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Show Notes
Fragmentos de un evangelio apócrifo... un ejercicio estilístico o de imitación, un pastiche que retoma el fraseo religioso de los textos sagrados para conformar una lista de 48 versículos, comenzando en el número 3 (un recurso que alude a la incompletud para reforzar la idea de lo apócrifo).
3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.
4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.
5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.
6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.
7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.
8. Feliz el que perdona, a los otros y el que se perdona a sí mismo.
9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.
[...]
Para quien esté familiarizado con los Evangelios, de inmediato el tono de las sentencias hace recordar el llamado “Sermón de la Montaña”, ese discurso de Jesús que recogen Mateo y Lucas y el cual, en términos generales, ofrece esperanza de recompensa a los bondadosos pero sobre todo a los desgraciados, los sufrientes: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.
Borges escribe algo que nos suena parecido. Utilizando las palabras correctas —los clichés del discurso religioso, podríamos decir—, construye un texto que guarda semejanza con algo que creemos haber leído o escuchado. Ahí están las palabras “desdichado” y “dichosos”, las fórmulas, la cadencia, incluso el tono magisterial y de adoctrinamiento.
Sólo que esa semejanza sólo es aparente y, por lo mismo, tramposa. Porque es Borges. Y porque alguien como Borges sería incapaz de escribir un catecismo...