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Show Notes
Rudolf Otto (1869-1937)
Las ortodoxias de las grandes religiones de la historia se se han decantado tradicionalmente por no respetar el carácter irracional de su objeto, racionalizando la idea de Dios. La idea de Dios debía ser acotada estrictamente por una serie de predicados racionales, pensados como absolutos, sumos y perfectos. Con ello se posibilita la definición estricta de qué es y qué no es Dios. Se aseguran el control de la idea de Dios. Es más, el súmmum de la religión es que pueda a dar a su feligresía todo un repertorio impresionante de conceptos y conocimientos objetivos de lo suprasensible.
En estas ortodoxias, el elemento racional ocupa el primer plano. Para Rudolf Otto (1869-1937), esta perspectiva resulta una visión parcial e incorrecta de la idea de Dios. Lo racional de lo divino es aquello que entra en la compresión de los conceptos. Pero no todo se engloba en esa esfera de claridad. Existen a la vez elementos que no pasan a ser conceptos pero que existen igualmente: eso es lo irracional de lo divino: los elementos que no se dejan iluminar por la inteligencia comprensiva y que permanecen en la experiencia pura sentimental. Es importante entonces, para comprender por completo lo divino, intentar acercarnos primero a los elementos irracionales.
La categoría que mejor explica la esfera religiosa es lo santo. Su complejidad es evidente, más aún cuando el elemento específico que lo conforma es su inefabilidad, lo árreton: lo que es completamente inaccesible a la comprensión por conceptos. Así que lo santo es y será siempre una incógnita para la razón. A lo máximo a lo que podemos llegar, según Otto, es a suscitarlo, sugerirlo, despertarlo.
Lo irracional preserva a la religión de convertirse en puro racionalismo; y lo racional la preserva de descender al fanatismo. La coexistencia de ambos estados la habilitan como una religión culta y humana. La existencia de ambas especies de elementos forma una bella armonía y constituye, para Otto, el criterio que sirve para medir la superioridad de una religión.
Texto de Javier Benítez