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Cinismo de Diógenes: ¿Qué (no) necesitamos para alcanzar la felicidad?

Cinismo de Diógenes: ¿Qué (no) necesitamos para alcanzar la felicidad?

Devenir · Devenir

December 27, 202031m 29s

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Show Notes

El cinismo es una filosofía que se basa en acciones sencillas y prácticas. Diógenes de Sinope, su máximo representante, es el anti-filósofo por antonomasia: echaba pestes de la escuela de Euclides, se refería a los diálogos platónicos como una pérdida de tiempo, calificaba a los juegos atléticos como un espectáculo para estúpidos y dionisíacos y consideraba a los senadores como esclavos del populacho. La cuestión esencial es: ¿qué necesitamos realmente para ser felices? Y más importante aún, ¿qué no necesitamos? La secta cínica fue fundada por Antístenes: un discípulo de Sócrates que, lejos de adoptar la sobriedad temperamental que caracterizaba a su maestro, solía hacer acto de presencia en público cubierto con una mala capa, una frondosa barba y apoyado en un palo. Su carta de presentación era la frase “todo por la felicidad”: valor que constituye como la máxima fundamental de su pensamiento. Así pues, desechaba de lleno las comodidades de la vida, las riquezas, las condecoraciones, las artes, las ciencias, la reputación, la dignidad… En definitiva: todo aquello que el ávido persigue sin desenfreno. En contrapartida, el filósofo debe acomodarse en las leyes de la naturaleza para tomar decisiones acerca de qué objetos y personas merecen afección y cuáles no. Sin embargo, este último principio no tardó en caer en desuso entre sus sectarios, quienes optaron por deshacerse del vínculo emocional hacia lo externo. Conservando el rechazo a la opulencia en aras de alcanzar la dicha como precepto básico, el cinismo alcanza el súmum de su representación a través de Diógenes: el anti-filósofo por antonomasia. Dicho esto, el término cínico deriva del griego kyon (por su traducción, perro), a la par que Diógenes significa “hombre de Dios”. Por lo tanto, su pseudónimo Diógenes el Perro viene a decir “hombre divino que actúa como un perro”. Ante todo, el nativo de Sinope desestimó por completo la necesidad de emplear sistemas éticos expansivos, confusiones académicas y tratados filosóficos indescifrables. Un gran ejemplo de la sencillez conceptual que encarna su discurso se puede apreciar en un cuento que lo sitúa rodeado de varios filósofos, entre los cuales se encontraba Parménides. Con argumentos cuidadosamente confeccionados, los pensadores trataban de justificar que el movimiento no existe. La reacción de Diógenes no fue otra que levantarse e irse del lugar, demostrando así que se equivocaban rotundamente sin siquiera abrir su boca. De aquí, se puede extraer uno de los pilares esenciales del cinismo: la acción supera a la palabra. Sin incurrir en especulaciones metafísicas y contemplaciones abstractas, el mensaje del cínico pretende redirigir la atención humana hacia el aquí y el ahora. Es posible que él sea, muy por encima del resto de pensadores de la época, la pura personificación del ideal griego - la filosofía como forma de vida -, puesto que el proyecto de Diógenes se canonizó no con libros, sino acciones. He aquí la clave de su éxito: su pensamiento era fácilmente accesible para las masas, razón por la cual éste fue floreciendo paulatinamente en Grecia y Roma...