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Teoría del deseo - Carlos Pérez Soto (Clásico Marx clase 5 A)

Teoría del deseo - Carlos Pérez Soto (Clásico Marx clase 5 A)

EduBerlin · Eduberlin

October 30, 20171h 32m

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Show Notes

La Economía Política marxista está fundada en la idea de valor de cambio y la teoría del valor-trabajo desde la que surge. En esta sección especificaré en qué consisten estas nociones, y algunas consecuencias que me parecen relevantes para explicar las críticas que hace Marx a la explotación capitalista. Sobre la esencia histórica del valor en general propongo una concepción radicalmente antinaturalista y antiutilitarista en la sección 1 del Capítulo V. Aquí daré por supuesto ese fundamento, para concentrarme sólo en la crítica económica misma y en sus efectos más políticos. Las sociedades humanas hasta hoy han intercambiado objetos con cualidades materiales, funciones y utilidades muy diversas (una oveja por un saco de trigo, dos cabezas de ganado por una esposa, una porción de terreno por un juramento de fidelidad) haciéndolas equivalentes a través de ficciones de equivalencia[6] establecidas social e históricamente. En rigor ningún objeto que se intercambie, y adquiera por esto el carácter de mercancía, tiene un valor equivalente a otro que no sea idéntico a él mismo. No hay ningún sistema que permita establecer tales equivalencias de manera natural, objetiva, exterior a la historia humana. El valor de cualquier objeto es, por sí mismo, simplemente inconmensurable con el valor de otro. Marx aclaró y desarrolló la teoría que establece como ocurre y qué características tiene la ficción de equivalencia que ha regido históricamente en el mercado capitalista. La idea, que proviene de Adam Smith y llegó a Marx a través de David Ricardo, es que el valor de cambio, es decir, el valor de un bien en el mercado capitalista, está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo. Esta afirmación es lo que clásicamente se llama “teoría del valor-trabajo”. La clave de este mecanismo está en una extraordinaria abstracción, que se ejerce de hecho, socialmente, sin que nadie tenga consciencia explícita de su operación. Las múltiples y diversas cualidades reales de una mercancía se abstraen, y se reducen a algo que es en principio una simple cantidad: un lapso de tiempo. Por supuesto una misma mercancía (un lápiz, una oveja) se puede producir de diversas maneras, cada una de las cuales implique distintos lapsos de tiempo en su acabamiento. Esto ocurre esencialmente porque puede ser producida a través de diversos medios técnicos (herramientas, máquinas), por personas que tengan distinto grado de destreza. Esos diversos lapsos de tiempo deben ser considerados para obtener un tiempo socialmente necesario. Pero el uso de esas diversas técnicas puede tener diversa incidencia social: con una, digamos, la más rápida y productiva se produce un 20% del total producido en un momento dado, con otra, más lenta, se produce el 80%. Con esto la expresión “tiempo de trabajo socialmente necesario”, entonces, refiere más bien a una ponderación de los diversos ritmos e incidencias, que permiten y tienen de hecho las diversas técnicas. Esto hace que el valor de cambio así establecido vaya modificándose con el progreso de la técnica, o los cambios en la incidencia social de las técnicas usadas. Una consecuencia extraordinariamente importante de esto, como he sostenido ya en la sección anterior, es que el valor de cambio es en realidad una variable histórica, que se puede establecer haciendo una ponderación estadística de esas variaciones, a lo largo del tiempo, y a través de todo un rubro de producción de objetos concretos, y que cada producto particular en ese rubro, cada ejemplar individual, puede estar por sobre o por debajo de ese resultado ponderado.