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Show Notes
Quienes toman las decisiones ni son responsables de su eficacia ni corren con los costos de esas decisiones. Sufrimos a un coro de expertos que vampirizan nuestras arcas para proponer medidas infundadas y perniciosas para llegar, al cabo de 8 meses, a ser de los países más castigados por la enfermedad. ¿Sobre quién recayó la consecuencia de su falsa prédica?
Ciertamente no sobre los amos. No van a cargar con el oprobio del error, es más, es posible que digan que no ha funcionado porque no se aplicó con suficiente intensidad o. cuando no, que culpen a la falta de presupuesto.
Conclusión, si nos alejamos un poco y ponemos en perspectiva este loquero, lo que existe es una subversión brutal de la relación entre el pueblo y su gobierno que, catalizado por la enfermedad, ha servido para que el miedo creara un entorno en el que nos creamos cualquier medida o predica por descabellada que parezca sin dudar.
La duda es una savia filosófica potente. Ojo a no confundir duda con relativismo, no se trata de que todo valga lo mismo, si no de la conservación de un escepticismo que tiene que ver con el pensamiento crítico. Gracias a la duda el pensamiento recibe impulso, porque cuestiona, indaga opciones, porque desarma dogmas. La duda amplió, históricamente, horizontes físicos y mentales. Para quienes desean controlarlo todo, la duda es enemiga. No hay mayor aliciente para buscar la verdad que albergar dudas, la filosofía esto lo sabe pero pareciera que la política no. Por eso los gobiernos parecen asumir no sólo que están en posesión de la verdad absoluta, si no que su trabajo consiste en preservar su verdad de los peligros de la duda.
¿Por qué liberamos a las medidas del gobierno del mecanismo de duda? ¿No es imperioso dudar cuando se multiplican las medidas ruinosas o exageradas? Una vez que aceptamos que las libertades pueden ser restringidas por nuestro bien, ahora cualquier barbaridad es un problema de salud pública. ¡Por eso puede un gobernador a su entera voluntad restringir los derechos humanos más básicos con la excusa de proteger la vida!
Esta farsa escala en la misma proporción en la que el poder político devora los poderes que deberían frenarlo, y dado que ha podido violar e imponerse a la Constitución, nada impide reiterar este escarnio jurídico con cada enfermedad infecciosa a futuro. Ya nos han mentido con la falta de camas, con los suministros donados, con las vacunas compradas, con las cantidades de tests, con la contabilidad de muertos. ¿Qué va a impedir que nos confinen a futuro como les apetezca?