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Huerta de Rey, Burgos en La España Barbaciada. La anécdota del móvil perdido.

Huerta de Rey, Burgos en La España Barbaciada. La anécdota del móvil perdido.

HISTORIÓN CON UN PANADERO, UN FARMACÉUTICO Y UN MÓVIL PERDIDO. Arrancamos el Seat 131 Supermirafiori en la plaza de Atienza, con el freno de mano echando humo por la cuesta, y ponemos rumbo norte-noroeste. Vamos a dejar Castilla-La Mancha para adentrarnos en la profunda Castilla y León. Cruzamos el Parque Natural del Río Lobos (que es precioso, pero no paramos porque no hay bar) y tras unos 130 kilómetros de carretera nacional con sabor a torrezno, llegamos a la provincia de Burgos, concretamente a Huerta de Rey. ​Este municipio cuenta con unos 900 habitantes, lo que en términos barbaciados es una capital comarcal. Su gentilicio es huertaño o huertaña. ​Pero si por algo es famoso este pueblo, y esto no es broma, es por los nombres de sus habitantes. Olvidaos de los Josés, Marías y Antonios. Aquí la gente se llama Burgundófora, Filadelfo, Cancionila, Sinforosa o Walfrido. ¿Por qué? Pues porque a finales del siglo XIX, el cartero del pueblo estaba hasta el gorro de que todo el mundo se llamara igual y entregaba las cartas al voleo. Así que el secretario del ayuntamiento decidió coger el Martirologio Romano, abrirlo por la página que tocara, y ponerle al niño que naciera el nombre más raro que encontrara. Gracias a eso, Huerta de Rey tiene el Récord Guinness de nombres raros. — "¡Eusebia!" — "¡Que no, mamá, que yo soy Hierónides!" ​Geográficamente estamos en la Sierra de la Demanda, un sitio donde el invierno dura 13 meses. Hay pinos para aburrir y aire puro de ese que te corta los labios. ​Históricamente, por aquí pasaron (sorpresa) los romanos. De hecho, muy cerca está la ciudad romana de Clunia Sulpicia, que era la Nueva York de la época en la meseta, con su teatro y todo. También se dice que el Cid Campeador pasó por aquí camino del destierro, probablemente buscando a alguien que se llamara Gumersindo para pedirle agua. ​Su patrimonio destaca por la Plaza de Toros. Y diréis, ¿qué tiene de especial? Pues que está excavada parcialmente en la roca y tiene unos árboles en el tendido que dan una sombra maravillosa. Es una de las más antiguas y curiosas de España. También tienen la Iglesia de San Pelayo, gótica y renacentista, porque aquí no se casan con un solo estilo. ​Sus fiestas patronales son en octubre, por la Virgen del Rosario, pero lo más divertido es la Pingada del Mayo en primavera. Consiste en cortar un pino enorme en el monte, traerlo al pueblo tirado por bueyes (o tractores, que nos modernizamos) y levantarlo en la plaza a fuerza de brazos y gritos. Es como el CrossFit, pero con boina y bota de vino.

Zafarrancho Vilima

January 12, 202623m 7strailer

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HISTORIÓN CON UN PANADERO, UN FARMACÉUTICO Y UN MÓVIL PERDIDO. Arrancamos el Seat 131 Supermirafiori en la plaza de Atienza, con el freno de mano echando humo por la cuesta, y ponemos rumbo norte-noroeste. Vamos a dejar Castilla-La Mancha para adentrarnos en la profunda Castilla y León. Cruzamos el Parque Natural del Río Lobos (que es precioso, pero no paramos porque no hay bar) y tras unos 130 kilómetros de carretera nacional con sabor a torrezno, llegamos a la provincia de Burgos, concretamente a Huerta de Rey. ​Este municipio cuenta con unos 900 habitantes, lo que en términos barbaciados es una capital comarcal. Su gentilicio es huertaño o huertaña. ​Pero si por algo es famoso este pueblo, y esto no es broma, es por los nombres de sus habitantes. Olvidaos de los Josés, Marías y Antonios. Aquí la gente se llama Burgundófora, Filadelfo, Cancionila, Sinforosa o Walfrido. ¿Por qué? Pues porque a finales del siglo XIX, el cartero del pueblo estaba hasta el gorro de que todo el mundo se llamara igual y entregaba las cartas al voleo. Así que el secretario del ayuntamiento decidió coger el Martirologio Romano, abrirlo por la página que tocara, y ponerle al niño que naciera el nombre más raro que encontrara. Gracias a eso, Huerta de Rey tiene el Récord Guinness de nombres raros. — "¡Eusebia!" — "¡Que no, mamá, que yo soy Hierónides!" ​Geográficamente estamos en la Sierra de la Demanda, un sitio donde el invierno dura 13 meses. Hay pinos para aburrir y aire puro de ese que te corta los labios. ​Históricamente, por aquí pasaron (sorpresa) los romanos. De hecho, muy cerca está la ciudad romana de Clunia Sulpicia, que era la Nueva York de la época en la meseta, con su teatro y todo. También se dice que el Cid Campeador pasó por aquí camino del destierro, probablemente buscando a alguien que se llamara Gumersindo para pedirle agua. ​Su patrimonio destaca por la Plaza de Toros. Y diréis, ¿qué tiene de especial? Pues que está excavada parcialmente en la roca y tiene unos árboles en el tendido que dan una sombra maravillosa. Es una de las más antiguas y curiosas de España. También tienen la Iglesia de San Pelayo, gótica y renacentista, porque aquí no se casan con un solo estilo. ​Sus fiestas patronales son en octubre, por la Virgen del Rosario, pero lo más divertido es la Pingada del Mayo en primavera. Consiste en cortar un pino enorme en el monte, traerlo al pueblo tirado por bueyes (o tractores, que nos modernizamos) y levantarlo en la plaza a fuerza de brazos y gritos. Es como el CrossFit, pero con boina y bota de vino.

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