
Isadora Duncan: El cuerpo como fiesta para el amor y el arte
Devenir · Devenir
September 28, 20221h 54m
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Show Notes
¿Esta vez a quién les invito que traigamos del pasado para que con su vida y su obra podamos reflexionar sobre lo que nosotros somos y sobre lo que podrían ser nuevas formas y valores para nuestra vida? ¿A quién convocar este próximo martes para que nos hable de su existencia, con sus logros y derrotas, sus sueños y frustraciones, sus virtudes y miserias, sus creaciones y repeticiones, brindándonos así la posibilidad de pensar, a la vez, en la nuestra? Será una mujer fascinante por la fuerza de su pasión, por la autenticidad de su compromiso vital, por la valentía con la que asumió su propósito de ser una mujer libre, incluso por el coraje con el que asimiló los fracasos con los que el destino nunca dejó de fustigarla. Su nombre: Isadora Duncan, la inmensa bailarina norteamericana inventora de la danza moderna. Isadora, la siempre cautivante y conmovedora Isadora, huracán de mujer en todos los sentidos de la palabra, capaz de arriesgarlo todo por un momento de éxtasis vital, rebelde llena de causas, en fin, Isadora, con algo de Virginia Woolf, de Margarite Yourcenar, de Lou Andrés Salomé, de Simone de Beauvoir y con mucho exclusivamente de ella, no sólo “bailó la libertad de la mujer”, sino que, a nombre de su intensa e indeclinable pasión por vivir, interrogó en forma activa todas las instituciones y prácticas en que se desenvuelve nuestra existencia: el amor, la feminidad, el matrimonio, la maternidad , el capitalismo, el dinero, la educación, la sexualidad, la patria, el devenir mercancía del arte, la muerte y muchas más, pero todas ellas gravitando en torno a lo que fue el eje de su vida toda: el cuerpo, ese prodigio en que somos por un efímero tiempo, que nos depara el enigmático goce de la sexualidad, que es lenguaje de nuestro ser y en el que se consumará nuestra muerte, ese cuerpo que puede ser libertad o prisión, dicha o dolor, deseo o rechazo, canto o gemido, que baila o renquea, en el que nos hacemos y nos deshacemos, ese cuerpo que es principio y fin de nuestra aventura, ese cuerpo, clave del ser humano, fue el privilegiado objeto de Isadora que no cejó nunca en cultivarlo a la espera de las dos alegrías supremas que nos puede regalar: la vivencia artística y el éxtasis del amor.
Carlos Mario González Profesor de la Universidad Nacional