
Audio is streamed directly from the publisher (ivoox.com) as published in their RSS feed. Play Podcasts does not host this file. Rights-holders can request removal through the copyright & takedown page.
Show Notes
El artículo 364. Tramas maestras (10) – La tentación se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.
Hoy continuamos la serie que nos va a llevar a analizar las 20 tramas maestras que propuso Ronald Tobias. Ya vimos las nueve primeras tramas de búsqueda, aventuras, persecución, rescate, huida, venganza, enigma, rivalidad y el desvalido, continuamos con la trama de la tentación.
Pero antes os recuerdo que en la plataforma de cursosdeguion.com podéis aprender todo lo necesario para escribir guiones y convertiros en guionistas. Tenemos cursos que enseñan a escribir cortos, largos, series, webseries, documentales, cómics… 60 cursos a día de hoy y cada semana salen tres clases nuevas.
Hoy continuamos con el curso de Creación de Sitcom. Veremos en qué consiste este formato y cómo crear una serie teniendo en cuenta la estructura, los personajes, las tramas… En el cuarto vídeo veremos cuáles son las tramas más utilizadas en una sitcom.
Y el sábado continuamos con el curso de Tips de construcción de escenas, en el que vemos una serie de herramientas y consejos para resolver problemas de bloqueo creativo y mejorar la escritura en distintas fases de la estructura del guion. La clase del sábado va dedicada a un recurso que puede nublar nuestra vista en la creación de un guion: la fascinación.
Las tramas maestras de Roland Tobias
Continuamos con la propuesta de Ronald Tobias sobre las 20 tramas maestras de su libro El Guion y la trama. Fundamentos de la escritura dramática audiovisual.
Ya analizamos la trama de búsqueda, la trama de aventura, la trama de persecución, la trama de rescate, la trama de huida, la trama de venganza, la trama del enigma, la trama de rivalidad y la trama del desvalido; hoy pasamos a la trama de la tentación.
La trama de La tentación
Ser tentado es ser inducido u obligado a hacer algo equivocado, inmoral o estúpido. La vida, días, nos presenta oportunidades para ser estúpidos, inmorales o tomar la decisión equivocada. Nadie puede arreglárselas para transitar por la vida sin ser tentado por algo o por alguien.
Nuestros ejemplos comienzan en el Jardín del Edén (conocemos el precio que pagarán Adán y Eva por no resistir a la tentación) y prosiguen hasta nuestros días, tanto para los ricos y poderosos como para los pobres y desvalidos. Considera como un signo de fuerza y disciplina el resistir a la tentación. Pero esto no es algo que tengamos una o dos veces a lo largo de la vida; debemos luchar contra ella diariamente.
¿Quién no ha rechazado la tentación de hacer algo que sabía que no debería hacer? Quizá se consideró un asunto menor, como intentar resistirse a un suculento postre el día que comenzaba una dieta. O tal vez se especifique algo inmoral, como rechazar el tener una relación amorosa con alguien casado. O quizás era algo ilegal, como el deseo de apoderarse del dinero de tu empresa.
La historia de la tentación es la historia de la fragilidad humana. Si el pecar es humano, es humano ceder a la tentación. Pero nuestro código de conducta ha establecido un precio por sucumbir a la tentación. El castigo abarca desde el complejo de culpa hasta la cárcel a perpetuidad. Cuando se sufre una tentación, hay varias fuerzas en conflicto en nuestro interior. Una parte de nosotros desea correr el riesgo y evaluar lo que consideramos un beneficio. Nos convencemos de que no seremos atrapados.
Otra parte de nosotros se horroriza. Esa parte sabe que lo que nos proponemos es un error, y resiste el poderoso impulso de actuar con cautela rechazando cada párrafo, frase, coma y punto del código moral que hemos aprendido en nuestra vida social.
La batalla se desata: sí y no; los pros y los contras, por qué y por qué no. Esto es un conflicto, y crea la tensión. Hay una enorme distancia entre saber qué hacer y hacerlo realmente. No es difícil ver cuán fundamental es esta trama para la naturaleza humana. Es quizás más complicado darse cuenta de que la tentación, de entre todas las tramas, es quizás la más vinculada con la religión.
La literatura muestra numerosísimos ejemplos. Bruno Bettlelheim señala que la mayoría de los cuentos de hadas fueron creados en un momento en el que la religión era el elemento más importante de la vida; por lo tanto, muchos de esos cuentos tienen una temática religiosa.
