
Ampudia, Palencia en La España Barbaciada
Dejamos atrás a los Filadelfos y las Burgundóforas de Huerta de Rey, y nos subimos al Seat 131 Supermirafiori para poner rumbo oeste, cruzando la estepa castellana donde el frío te peina la raya al medio sin necesidad de gomina. Tras unos 140 kilómetros de carreteras secundarias y horizontes infinitos, llegamos a la localidad palentina de Ampudia. Estamos en plena Tierra de Campos, esa comarca que es tan plana que si te subes a una caja de frutas ves Portugal. Ampudia cuenta con unos 600 habitantes, y su gentilicio es ampudiano o ampudiana, que es sencillo y no da lugar a rimas peligrosas. Lo primero que llama la atención es que Ampudia tiene aspecto de haber sido importante, y es que lo fue. Aquí venía la Corte española cuando en Valladolid se aburrían, y el Duque de Lerma, que fue el inventor de la especulación inmobiliaria en el siglo XVII, movió los hilos para llevarse la capitalidad a Valladolid pasando por aquí, para trincar comisiones. Un pionero, el tío. El trazado urbano es una maravilla de soportal. Tienen la calle con portales más larga de la región. Esto se hacía para que los señores pudieran pasear sin mojarse cuando llovía, o para que no les diera el sol en la calva, que en Palencia el sol pega de justicia pero el aire corta el cutis. Pero si algo destaca en el horizonte es su castillo. El Castillo de Ampudia. Es un castillo de los de verdad, de los de Exin Castillos, gótico y señorial. Y ojo al dato, porque este castillo fue comprado en los años 60 por Eugenio Fontaneda. Sí, amigos, el de las galletas. El de la galleta María. Gracias a que el rey de la galleta se gastó los cuartos en restaurarlo, hoy no es un montón de piedras. Uno espera entrar allí y que huela a desayuno, pero lamentablemente huele a historia y humedad. Su otro gran monumento es la Colegiata de San Miguel, conocida como la "Giralda de Campos". Porque torre que ven alta en Castilla, torre a la que le ponen el mote de la Giralda. Tiene 63 metros de altura, y dicen que desde arriba se ve curvar la tierra, o al menos se ve al vecino de al lado tendiendo la ropa. Las fiestas patronales son en septiembre, por San Miguel. Y como no podía ser de otra manera en esta nuestra España Barbaciada, la actividad estrella son los encierros. Tienen fama de ser de los más antiguos de España, con documentos que hablan de toros por las calles ya en el siglo XV. 500 años corriendo delante de un bicho, y todavía no hemos aprendido.
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