
San Tirso de Abres, Asturias en La España Barbaciada
Seguimos en Asturias, y para nuestra última etapa de hoy le vamos a meter un poco de alegría al 131 Supermirafiori. Cogemos la carretera AS-12 hacia el norte, bajando suavemente hacia la costa pero sin llegar a tocar el mar, atravesando valles verdes que parecen pintados con el filtro "saturación" de Instagram. Tras unos 45 kilómetros de disfrute visual, llegamos al concejo de San Tirso de Abres. Este municipio tiene 408 habitantes y su gentilicio es santirseño o santirseña. Geográficamente, San Tirso es una rareza, una anomalía, un "bicho raro". Es el municipio más occidental de Asturias, pero está tan metido en la provincia de Lugo que es casi una península asturiana rodeada de Galicia por tres lados. Aquí la frontera es difusa: se habla gallego-asturiano (o eonaviego), se come pulpo y se bebe sidra. Tienen lo mejor de los dos mundos, o una crisis de identidad galopante, según se mire. En el año 2011 les tocó la lotería moral: les dieron el premio al Pueblo Ejemplar de Asturias. Ya sabéis, ese premio que otorga la Fundación Princesa de Asturias, donde los Reyes van al pueblo, se pasean bajo la lluvia, comen bollos preñados y saludan a señoras mayores que lloran de emoción. Desde entonces, el pueblo está impoluto. Tienen las calles más limpias que el salón de mi casa. No se os ocurra tirar un papel al suelo porque os miran mal tres generaciones de santirseños. El pueblo vive totalmente de cara al río Eo, que es su arteria vital. El río Eo es famoso mundialmente (bueno, en el mundo de la pesca) por la pesca del Salmón. Aquí, pescar un salmón es como ganar la Champions League. El "Campanu" (el primer salmón de la temporada en los ríos asturianos) se paga a precio de oro, y a veces a precio de riñón. Los pescadores se pasan horas, días, quietos en el río, esperando a que pique el rey del río. Paciencia asturiana en estado puro. En cuanto al patrimonio, destacan varias cosas curiosas. Tienen el Palacio del Condado de Altamira, que suena muy rimbombante y nobiliario, pero en realidad es una casona rural con torreón defensivo del siglo XVI, muy bonita. También veréis por el paisaje los llamados "cortinos", que son construcciones circulares de piedra seca en el monte. ¿Para qué sirven? Pues para proteger las colmenas de miel. ¿De quién? De los osos. Sí, amigos, aquí hay osos, y como a Winnie the Pooh, les encanta la miel. Así que los paisanos tuvieron que inventar fortificaciones para las abejas. También tienen una industria artesana tradicional muy potente: las navajas. No las de Albacete, ojo, sino navajas de Taramundi y de San Tirso. Son navajas hechas a mano, con mango de madera y hoja de acero que corta el aire. Tener una en el bolsillo es casi obligatorio si quieres ser un paisano de provecho. Y para los amantes del senderismo, por aquí pasaba un antiguo tren minero que iba desde las minas hasta el puerto de Ribadeo. Hoy día es una Vía Verde preciosa para caminar llano y sin cansarse mucho.
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