Un cuento especialmente bello, aunque casi desconocido, escrito por los hermanos Grimm es «La niña de Nuestra Señora», un cuento moral sobre la tentación. «En un lugar recóndito de un gran bosque vivía un leñador con su esposa. Tenían una niña, una pequeña que contaba tres años … », comienza el relato. Los tiempos son tan difíciles que el leñador apenas puede sustentar a su mujer y a su hija. Apiadándose de ellos, la Virgen María se le aparece al padre portando una corona de relucientes estrellas y se ofrece a cuidar de la niña. El padre no tiene otra solución para que la niña sobreviva y acepta el ofrecimiento.
Estructura
En la primera fase dramática, queda planteada la naturaleza de la tentación y el protagonista sucumbe ante esta. Como en este relato, el protagonista lucha y se resiste, pero finalmente se rinde. Puede también racionalizar su conducta para de este modo hallar una manera sencilla de conciliar las fuerzas que se oponen en su interior. A menudo, se produce un período de rechazo tras el acto de ceder a la tentación.
En «La niña de Nuestra Señora», María conduce a la niña al cielo, donde crece en la gran mansión de la Virgen comiendo pasteles de azúcar y bebiendo leche dulce. Un día, cuando la niña tiene ya catorce años, la Virgen ha de hacer un largo viaje y la entrega a la niña las llaves de las trece puertas del cielo. Le dice que puede abrir la puerta que quiera excepto la última. No debe abrir esa puerta. La niña promete obedecer.
No hay que esforzarse demasiado en adivinar qué sucederá. Al principio, la niña se porta bien. Se interna por cada una de las doce moradas del reino celestial. «En cada una de ellas se sentaba uno de los doce apóstoles en medio de una intensa luz, y ella se regocijaba por toda la magnificencia y esplendor …». Una gran ansia de conocer se apodera de ella. «No abrir completamente», explica su conducta a los ángeles, «y no entrar, sino abrir la puerta para que podamos ver un poco a través del quicio de la puerta».
No, no, aconsejan los ángeles, eso sería un pecado. Eso provocaría una gran desdicha. El deseo se convierte en una obsesión, y cuando la niña se queda sola cree que si echa un vistazo dentro de nadie lo sabrá. Y eso es lo que hace. Tras la puerta contempla la Santísima Trinidad en toda su gloria y esplendor. Observa con arrobo el espectáculo y acerca la mano para tocar la luz.
Cuando su dedo toca la luz queda convertido en oro. Se siente sobrecogida por un temor terrible y repentino. Intenta lavar su dedo dorado, pero es en vano. La Virgen vuelve a casa y sospecha de inmediato que la niña ha violado su promesa. Pregunta a la niña, pero esta intenta disimular su falta mintiendo. La Virgen pregunta de nuevo y de nuevo la niña miente.
Al final, la pregunta por tercera vez y la niña todavía lo niega. La Virgen expulsa del cielo a la niña y la devuelve a la tierra convertida en una muda.
En la segunda fase dramática, el protagonista debe sufrir los efectos de su decisión. Puede continuar rechazando la verdad, intentando hallar una forma de evitar los castigos que con seguridad le caerán encima. La chiquilla de «La niña de Nuestra Señora» ha agravado su pecado. No solo ha desobedecido a la Virgen, sino que ha mentido tercamente incluso cuando la Virgen le ha dado sobradas ocasiones para arrepentirse. La niña está de nuevo en el mundo, desnuda y carente de habla en mitad del desierto. Vive como un animal, comiendo moras y raíces y durmiendo en un árbol hueco.
Después de algunos años, un rey encuentra a la niña salvaje y se enamora de ella, aunque no sepa hablar. Se la lleva a su castillo y se casa con ella. Ella le da un hijo. De improviso, la Virgen se le aparece y le ofrece llevarla de nuevo al cielo si se confiesa. Si sigue negando su pecado, se llevará a su hijo. La reina se niega a confesarse. La Virgen se lleva al pequeño.
Se extiende por el reino el rumor de que la reina es una caníbal que se ha comido a su hijo. Pero el rey quiere tanto que no presta oídos a estas murmuraciones.
Ella da a luz otro hijo, y la Virgen aparece de nuevo con la misma proposición. La reina se obstina en no confesar su falta. La Virgen se lleva al segundo hijo. Las gentes del reino acusan a la reina del canibalismo; los consejeros del rey exigen que sea juzgada; pero el rey se niega a creer que su mujer sea capaz de tal cosa.
Finalmente le da al rey un tercer niño. La Virgen se aparece, pero en esta ocasión conduce a la reina al cielo, donde hay otros dos hijos. «~~ No se ablanda tu corazón?», Le pregunta. «Si admites que abriste la puerta prohibida, te devolveré a tus dos pequeños». La reina se niega, y la Virgen se queda con el tercer niño. Esto es más de lo que el rey puede aguantar.
Los efectos de la tentación en la primera fase dramática tienen eco durante la segunda fase. El protagonista trata de afrontar los efectos de su conducta, pero, como resulta habitual en los cuentos morales, cuanto más intenta liberarse de la carga de su pecado, más opresivo resulta este. Por último alcanza un punto en el que se hace insoportable.
La tercera fase dramática resuelve estos conflictos internos. Todo se precipita en una crisis; La situación se hace intolerable. En «La niña de Nuestra Señora», la protagonista no solo debe afrontar su expulsión del paraíso y sufrir el castigo de vagar errante y permanecer muda, sino que, puesto que sigue negándose a reconocer su pecado, debe afrontar la pérdida del hombre que la ama y la ira del pueblo que cree que ella ha asesinado a sus hijos. Es una especie de efecto de bola de nieve.
En la tercera fase dramática, el pueblo se levanta contra la reina, exigiendo que sea juzgada por haber devorado a sus hijos. El rey no puede ya apaciguar a sus consejeros, quienes condenan a su esposa a ser quemada en la hoguera. La reina es conducida al cadalso y la leña es apilada a sus pies. Entonces la reina tiene un arrepentimiento «Si solo pudiera confesar antes de morir que abrí la puerta», se lamenta. Súbitamente, recupera el habla y es perdonada.
Hay que hacer notar que en «La niña de Nuestra Señora» no existe un antagonista, a no ser que se trate de la niña misma debatiéndose entre dos estados morales, uno de ellos representando a la protagonista (la chica «buena») y la otra a la antagonista (la chica «mala»).
Pero muchos relatos poseen un antagonista mucho más concreto, como Atracción Fatal, en donde la otra mujer es la tentadora y la causante del desastre. En el Jardín del Edén la serpiente es la antagonista; en muchas otras historias es el mismo satán, en cualquiera de sus numerosas encarnaciones.
Quizá la historia literaria más importante acerca de la tentación sea la del Doctor Fausto, figura legendaria y protagonista de diversas obras literarias, como la obra teatral de Goethe, la novela de Thomas Mann y las óperas de Boito, Busoni y Gounod. Fausto es en realidad el pretexto de una apuesta entre Dios y el diablo, Mefistófeles. Dios piensa que su siervo Fausto está por encima de la tentación, pero Mefistófeles apuesta a que Fausto puede ser de hecho tentado y propone a Fausto un trato para apartarlo de su fiel servicio a Dios.
Fausto está de acuerdo, pero solo si experimenta algo en la vida tan profundo que desearía que nunca acabara. Mefistófeles intenta algunos trucos baratos con mujeres, pero no funcionan. Lo intenta de nuevo devolviendo a Fausto su juventud y presentándole a la joven y encantadora Gretchen.
Él se siente tentado, pero su romance acaba en tragedia, con la muerte del hermano de Gretchen, de sus hijos y de la propia Gretchen. Mefistófeles ha de subir la apuesta. En lugar de una terrenal Gretchen, hace aparecer a una intemporal Helena, la mujer más hermosa que ha existido. De nuevo Fausto es tentado, pero sabiendo que la belleza es algo pasajero, rechaza a Helena.
Habiendo resistido a Mefistófeles, Fausto desea ser un individuo emprendedor y acomete un proyecto de mejora de tierras, y es aquí donde finalmente Mefistófeles gana la apuesta. Cuando Fausto contempla todo el bien que ha hecho a lo largo de los años desarrollando un vasto territorio habitado por gentes que se muestran felices de vivir allí, Fausto desea que ese momento nunca acabe. La ironía está en que Fausto no cede a los motivos humanos básicos como la lujuria o la codicia. Solo sucumbe por conseguir el mayor bien para la raza humana. Ha cometido algunas equivocaciones trágicas en el curso de su vida, pero nunca ha olvidado la diferencia entre el bien y el mal. Mefistófeles vence por la letra del contrato, pero no por el espíritu.
