 1912. Están divididas en cinco series y tratan la historia de España desde 1805 hasta 1880, aproximadamente. Sus argumentos insertan vivencias de personajes ficticios en la narración de los principales acontecimientos españoles del siglo xix, desde la guerra de la Independencia española (un capítulo que Galdós, aún niño, conoció a través de las narraciones de su padre, militar que había participado y combatido en ella), pasando por las guerras carlistas, hasta los años de la Restauración borbónica en España, periodo que el propio escritor vivió. En estas obras, Galdós perfeccionó un tipo único de ficción histórica que se basó en una investigación meticulosa utilizando memorias, artículos de periódicos antiguos y relatos de testigos presenciales. Las novelas resultantes son relatos vívidos, realistas y precisos de los acontecimientos históricos. Max Aub, en su Manual de la Historia de la Literatura Española, asume la obra galdosiana en estos términos: «Perdiérase todo el material histórico de esos años [siglo xix], salvándose la obra de Galdós, no importaría. Ahí está completa, viva, real la vida de la nación durante los cien años que abarcó la garra del autor. Existen, para siempre, sus centenares y centenares de personajes históricos e imaginados, tan ciertos los unos como los otros. (...) Solo los más grandes en el mundo, y sobran dedos para contarlos, consiguieron otro tanto. Y aun más: le dejaría en la gloria novelera de su tiempo mano a mano con Tolstoi, porque, además de dar vida a seres para siempre presentes, supieron sacar a la luz el genio de su patria a través de sus luchas, glorias y desgracias. (...) Galdós ha hecho más por el conocimiento de España por los españoles –por el pueblo español– que todos los historiadores juntos. ............................................. El Grande Oriente es la cuarta novela de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Escrita en el mes de junio de 1876 y publicada ese mismo año. Toma su título de la obediencia masónica llamada Grande Oriente Nacional de España,1? y recoge algunos sucesos posteriores al fallido intento del cura Matías Vinuesa para restaurar el absolutismo y los conflictos en el Gobierno liberal (dirigido en parte por los masones),2? mientras los realistas, perseveran en su objetivo de recuperar el poder. La acción transcurre en el Madrid del año 1821, con Salvador Monsalud (que ha sustituido a Gabriel de Araceli en el protagonismo de los episodios) como personaje principal de la trama, un meollo argumental que una vez más mezcla el folletín con la presencia de personajes reales de ese periodo de la historia de España como los revolucionarios –de ideología liberal y confesión masónica en su mayoría– Juan Romero Alpuente, Fernández Golfín (fusilado junto a Torrijos), José Manuel Regato, o el misterioso Gran Maestre José Campos “el Venerable”, sobre los que Galdós pidió información, ayuda y consejo a Ramón de Mesonero Romanos;3?4? casi todos ellos incluidos en el Diccionario Biográfico del Trienio Liberal de Alberto Gil Novales.5? La novela supera en ritmo y contenido a libros históricos anteriores como La Fontana de Oro, escrita ocho años antes.4? No sin cierto sentido del humor, muy galdosiano, y jugando con los símbolos, el escritor hace que las peripecias de Monsalud, en la línea típica del antihéroe, sean tan catastróficas como lo sería finalmente el sueño revolucionario del Trienio liberal.6? Todo aquello en que pongo los ojos se vuelve negro. Si mi corazón se apasiona por algo, persona o idea, la persona se corrompe y la idea se envilece. Conspiro, y todo sale mal. Deseo la guerra, y hay paz. Deseo la paz, y hay guerra. Trabajo por la libertad, y mis manos contribuyen a modelar este horrible monstruo. Quiero ser como los demás, y no puedo. En todas partes soy una excepción. Otros viven y son amados; yo no vivo ni soy amado, ni hallo fuente alguna donde saciar la sed que me devora. ¿Amigos? Ninguno me satisface. ¿Artes? Las siento en mí; pero no tengo educación para practicarlas. ¿Amor? Siempre que me acerco a él y lo toco, me quemo. ¿Religión? Los volterianos me la han quitado, sin ponerme en su lugar más que ideas vagas... Dios mío, ¿por qué estoy yo tan lleno y todo tan vacío en derredor de mí? ¿En dónde arrojaré este gran peso que llevo encima y dentro de mi alma? Voy tocando a todas las puertas, y en todas me dicen: «Aquí no es, hermano; siga usted adelante». Voy siempre adelante. Algún ser existe, sin duda, que está sentado junto a su casa, esperándome con ansiedad; pero yo paso y vuelvo a pasar, subo y bajo, entro y salgo con mi carga a cuestas, y no doy jamás con la puerta de mi semejante. Voy aburrido y desesperado, ando sin cesar. «¿Será aquél?», me pregunto. Creo haber acertado, y una brutal mano me lanza al camino diciendo: «Sigue adelante, que aquí no es...». «Aquí no es, aquí no es, aquí no es». Capítulo XV, Galdós (1876) Una desazón de sello romántico que Galdós contrastará en varias de sus descripciones del momento sociopolítico: Tal era la situación política a principios de Marzo. En el Gobierno, debilidad; en el Congreso, confusión; en Palacio, solapadas intrigas, cuyas resultas se verán más adelante. El pueblo, desbordado y sin reconocer ley ni freno alguno, expresaba su voluntad ruidosa y groseramente en los clubs. A fuerza de oír hablar de su soberanía, empezaba a creer que consistía ésta en el uso constante de la iniciativa revolucionaria y en el ejercicio atropellado de la sanción popular en asonadas, violencias y atrocidades sin cuento. Romero Alpuente, un vejete furibundo a quien después conoceremos, había dicho que la «guerra civil era un don del Cielo». Istúriz, joven y exaltado, había dicho que la palabra «Rey era anticonstitucional». Moreno Guerra, había dicho que el «pueblo tiene derecho a hacerse justicia y vengarse a sí propio». Golfín, que la anarquía purgaba a la tierra de tiranos. Otro llamaba al Trono «cadalso de la libertad». Entre tanto las sociedades secretas estaban desconcertadas; porque si bien el nuevo Ministerio saliera de ellas como el anterior, no había gran seguridad de que se dejase gobernar por los «Valerosos Príncipes». Capítulo XVI, Galdós (1876)