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Show Notes
Nuestra filiación como hijos de Dios y nuestra fraternidad como hermanos son los dos ejes del proyecto de amor y salvación de Dios. Entrar en ese proyecto implica vivir como hijos de Dios, renovar día a día nuestra filiación e, igualmente, vivir fraternalmente, mirando a cada persona como hermana y tratándola como tal.
El proyecto de Dios tiene un adversario: Satanás, el diablo, nombre que significa “el que divide”. Este domingo leemos en el evangelio el relato de las tentaciones por las que Jesús pasó. El maligno, el que siembra división, va a intentar inútilmente quebrar el vínculo filial de Jesús con su Padre Dios lo que, al mismo tiempo, quebraría la relación con los hombres y mujeres de los que el Hijo de Dios, por su encarnación, se ha hecho hermano.
Mi reflexión sobre el Evangelio de este Primer Domingo de Cuaresma, ciclo C, 10 de marzo de 2019.
+ Heriberto, Obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres, Uruguay)