
comenzando el tiempo del Adviento como camino de preparación para la celebración de la Navidad.
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En este domingo estamos comenzando el tiempo del Adviento como camino de
preparación para la celebración de la Navidad.
Por esta razón, la Palabra de Dios nos hace un llamado a la vigilancia, de modo que vivamos el Adviento, y toda la vida, como la gran oportunidad para preparar continuamente, el nacimiento de Jesús y de su Evangelio en nuestras personas, en la Iglesia y en el mundo.
Entonces, si no queremos caer en una “navidad mundana”, ¿cómo prepararnos en estos días de Adviento? ¿qué significa “velar”? ¿qué exigencias conlleva encarnar a Jesucristo en nuestra cultura? Veamos.
1. El nacimiento de Cristo en nuestras vidas
Hoy, el Evangelio nos coloca en el ambiente doméstico, donde corresponde a los siervos aguardar la llegada del amo de la casa, que no avisó a que hora regresaría: si al anochecer, a media noche, al canto del gallo o a la madrugada.
Y si no sabemos a qué hora nuestro amo tocará a nuestra puerta, tiene mucho sentido la recomendación de Jesús: “Permanezcan alerta” (Mc 13,37), pues Él podría llegar en cualquier momento.
Pero mucho cuidado, cuando Jesús habla del retorno del amo, no está pensando en la muerte individual de los creyentes, sino en su llegada a la vida de los discípulos.
Y aquí entra en juego la espiritualidad del tiempo del Adviento: si bien es cierto que evocamos el nacimiento de Jesús, según la carne, hace dos mil años, y que anhelamos su retorno al final de los tiempos, los creyentes celebramos estas dos dimensiones del Adviento, haciendo lo necesario para que Cristo nazca en el presente de nuestras vidas: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno