
¿Qué significa ser originario en América?
Karina Mariani Editoriales · karina mariani
October 14, 202016m 14s
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Show Notes
Cómo llegó la narrativa indigenista a los niveles de protagonismo actual? Una mezcla de interpretaciones maniqueas de los hechos históricos, una resemantización tergiversada de demandas, un anacronismo ideológico y mucha, mucha fantasía literaria han logrado que una de las formas más claras de supremacismo moderno se transforme en un ideal abrazado por el progresismo. El indigenismo determina a las personas definiéndolas por su raza, su línea sanguínea y su etnia. Difícil encontrar una visión de la humanidad más macabra y racista. El valor del individuo no es tal sino en función de la etnia a la cual pertenece, debiéndose como persona a lo que podríamos denominar (seamos creativos) dialéctica étnica plasmada en la lucha entre colonizadores/usurpadores y dominados/originarios. Esta relación sería inmanente: 5 siglos igual.
No es cierto que llevamos 5 siglos igual, y si vamos a ser honestos, el continente lleva ya más de dos siglos de independencia, digamos todo. Imbuidos del animismo más básico, desmembramos la estatua de Colón, para ver si con eso nos librabamos del pie opresor de la colonia como si en estos 500 años no hubiera pasado nada! Olvidamos que muchos países salidos del dominio colonial son prósperos, mientras nosotros, que llevamos dos siglos siendo los dueños de nuestro destino, somos incapaces de eliminar la corrupción, desarrollarnos y dejar de generar pobreza gobierno tras gobierno ¿Cómo hacer para mantener el relato de la opresión con este dato concluyente?
El supremacismo mapuche no difiere, en su filosofía, de otros movimientos similares. La dialéctica indigenista es integrista, proverbialmente unicultural y anticapitalista. No todo indigenismo es segregacionista, pero desde ya no responde a los parámetros occidentales de la democracia liberal. Se despegan del mundo moderno, demandando privilegios pero negando mayoritariamente los beneficios de la modernidad a sus hijos, cosa que coloca a las nuevas generaciones a tiro de un retroceso cultural que antagoniza con avances científicos y tecnológicos que pudieran interferir en sus visiones “ancestrales”.
La cuestión mapuche es la manifestación más escandalosa de esta filosofía y ciertamente la más acorde a la herencia del terrorismo marxista de la que hoy toman prestadas metodologías, dirigencia política y formas de financiación. Por eso es que no viene al caso discutir si los mapuches estaban o no antes de la constitución de la Nación Argentina. Tampoco viene a cuento de las demandas indigenistas, distinguir qué tribu masacró a otra, cuál anexionó a quién ni si los separatistas violentos de la nación mapuche vienen de Chile o del espacio exterior. Es más, resulta soberbiamente peligroso determinar la originariedad de unas u otras comunidades sin abrir de este modo las puertas a nuevos reclamos segregacionistas y dele pegarnos tiros en los pies. La cuestión acá es dejar de legitimar el indigenismo como víctima de nadie porque eso nos convierte a los no indígenas (vaya uno a saber cómo se determina eso) en victimarios y esa es la falacia a desmontar.