El diablo, al insistir en el rigor de los detalles del contrato, reclama el alma de Fausto. Pero Dios intercede y los ángeles le llevan al cielo. El relato de Fausto sigue las mismas tres fases dramáticas que «La niña de Nuestra Señora». La diferencia está en que la continua tentación a la que se ve sometido Fausto contrasta con otros relatos, en los que el protagonista cede a la tentación en la primera fase. Fausto no sucumbe hasta la tercera fase. Pero aun así, tiene que pagar un enorme precio emocional con Gretchen, con Helena y con la constante necesidad del demonio de convencerle.
No hay que sucumbir a…
Si se desea escribir acerca de la tentación, hay que pensar en la falta que el personaje ha de cometer. ¿Cuál será la ganancia? ¿Cuál será la pérdida? ¿Qué precio ha de pagar el personaje por sucumbir a la tentación? El precio es uno de los factores más importantes en esta trama.
Esto hace que esta trama sea más moral que la mayoría, ya que conlleva una moraleja acerca del precio de ceder a la tentación. En muchos casos, esta trama elabora parábolas acerca del comportamiento. No hay que centrar la trama de forma exclusiva en la tentación y en el precio que hay que pagar por ceder a ella.
Centra el relato en el personaje que sucumbe a la tentación. Describimos la lucha interior que se agita dentro del personaje. ¿Se siente culpable? Si es así, ¿cómo se manifiesta esa culpabilidad en la conducta y acciones del personaje? ¿Se siente airado? ¿Cómo se expresa esa ira?
La tentación puede mostrar un amplio abanico de emociones en el personaje. No se debe elaborar un personaje que solo sea capaz de ejecutar una única nota emocional. El personaje probablemente atravesará por diversos estados emocionales. La consecuencia de todo ese torbellino será una realización personal. Llegará a ciertas conclusiones tras haber cedido a la tentación. ¿Qué lecciones ha aprendido y cómo ha madurado el personaje (si es que lo ha hecho)? No olvidemos examinar el efecto de la tentación en el personaje.
Resumen
- Ésta es una trama de personajes: en ella se examinan las motivaciones, necesidades e impulsos de un personaje.
- Esta trama ha de depender en gran parte de la moral y de los efectos de sucumbir a la tentación. Hacia el final de la historia, el protagonista debe haberse desplazado desde un plano moral inferior (en el que se entrega a la tentación) a un plano moral superior como resultado de las, en ocasiones severas, enseñanzas derivadas de sucumbir a la tentación.
- El conflicto de esta trama ha de ser interior y ocurrir dentro del protagonista, aunque posea manifestaciones exteriores en la acción. El conflicto debe extraerse del torbellino interior del protagonista como consecuencia de que él sabe qué debe hacer y no lo hace.
- La primera fase dramática debe establecer en primer lugar la naturaleza del protagonista, y después la del antagonista (si es que hay uno).
- A continuación se introduce la naturaleza de la tentación, se establece el efecto que causa sobre el protagonista y se muestra cómo lucha el protagonista para tomar una decisión.
- Entonces, el protagonista se rinde a la tentación. Debe haber una satisfacción breve e inmediata.
- A menudo el protagonista buscará coartadas racionales a su decisión de sucumbir a la tentación.
- El protagonista puede atravesar por un periodo de descreimiento después de haber cedido a la tentación.
- La segunda fase dramática debe reflejar los efectos de haber cedido a la tentación. Los beneficios conseguidos se malogran y los aspectos negativos hacen su aparición. El haber tomado la decisión equivocada comienza a pasar factura.
- El protagonista debe buscar una forma de evadir la responsabilidad y el castigo derivados de su acto.
- Los efectos negativos de las acciones del protagonista deben resonar con creciente intensidad en la segunda fase dramática.
- La tercera fase dramática debe resolver los conflictos internos del protagonista. La historia termina con expiación, reconciliación y perdón.
Y así terminamos el podcast de hoy en el que hemos analizado una de las tramas maestras de Ronald Tobias: la trama de la tentación. Si os ha sido útil, agradecería comentarios y valoraciones en Itunes, Ivoox, Youtube o Spotify. O que compartáis este podcast por redes sociales. Y por supuesto agradecer a los que os suscribís a los cursos de Guion o contratáis las consultorías y mentorías que ayudáis a que el podcast se mantenga. Estaremos juntos los martes y jueves con nuevas técnicas, estrategias y análisis para que aprendamos entre todos a ser mejores guionistas.
El artículo 364. Tramas maestras (10) – La tentación se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.