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EL ESPECTRO Y EL ASALTANTE DE CAMINOS - Daniel Defoe

EL ESPECTRO Y EL ASALTANTE DE CAMINOS - Daniel Defoe

Historia de Clio · iVoox

May 21, 20124m 0s

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Show Notes

Cuenta la historia que Hind, aquel afamado asaltante y proscripto, el de más renombre desde Robin Hood, encontróse frente a frente con un espectro camino a Stangate-Hole, donde solía robar y era famoso por sus múltiples atracos. El fantasma vestía un traje de ganadero local. Y dado que el diablo, como puede suponerse, conocía muy bien las guaridas de Hond, vino a la posada, tomó un cuarto, puso a resguardo su caballo y ordenó al posadero que le llevara la maleta a su habitación, puesto que le resultaba muy pesada. Cuado estuvo en el cuarto abrió el equipaje, tomó el dinero, que se hallaba distribuido en pequeños paquetes, colocó todo en dos o más bolsas que tendrían igual peso a cada lado del caballo, haciémdolas tan evidentes como le fue posible. Usualmente, las casas que dan hospedaje a los bandidos están llenas de espías que les informan de todo lo que pasa. Hind recibió noticias del dinero, vio al hombre, al caballo -al cual sabía que volvería a ver- y averiguó qué camino tomaría; lo encontró en Stangate-Hole, justo en el valle ubicado entre las dos colinas, y le dio la voz de alto para de inmediato pedirle la bolsa. El ganadero fingió sorprenderse, mostró pánico, se puso a temblar atemorizado y miserablemente dijo: -¡Soy un pobre hombre! ¡No tengo dinero! (El diablo demostró allí que si se presentaba la ocasión hasta podía llegar a decir la verdad). -¡Ah, perro! -dijo el ladrón-. ¿No tienes dinero? Vamos, aparta tu capa y dame esas dos bolsas que están a cada lado de la silla. ¿Dices que no tienes dinero y no puedes poner tus bolsas de un solo lado porque son demasiado pesadas? ¡Basta de protestas, o aquí mismo te despedazo! El pobre diablo gemía y lloriqueaba diciéndole que debía estar equivocado; que lo habría tomado por otro, porque él no tenía dinero. -¡Vamos, vamos! -dijo Hind-. ¡Ven conmigo! -tomó el caballo de las riendas y lo sacó fuera del camino, introduciéndolo en el espeso bosque del lugar, porque el asunto que trataban exigía demasiado tiempo como para quedarse a la vista. Una vez allí Hind ordenó: - ¡Vamos, señor ganadero! ¡Desmonta y dame ya las bolsas! -Hizo bajar al pobre hombre, cortó las riendas, la cincha, y abrió la alforja. Allí estaban las dos bolsas. -Aquí están, pesadas como siempre -dijo, arrojándolas al suelo. En seguida las cortó para abrirlas: en una encontró una cuerda y en la otra una pieza de latón con la forma exacta de una horca. El ganadero, detrás de él, exclamó: -¡He aquí tu destino, Hind! ¡Ten cuidado! Si Hind se sorprendió por lo que halló en las bolsas, más lo hizo al oír que el ganadero lo llamaba por su nombre, y como creyó que lo habría reconocido se volvió para matarlo. Pero cuando al volverse no vio nada más que un pobre caballo, cayó muerto de horror. Yo insinúo que a esa altura el único dinero que había allí era una moneda llamada en Escocia de catorce peniques y en Inglaterra de trece y medio. De donde cabe suponer que desde entonces y hasta ahora se dice que trece peniques y medio es el salario del verdugo.