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Contra la servidumbre voluntaria

Contra la servidumbre voluntaria

Karina Mariani Editoriales · karina mariani

April 15, 202115m 11s

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Show Notes

Hacia 1548, cuando apenas cumplía 17 años, Étienne de La Boétie escribió: “Contra Uno” también titulado en otras ediciones como “El Discurso sobre la servidumbre voluntaria” libro que se publicó completo en 1576. El joven Étienne volcaba allí sus febriles críticas contra el absolutismo poniendo en duda la legitimidad de cualquier autoridad, obsesionado por las causas y las razones de la sumisión: “¿cómo podemos concebir que un pequeño número obligue a todos los demás ciudadanos a obedecer tan servilmente como ellos? De hecho, cualquier poder, incluso cuando se impone por primera vez por la fuerza de las armas, no puede dominar y explotar de manera sostenible una sociedad sin la colaboración, activa o resignada, de una parte significativa de sus miembros”. Su tesis consistía en que “La servidumbre es voluntaria y procede del consentimiento de aquellos sobre quienes se ejerce el poder”​. El Estado siempre va a utilizar las crisis para justificar y ampliar sus poderes, aún cuando sea fuente y origen de esas mismas crisis. Fomentan el pánico porque es el caldo de cultivo para que los esclavos, ehhhh... los ciudadanos, se muestren receptivos a entregar libertades, a aceptar restricciones. Tiene lógica que los políticos (que son los que manejan al Estado, que no es un dios, nunca está de más aclararlo) intenten consolidar la emergencia que justifica que gobiernen en la excepcionalidad. Es absoluta y terminalmente imposible que la política vaya a abandonar por su propia voluntad el estado de excepción, nadie se despide a sí mismo. ¿Cómo están avanzando? Hay una última actualización en la app del tirano 2.0, que está normalizando que el Estado nos diga cómo vivir dentro de nuestra casa, a cuántas personas invitar, hasta qué hora y a qué distancia permanecer. Y porque aceptamos que es una situación extraordinaria (manipulada desde el mismo Estado) es que la política se ha arrogado potestades extraordinarias sin que tengamos ya ni la pulsión de ponerles límite. En un año no fuimos capaces de evitar que lo excepcional se convierta en normal. Cuando el carcelero es quien considerabas tu amigo el tirano lo tiene fácil. El bazar político derivado de un sistema electoral augura un triste futuro. La pandemia debió haber servido para que los esclavos cayeran en la cuenta de lo esteril, ocioso y corrupto de la administración estatal y de la incondicional inoperancia de sus pomposos servicios. Pero un año después, las hordas de sometidos vuelven a calificar de egoístas e irresponsables a los que se oponen al toque de queda. En estos tiempos tan desolados, es bueno recordar el texto de La Boétie. El niño murió sin siquiera saber qué habría de ser publicado. Pero se opuso a la tiranía, dijo (aunque lo escucharon casi dos siglos después) NO. Nunca, en la historia de la humanidad, la opresión triunfó del todo, en los momentos del consenso más totalitario siempre hubo voces disidentes y a la postre fueron útiles. La lucha contra la pasividad de los esclavos, aunque sea solitaria, sirve. Porque es buena.